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La comunidad universitaria de Santiago de Cuba vuelve a vestirse de luto tras conocerse el fallecimiento de dos jóvenes miembros de la Universidad de Oriente (UO) apenas transcurridas 24 horas de un anuncio similar emitido por la propia institución.
En esta ocasión, se trata del licenciado Raudel de Armas Louis, profesor del Departamento de Biología y secretario del Comité de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, y de una estudiante del segundo año de Gestión Sociocultural para el Desarrollo, perteneciente al Centro Universitario Municipal (CUM) de San Luis.
Según informó la propia institución en sus redes sociales, De Armas Louis se encontraba hospitalizado y falleció en la madrugada de este viernes, a pesar de los esfuerzos médicos. La pérdida del joven de 24 años ha causado una profunda consternación entre colegas y alumnos, que lo recuerdan como un docente apasionado y comprometido con su labor formativa.
Pocas horas después, desde el CUM San Luis se confirmó el deceso de la estudiante Beatriz Carmenaty Corona de 22 años. Acorde a la publicación de la UO, la joven padecía una enfermedad crónica que, agravada por complicaciones cardiovasculares, provocó su fallecimiento.
Compañeros y profesores la describieron como una muchacha alegre y dedicada, que luchó con valentía contra su padecimiento.
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“Días grises para la Universidad de Oriente”, expresó la casa de altos estudios en un mensaje de condolencias compartido en redes sociales, donde cientos de usuarios se sumaron a las muestras de dolor y solidaridad con los familiares y allegados de ambos jóvenes.
Estas dos muertes se suman a otras recientes pérdidas que han golpeado a la Universidad de Oriente en las últimas semanas, entre ellas las del profesor Pedro Antonio Rodríguez Fernández, de la Facultad de Ingeniería Química y Agronomía, y el estudiante Luis Enrique Vicet Castellanos, de Ingeniería Mecánica.
La sucesión de fallecimientos ha generado preocupación y tristeza en el ámbito académico oriental, ya que muchos docentes y estudiantes denuncian el desgaste físico y emocional que enfrentan en medio de las precarias condiciones de vida, la escasez de recursos y las dificultades del sistema de salud cubano.
La institución reiteró su compromiso con acompañar a las familias y preservar el legado humano y profesional de sus miembros fallecidos.
Una crisis sanitaria que golpea también a las universidades
Los recientes fallecimientos de estudiantes y profesores en la Universidad de Oriente ocurren en medio de una grave crisis epidemiológica que afecta a toda Cuba desde mediados de 2025, con brotes simultáneos de dengue, chikungunya y virus de Oropouche en varias provincias del país, incluida Santiago de Cuba.
El ministerio de Salud Pública (MINSAP) ha reconocido la expansión de estas enfermedades transmitidas por mosquitos, aunque organizaciones independientes y profesionales del sector advierten que las cifras reales de contagios y muertes podrían ser mucho mayores que las reportadas oficialmente. En apenas una semana de octubre, se registraron más de 13,000 casos febriles inespecíficos, una señal clara de la magnitud del problema.
La degradación del sistema sanitario, la falta de medicamentos, la escasez de reactivos para diagnosticar las infecciones y la ineficiencia de las campañas de fumigación han agravado el escenario.
En muchas comunidades orientales, los vecinos denuncian que los focos de mosquitos se multiplican entre montones de basura y aguas estancadas, mientras los hospitales funcionan con recursos mínimos y personal agotado.
En ese contexto, los decesos recientes en la UO reflejan no solo la fragilidad del sistema de salud cubano, sino también el impacto que la crisis epidemiológica está teniendo en jóvenes y profesionales en plena actividad académica.
Aunque no se ha confirmado oficialmente que las causas de muerte estén relacionadas con el dengue u otra arbovirosis, el aumento de fallecimientos y cuadros graves en instituciones educativas y laborales genera preocupación entre familiares y colegas.
La situación sanitaria se suma al malestar social por la falta de transparencia del régimen en el manejo de los datos epidemiológicos y por su negativa a declarar una emergencia nacional, pese a los reclamos de organizaciones médicas y sociales.
En Santiago de Cuba, donde se encuentra la UO, los reportes de casos febriles, hospitalizaciones y fallecimientos súbitos han aumentado de forma preocupante, configurando un panorama de agotamiento y vulnerabilidad que alcanza incluso los espacios académicos.
La muerte de jóvenes y docentes universitarios se inscribe así en un contexto de crisis sanitaria y social, que expone las carencias estructurales del sistema cubano y el costo humano de su prolongado deterioro.
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