El padre Alberto Reyes Pías (Camagüey, 26 de mayo de 1967) ha concedido una entrevista a CiberCuba a través de un cuestionario que accedió a contestar en formato video, a pesar de las dificultades que entraña la comunicación por esta vía en la Isla. En esta conversación a distancia, de cerca de 27 minutos, el párroco de la zona de Esmeralda, defiende su apuesta por una transición pacífica en Cuba, le pide al régimen de Diaz-Canel que se vaya y deje a los cubanos recuperar su libertad y su país. También explica cómo enfrentar el miedo a la represión y a la indefensión aprendida y confiesa que teme un estallido violento en la Isla.
CiberCuba: Usted ha señalado que el régimen mantiene en Cuba el control a través del miedo y la mentira. ¿Cómo se puede acabar con ese miedo? ¿Qué papel debería jugar la Iglesia Católica en ese proceso de pérdida del miedo?
Lo más leído hoy:
Padre Alberto: El miedo no lo podemos terminar, no lo podemos acabar porque el miedo es algo espontáneo, es algo natural. Mientras el gobierno en Cuba siga siendo un gobierno represor con poder, habrá miedo. Por tanto, ¿qué hacer para que a la gente se le quite el miedo? Nada. ¿Qué es lo que podemos hacer? Actuar a pesar del miedo. Resistir pacíficamente. Manifestarnos pacíficamente a pesar del miedo. Y esto significa no participar en las cosas que apoyen al gobierno, aunque me dé miedo a las represalias. Y significa manifestarse, decir la verdad en todos los ambientes a pesar del miedo, de que eso pueda tener consecuencias. Pero yo creo que ese punto es importante. No se trata de quitarnos el miedo para actuar. Porque, repito, el miedo es espontáneo, es natural. Y en ese sentido no tenemos control sobre él. Sí podemos actuar a pesar del miedo.
El papel de la Iglesia en el manejo del miedo yo creo que está en primer lugar en ser capaz de predicar la verdad, de defender la verdad, de decir la verdad allí donde esté, desde el Evangelio. Y, sobre todo, en promover el encuentro de la persona con Jesucristo que nos lleva al encuentro con Dios Padre. Porque cuando una persona ancla su vida en Cristo, cuando una persona está convencida de la presencia de Dios Padre en su vida, esa persona experimenta una fuerza, una capacidad que le hace romper la parálisis. No necesariamente quita la sensación de miedo, pudiera, pero no necesariamente quita la sensación de miedo, porque vuelvo a repetir el miedo es natural, pero sí le permite a la persona romper la parálisis que provoca el miedo. Le permite a la persona enfrentar cualquier cosa. Es decir, la persona experimenta en sí esto que experimentaron los apóstoles cuando les prohibieron hablar de Jesucristo. Esa seguridad, esa fuerza con la que Pedro dice hay que obedecer primero a Dios que a los hombres y que pase lo que pase. Eso sólo se logra cuando uno tiene una seguridad de experiencia en Jesucristo. Por tanto, yo creo que cuando la iglesia promueve el encuentro personal con Cristo, está abriendo a la persona el camino de la libertad personal y de la defensa de la libertad social.
La ruptura de la familia como pilar de la sociedad ha convertido a Cuba en un país matriarcal en el que las mujeres, ya sean madres o abuelas, crían a sus hijos o nietos solas, casi siempre sin referentes masculinos, por tanto, niñas y niños son criados atendiendo a patrones de conducta femeninos, pero en Cuba resulta que las mujeres han demostrado con creces ser muy valientes. ¿Qué explicación tiene para este miedo nacional? ¿Cree que el miedo que hay a pie de calle también se nota en la Iglesia Católica?
A ver, el miedo en Cuba es muy explicable. Recordemos que esta revolución empezó encarcelando y empezó fusilando. Es decir, el primer mensaje de esta revolución es: "El que se oponga, lo encarcelo, lo fusilo". Vamos, si eso no genera miedo, qué otra cosa lo podría generar. Y hemos sido generaciones adoctrinadas en la indefensión aprendida, en ese convencimiento de que aquí no se puede hacer nada, de hecho la gente lo dice, esto no hay quien lo cambie, no se puede hacer nada. Lo cual no es verdad, pero si uno lo cree es como si fuera verdad. Y por otro lado, la represión en Cuba es continua, es brutal, es sin límites. El gobierno sabe y cada vez más está convencido, que ya ha perdido a este pueblo. Por tanto, no se puede permitir un desliz con este pueblo, cuando este pueblo sale a las calles a protestar, a reclamar sus derechos, inmediatamente se genera todo un mecanismo de represión, de detención, de cárcel y la gente se siente muy sola porque la sociedad civil cubana es una sociedad muy indefensa.
