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Bruno Rodríguez tras regreso de los talibanes al poder: “EE.UU. no tiene derecho a regir el destino de Afganistán”

En línea con la argumentación clásica del régimen, Rodríguez subrayó el carácter “injerencista” de la política estadounidense en Afganistán y la calificó como un fracaso, extrapolando veladamente al caso de Cuba el resultado de políticas que supuestamente atentan contra la soberanía de los países.

Líderes talibanes y Bruno Rodríguez © Flickr / Daniel Moskowitz y Prensa Latina
Líderes talibanes y Bruno Rodríguez Foto © Flickr / Daniel Moskowitz y Prensa Latina

Este artículo es de hace 2 años

El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, saludó la llegada de los talibanes al poder en Afganistán con un mensaje en el que culpó a Estados Unidos de una política errada que pretendió en vano regir el destino de la nación y de los afganos.

“Tuvieron que pasar 20 años con miles de muertes y billones de dólares en gastos para confirmarse que EEUU no tiene derecho a regir el destino de Afganistán ni de ningún país soberano”, aseguró el canciller vía Twitter.

En línea con la argumentación clásica del régimen, Rodríguez subrayó el carácter “injerencista” de la política estadounidense en Afganistán y la calificó como un fracaso, extrapolando veladamente al caso de Cuba el resultado de políticas que supuestamente atentan contra la soberanía de los países.

Responsabilizando a Estados Unidos de miles de muertes y billones de dólares gastados, Rodríguez celebró la supuesta confirmación de las tesis esgrimidas por la diplomacia cubana, acerca de la injerencia y el menosprecio a la soberanía de terceros países por parte de Estados Unidos.

La retirada de las tropas de EE.UU. de Afganistán era una decisión tomada desde la administración Trump, a la que Biden dio el visto bueno. Sin embargo, el vertiginoso desenlace de los acontecimientos sorprendió hasta la propia comunidad de inteligencia del país, que ha tenido que reconocer que no esperaban que los talibanes se hiciesen con el control del país tan rápidamente, y mucho menos ver las escenas de caos y desesperación que se han vivido en Kabul, especialmente en el aeropuerto Hamid Karzai de la capital.

“Las tropas estadounidenses no pueden, ni deben, luchar y morir en una guerra en la que las fuerzas afganas, en general, no están dispuestas a luchar y morir por sí mismas”, declaró el presidente Joe Biden en un tuit.

Este lunes, el presidente Biden defendió la decisión de su administración de retirar las fuerzas estadounidenses de Afganistán y poner fin a un conflicto que se ha extendido por más de dos décadas, asegurando que prefería aceptar las críticas a "traspasar esta responsabilidad a otro presidente más".

“Respaldo por completo mi decisión. Después de 20 años, he aprendido de la manera más dura que nunca habría un buen momento para retirar las tropas estadounidenses”, dijo Biden durante un discurso, luego del caos desatado en Kabul con la toma de la capital afgana por los talibanes el domingo.

“Ninguna fuerza militar va a resultar en un Afganistán seguro”, sostuvo. “No voy a engañar al pueblo estadounidense diciendo que con un poquito más de tiempo en Afganistán haríamos una diferencia”, agregó el presidente, cuestionado por aprobar la salida de las tropas de Afganistán.

Entrevistas con funcionarios y expertos estadounidenses, ponen de manifiesto los fracasos que paralizaron los esfuerzos de Estados Unidos para estabilizar Afganistán, según Reuters. Más de un billón de dólares y la muerte de más de 2.400 militares estadounidenses y decenas de miles de afganos (civiles muchos de ellos) resultan reveladores del esfuerzo estadounidense por estabilizar la región.

Sin embargo, nada de ello impidió que Afganistán llegara a superar su condición de Estado fallido ni, evidentemente, el retorno de los talibanes al poder. A pesar de ello, Estados Unidos y sus socios ayudaron a mejorar innumerables vidas en uno de los países más pobres del mundo, promoviendo los derechos de las mujeres y las niñas, apoyando a los medios de comunicación independientes y construyendo escuelas, hospitales y carreteras. Todo eso está ahora bajo amenaza.

Con la salida de las tropas estadounidenses y el control creciente de los talibanes sobre las instituciones y estructuras del poder en Afganistán, se abre un período de incertidumbre que los más pesimistas o realistas temen degenere en más violencia e inestabilidad, asociado a un repunte del terrorismo de grupos islamistas.

A pesar de sus constantes avisos de moderación en su vuelta a los mandos del país, los talibanes empiezan a dar muestras del comportamiento extremista que caracteriza a esta milicia fundamentalista.

Valedores de una cultura tribal marcadamente patriarcal y rural, los talibanes han perseguido, maltratado y esclavizados a las mujeres que no se pliegan a sus códigos, así como a los jóvenes moderados de ambos sexos. Estos segmentos de población son los que fundamentalmente ven ahora peligrar sus vidas y lamentan la vuelta de los talibanes.

Sin embargo, por el solo hecho de compartir la animadversión hacia Estados Unidos, el régimen cubano, por mediación de su canciller, saluda la llegada de los talibanes al poder, dejando a un lado las implicaciones para la población civil del país y extrapolando conclusiones sobre el fracaso de las políticas democratizadoras estadounidenses.

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