Delia Otero y su hijo Foto © Imágenes de Cubanet y Martí Noticias

Madre del cubano que murió por negligencia en prisión escribió a Díaz-Canel, Raúl Castro y al fiscal de la República

Este artículo es de hace 1 año

Delia Otero González está desesperada porque 8 meses después de que su hijo muriera por “un supuesto catarro” que le dio en prisión no ha recibido una respuesta de las autoridades, a pesar de que ha reunido pruebas suficientes para demostrar la culpabilidad de los oficiales.

La mujer ha denunciado en todas las instancias el caso de su hijo y ahora decidió escribirle cartas a Miguel Díaz-Canel, Raúl Castro y al fiscal de la república para intentar que su reclamo sea escuchado, según explicó a Cubanet.

“Hasta ahora no he recibido ninguna respuesta, pero nadie se muere de catarro. Por eso tengo mi lucha y la voy a seguir. A lo mejor me vuelven a decir lo mismo, pero yo voy a seguir, y voy a seguir”, dijo.

Reidel García Otero estaba en prisión preventiva la cárcel de Valle Grande, en La Habana. El joven trabajaba para una carpintería estatal y fue a prisión por hacer “trabajos por la izquierda”.

Murió el 23 de enero a los 30 años de edad en el hospital Salvador Allende (Covadonga) de la capital, luego de varios días en coma.

“Tengo testimonios de un compañero de prisión que me explica con algunos detalles lo que pasó en esos días, y el acta de pedido de la ambulancia que nunca llegó”, aseguró.

El 16 de enero, una semana antes de que falleciera, uno de los compañeros de prisión del joven llamó a la familia y les dijo que Reidel se encontraba muy enfermo y que no recibía la atención médica adecuada. Inmediatamente sus padres fueron visitarlo pero no recibieron información por parte de los oficiales y tampoco les permitieron verlo.

El día 19 los llamaron para comunicarles que Reidel había sido trasladado al hospital. Cuando llegaron ya estaba en coma. El diagnóstico era bronconeumonía bacteriana y anemia severa.

Delia cuenta que la primera denuncia la hizo en la estación de policía de Infanta y Manglar; luego “hice cartas para todas las instancias. Terminé en el Ministerio del Interior. Me vinieron a dar respuesta en agosto”. Le dijeron que se habían tomado medidas administrativas con los médicos del penal a cargo del caso.

“No se sabe si el médico fue sancionado, pero cuando oyes eso te preguntas cómo es posible que la pérdida de una vida humana represente una sanción administrativa”, comenta.

Los días 4, 5 y 6 de julio condenaron a 4, 5 y 8 años de prisión a los compañeros de trabajo de Reidel acusados por el mismo delito. “Lo primero que hicieron fue leer los testimonios de mi hijo como si estuviera allí, y lo juzgaron como si estuviera vivo. El único detalle que tuvieron fue decir que si alguien se sentía incómodo con lo que se iba a hablar que se podía retirar de la sala”.

“Tengo un dolor muy grande. Yo me hubiese arrancado mi vida con mis manos para dársela a mi hijo”, dijo Delia a Cubanet y agregó que está cansada de escuchar “las mentiras que dicen aquí” sobre los supuestos derechos “que tenemos todos”.

Este artículo es de hace 1 año

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