En Cuba no hay un estado de derecho. No hay leyes que protejan al ciudadano. Entonces entre la conciencia de la indefensión aprendida, entre la vulnerabilidad que tiene la sociedad cubana, que no hay quien te defienda y la represión que no juega, es muy seria, es sistemática, es muy dura, es muy normal que esto genere miedo, por eso no quiero ser repetitivo, pero vuelvo a decir el miedo en nosotros, en generaciones, no se nos va a quitar. Lo único que podemos hacer es entrenarnos en aprender a defender lo que queremos, a buscar lo que necesitamos, desde el miedo, a pesar del miedo, pasando por encima del miedo, que va a estar allí.
A ver, por supuesto que en la iglesia hay miedo, porque la iglesia está formada por el pueblo, laicos, sacerdotes, religiosas, obispos, somos parte de este pueblo. Hemos vivido lo mismo que este pueblo, vivimos lo mismo que este pueblo, y el hecho de entrar a la iglesia no hace que se evaporen los miedos. Queda la iglesia, queda el evangelio, queda el encuentro con Jesucristo, herramientas, para trabajar los miedos y crecer en libertad interior.
Pues esto es un proceso, y es un proceso largo y lento, y que cada persona tiene que hacer, es un proceso personal. Por tanto, ¿que en la Iglesia hay miedo? sí, a todo nivel, que puede ser menos en la medida que la persona, desde su experiencia de fe, haga ese proceso de libertad interior y se trabaje sus mecanismos para superar, para enfrentar los miedos.
Pero el hecho de pertenecer a la Iglesia no hace que ya ese proceso se dé automáticamente. Cada persona tiene que hacer un camino de libertad interior, para lo cual la Iglesia, el Evangelio, sí dan muchas herramientas.
Usted ha reconocido que el cambio en Cuba no llegará con actitudes pasivas. Cortada la vía de la emigración a Estados Unidos, qué actitudes cree usted que deben asumir los cubanos para que Cuba vuelva a ser un país en el que se pueda vivir y tener proyectos de futuro?
Yo creo que este proceso que llamamos revolución cubana ya dio todo lo que iba a dar a este país y ha demostrado en más de 65 años que ha sido incapaz de desarrollar un país, ha sido incapaz de ofrecer una vida, un futuro a sus ciudadanos, es incapaz de generar un ambiente de libertad, de alegría, de paz, de satisfacción. Yo creo que la historia ha demostrado que han fracasado como sistema. Han fracasado y lo más honesto que podrían hacer es dejar el poder, decir mira nosotros no pudimos hacer esto fallo, esto fracasó. Cuba no es un país desarrollado, Cuba no es un país feliz, Cuba no es un país libre, Cuba no es un país donde la gente siente que tiene un presente y un futuro. Nosotros nos vamos, eso es lo mejor, lo más honesto que podrían hacer.
Mientras no lo hagan, yo creo que la actitud nuestra tendría que ser por un lado no apoyar nada que sostenga este sistema, ni asistir a nada, ni apoyar nada, ni aplaudir nada que transmita el mensaje de que yo sostengo este sistema, porque entonces estamos ayudando a que esta agonía continúe y lo otro es crecer en esa libertad interior y ser capaces de expresar lo que sentimos, lo que queremos, lo que añoramos desde la casa hasta la sociedad. ¿Estoy queriendo decir que esto incluye también las manifestaciones pacíficas? Sí, sí estoy queriendo decir que esto incluye también salir a la calle a protestar en masa. Sí lo estoy diciendo, lo estoy diciendo porque es nuestro derecho y porque parece ser que sin algo así no van a cambiar las cosas.
Yo no estoy a favor de la violencia, no estaría nunca a favor de ningún acto violento pero salir a las calles, en masa, a protestar, a reclamar nuestros derechos, eso es lo que quiero decir como parte de lo que podemos hacer. Sí, eso lo estoy diciendo, lo estoy afirmando y yo sería el primero que si hubiera una manifestación me uniría a mi pueblo para pedir un cambio de sistema y la libertad que necesitamos
Me gustaría que valorara el pacto para liberar 553 presos políticos, supuestamente por el Jubileo, y que, según las ONG cercanas a las familias de los prisioneros de conciencia, no ha sido como se esperaba.
A ver, lo de la liberación de los presos políticos, bueno, de los presos en general, sabíamos que eran los políticos, sobre todo, pero se habló de la liberación de presos. Se presentó no tanto como una negociación, sino como un gesto de buena voluntad por el Jubileo. Yo creo que, en realidad, detrás de esto, estaba el pacto de que se sacara a Cuba de países patrocinadores del terrorismo. Y de hecho, en cuanto Cuba fue incluida otra vez en la lista de países patrocinadores del terrorismo, esto se suspendió. Por tanto, yo creo que, en realidad, es un juego del gobierno donde ha usado el elemento religioso, ha usado la cara de la iglesia, ha usado la excusa del jubileo, pero, en el fondo, yo creo que es todo un entramado político a otro nivel, con negociaciones a otro nivel que yo desconozco, sospecho pero desconozco, pero una negociación a otro nivel para canjear la libertad de los presos por ventajas que este gobierno busca y necesita. Y, por tanto, en cuanto se incluyó a Cuba otra vez en la lista de patrocinadores del terrorismo, la liberación de los presos terminó. Claro, uno dice, bueno, si era un gesto de buena voluntad por el Jubileo o si el Papa estaba detrás de esto, ¿qué pasó?, ¿dónde ha quedado eso? Es que, en realidad, eso nunca fue así. Hay un juego político mucho más profundo en el cual, en realidad, la Iglesia ha sido una excusa, no una contraparte.
¿Cómo se vive la fe cristiana en su parroquia? ¿Qué respuesta tiene usted para las dudas de sus feligreses, especialmente de los más jóvenes?
Ciertamente tiene unas respuestas de cara a las situaciones políticas, pero la fe va mucho más allá de la situación política, la fe es vida, la fe engloba toda la vida. ¿Cómo se vive la fe en mi parroquia? Pues ofreciendo todo lo que la fe puede dar a niños, adolescentes, a jóvenes, a matrimonios, a enfermos. Si hay muchísimas cosas que uno vive más allá de la situación política, los valores en los que uno va construyendo la vida, el modo de gestionar un matrimonio, la educación de los hijos, una familia, el modo de asumir el sufrimiento que atrae la enfermedad, los achaques, las situaciones complicadas de la vida, es decir, la fe va dando respuestas a todas las situaciones de la vida y en eso crecemos.
¿Qué siente cuando ve a esas personas mayores de Cuba revisando los basureros en busca de algo que comer? ¿Hay forma de que los cubanos puedan ayudarles a través de su parroquia?
El hecho de que haya personas que tengan que buscar comida en la basura, yo creo que es indicador no sólo de la precariedad de la vida en la Isla, de la necesidad espantosa, diría yo, de lo básico, sino también cómo esta situación ha llegado a tocar la dignidad de la persona, porque todo el mundo sabe que buscar comida en la basura es humillante, es muy humillante, y eso lo sabe la persona que lo hace porque no tiene otra posibilidad. Nadie se enorgullece de buscar comida en un basurero. Y cuando una persona se dedica a hacer eso es porque ya no puede más, ya no tiene otra opción, y eso es muy triste para una nación.
Y ciertamente sí hay muchos modos de ayudar. Bastaría coordinarse, pero en este momento, gracias a Dios, hay muchos modos de enviar comida, de enviar medicinas, hay muchos modos de ayudar, pero eso necesita ciertamente una coordinación.
Usted es de los pocos sacerdotes cubanos que critican abiertamente al régimen. En Nicaragua ha habido oleadas de detenciones de curas. ¿No teme que hagan lo mismo con usted? ¿Está preparado para el martirio?
A ver, yo en realidad no pienso ni en el martirio, ni en nada de lo que pueda pasar, porque mi foco no está allí. Mi foco no está en qué consecuencias puede tener mi actitud. ¿Qué cosas yo me digo? Bueno, primero que hay que vivir un día a la vez. Yo vivo un día a la vez, vivo mi hoy, y no voy a sufrir por una cosa que no ha llegado. No voy a gastarme neuronas y preocupándome, olvidando el presente por cosas que no sé si están en el futuro, no lo sé por tanto, yo vivo un día a la vez.
¿Qué otra cosa me digo? A mí que me pare la vida.
¿Qué otra cosa me digo? A mí que me pare la vida. Yo creo que lo importante es ser fiel a la propia conciencia, y en ese sentido hay un consejo que le doy a la gente, y siempre le digo es no te preguntes y te respondas. Tú pregúntate, te puedes preguntar todo lo que tú quieras, pero no te preguntes y te respondas. ¿Qué significa esto? Y entonces si yo digo o hago esto, y si pasa tal cosa, ahí seguro que pasa, o no, no, no, no, tú te puedes preguntar lo que tú quieras, pero que te responda la vida. A mí que me pare la vida, que me pare la vida, porque lo que sí es importante para mí es ser fiel a mi conciencia. Lo que sí es importante para mí es que lo que yo hago tenga sentido.
Esto es lo que a mí me importa, y por otro lado hay algo que yo digo e intento vivir profundamente, y es que la realidad es que todo tiene un precio. Hablar, decir la verdad, públicamente, puede tener un precio, pero callarse, ver la realidad y no decir nada, ver la necesidad de este pueblo, la falta de libertad de este pueblo, y no decir nada, y voltear la mirada. como si no pasara nada, eso tiene un precio y un precio demoledor, demoledor a un nivel interno, un nivel de conciencia. Entonces en mi vida yo no me pregunto nunca dónde hay un precio y dónde no hay un precio porque todo tiene un precio. Lo que yo me pregunto en la vida es qué precio me compensa, qué precio quiero asumir, qué precio estoy dispuesto a pagar y yo estoy dispuesto a pagar los precios que sean con tal de ser fiel a mi conciencia, con tal de ser fiel a lo que Dios creo que me pide, con tal de ser fiel a la verdad que Cristo me pide en el Evangelio que defiendan.
Además yo crecí escuchando que la iglesia es la voz de los que no tienen voz. Yo crecí escuchando que un sacerdote tiene que predicar con el Evangelio en una mano y con el periódico en la otra, con la realidad social en la otra. Yo crecí así. Y yo crecí en el seminario escuchándole a muchos sacerdotes decir, el sacerdocio tiene que ser profético. El sacerdote tiene que aprender a defender la verdad. Así me formaron. Así crecí yo en el seminario y en la iglesia. Yo no puedo ahora fingir que eso no está en mi ADN. Yo no puedo ahora decir que yo no tengo esto dentro de mi alma. Entonces, intento ser fiel a esto. Y si hay consecuencia, bueno, si llegan, las asumiremos.
A pesar de las amenazas y actos de repudio en su contra, ha decidido permanecer en Cuba. ¿Por qué lo hace? ¿No tiene miedo?
Yo estoy en Cuba, en primer lugar porque amo este lugar; amo este país, amo mi pueblo, amo mi gente. Yo he vivido fuera de Cuba dos veces. La primera vez, durante cuatro años cuando fui a estudiar Teología en Italia y después, cinco años cuando fui a estudiar Psicología en Madrid. Me fue muy bien. Lo disfruté mucho, pero siempre me acompañó una sensación muy profunda de que este no es mi sitio, este no es mi lugar. Las experiencias ambas fueron extraordinarias, muy buenas, pero en ningún momento sentí el impulso de decir: me quedo. Incluso en los momentos donde te das cuenta que podrías tener un ministerio sacerdotal allí, en esos lugares, muy productivo, muy eficaz, pero la sensación siempre fue muy profunda: este no es mi lugar y, además de eso yo creo que alguien tiene que quedarse con este pueblo, alguien tiene que acompañar a este pueblo, alguien tiene que sentarse a escuchar el sufrimiento de este pueblo, alguien tiene que alzar la voz por este pueblo, que no tiene voz. Yo lo he dicho, lo repito ahora y soy honesto cuando lo digo: yo me siento una voz que grita en el desierto. Muchas veces yo me siento una gota de agua en el océano. Yo no no creo en realidad que yo esté haciendo nada extraordinario. Creo que estoy haciendo lo que tengo que hacer, pero es precisamente eso, hacer lo que tengo que hacer, aquí, en medio de esta situación y de este pueblo que necesita que el pastor esté aquí y los acompañe desde aquí.
Yo me siento una voz que grita en el desierto. Muchas veces yo me siento una gota de agua en el océano
Muchos soñamos con una transición pacífica a la española en Cuba, pero altos funcionarios del Gobierno de Estados Unidos no descartan una intervención militar quirúrgica en Cuba, como ocurrió en Siria en 2017, tras el ataque del régimen de Al Asad a la población civil con armas químicas. ¿Cómo cree usted que debería ser la transición hacia la democracia en la Isla?
Yo también quiero, pido, suplico, deseo una transición pacífica. Es lo mejor que nos podría suceder. Creo que una transición tiene que venir. Tiene que venir por muchas razones. Somos un país atascado, somos un país trabado en el tiempo. Somos un país donde el sistema imperante ya no tiene nada que ofrecer, mas que mantenerse en el poder, con toda la miseria que eso ha generado y reprimir a los que protesten. O sea, esto no es vida. Aquí no hay un presente, aquí no hay un futuro. Los jóvenes se están yendo en oleadas desde hace muchos años. Somos reconocidos internacionalmente por mecanismos internacionales por ser el país más envejecido de la región. Somos un país con un alto índice de pobreza. Yo creo que una transición tiene que venir. Es lo que toca.
Yo quisiera que fuera pacífica. No me parece que haya una intervención militar americana. No creo que sea tampoco la solución. Pero bueno, yo soy pastor, yo no soy un político y yo de estas cosas no lo sé. No sé. No quisiera una transición violenta porque las transiciones violentas siempre pasan factura a los pueblos. Sí la temo. La temo porque este gobierno está llevando a este pueblo a un grado tal de camino sin salida, de exasperación, de vida difícil, que temo un estallido violento. Lo temo, lo temo, pero no lo quisiera. Por tanto, yo creo que una vez más aprovecho estos medios para hacer un llamado al gobierno de mi país: Váyanse. Cierren esto ya. Permitan una transición pacífica y permitan que este pueblo pueda reconstruirse en paz sin ustedes. Váyanse ya. Dejen el poder que no han sabido usar y permitan que este pueblo pueda renacer en una realidad diferente. Váyanse.
Este gobierno está llevando a este pueblo a un grado tal de camino sin salida, de exasperación, de vida difícil, que temo un estallido violento
¿Ha podido transmitir esa idea (de transición) a funcionarios del PCC en algún contacto que haya mantenido con ellos?
Yo esta idea de una transición ni ninguna idea le ha podido transmitir a ningún miembro del Partido Comunista. En primer lugar porque conmigo no quieren dialogar. Soy testigo, soy consciente de que muchas veces cuando han ido a quejarse de mí a mi obispo, la respuesta de mi obispo ha sido, hablen con él, dialoguen con él y la respuesta de ellos ha sido siempre lo mismo, no tenemos nada que hablar con él; no tenemos nada que dialogar con él. Sí hubo una vez que fui citado por la Seguridad del Estado, en realidad para decirme que si yo seguía expresando estas ideas, podía ser procesado por las leyes cubanas.
Bien, ese fue el inicio, esa amenaza, pero después la conversación derivó en un diálogo y yo creo que fue bueno, al menos para mí fue bueno. Yo pude decir serenamente todo lo que pensaba, hubo un diálogo, yo me sentí satisfecho de haber podido tener este encuentro más allá de que la motivación hubiera sido una amenaza, pero nunca más, nunca más y yo creo que es necesario hablar entre todos, yo creo que es importante que en Cuba haya un diálogo nacional; que se convoque un diálogo nacional donde todos podamos estar representados en alguien para entre todos buscar una solución a este país, para el bien de todos, del pueblo que está sufriendo. Pero también, para el bien de los que nos gobiernan, porque yo estoy convencido que lo que ellos viven, tampoco es vida. No porque tengan necesidades materiales, no porque por una cuestión económica que ellos no la sufren, sino porque yo no creo que vivan en paz, yo no creo que vivan una vida serena y relajada.
Yo me imagino que tienen que vivir con todas las alarmas disparadas. Y eso no es vida, eso tampoco es vida. Yo creo que un cambio en este país nos favorecerá a todos, al pueblo, pero también, también, a los que hoy nos gobiernan.
Archivado en:
