Daimelis Jorge Foto © CiberCuba

"He pagado un precio alto por ayudar a mi familia: sin mi hija, más nunca he sido feliz"

Este artículo es de hace 1 año

"¿Qué puedo contarte? Mi historia es muy triste". Así se presenta a CiberCuba la cubana Daimelis Jorge Ávila. Ella llegó a Estados Unidos el 11 de abril de 2015 "con muchos sueños", después de atravesar ocho fronteras durante casi dos meses en la ruta migratoria desde Ecuador. No quiso poner en peligro la vida de su hija, de 8 años, y la dejó con la abuela en Bayamo (Granma).

Tres años después los trámites de reclamación de la pequeña van más lentos de lo que venía siendo habitual. Daimelis Jorge llama por teléfono todos los meses, a veces todas las semanas, al Centro Nacional de Visas, y la entrevista en Guyana se hace de rogar. "Me dicen que tengo que esperar, que no pueden hacer nada. Ese día que llamo para mí es muy difícil porque luego hablo con mi hija y no sé qué decirle".

Uno de los grandes sueños de Daimelis Jorge era reunirse cuanto antes con la niña. Inmediatamente después de que le llegara la residencia, la reclamó. Era el 24 de octubre de 2016.

En teoría deberían haberles dado cita para la entrevista el 27 de abril pasado, pero nada de nada. "Dicen que van por el 15 de septiembre de 2016". Aunque ya le falta poco, para ella es como si tuviera que esperar una eternidad.

Su caso (F2A) no tiene nada que ver con la paralización del Programa de Reunificación Familiar Cubano tras el escándalo de los ataques acústicos en La Habana. Estados Unidos continúa dando citas para entrevistas de visas en Georgetown, pero el año fiscal 2018 cerró con casi 3.000 visados menos a inmigrantes cubanos, en comparación con el ejercicio anterior.

Daimelis Jorge, al fondo, durante su travesía por la selva del Darién. Foto: CiberCuba.

Daimelis Jorge quería emigrar para que a su familia no le faltara de nada. Ahora no está segura de haber tomado la decisión correcta. La separación de su hija se le ha hecho cuesta arriba. Ha vuelto a ser madre, tiene una bebé de 19 meses, pero admite que desde que está separada de su niña mayor "más nunca he sido feliz. No hay momento de mi tiempo que no piense en mi niña. Esto es muy doloroso".

"Estoy tan estresada que me ha salido psoriasis y el pelo se me está cayendo. Sólo pienso en tener a mis dos niñas juntas. Esto no me pasa sólo a mí. Nos pasa a cientos de cubanos que estamos a la espera", comenta a CiberCuba.

Daimelis Jorge sueña con tener a sus niñas con ella. Foto: CiberCuba.

Cuando decidió cruzar gran parte de Latinoamérica y Centroamérica para llegar a Estados Unidos, Daimelis Jorge le dejó la niña a su mamá. Cruzando el Darién, el coyote que guiaba al grupo de cubanos los dejó tirados. Les dijo que ya estaban en Panamá. Era mentira. Ni siquiera habían empezado el camino. Se perdieron en la selva. Coincidió con el cumpleaños de Daimelis, el 15 de marzo de 2015, y ella no pudo llamar a Cuba. Su madre, que sufre una parálisis en una pierna, se temió lo peor porque en la Isla se comentaba que a los cubanos los mataban en Colombia. "A raíz de la travesía mi mamá hizo una trombosis y no ha podido volver a caminar".

El viaje por la selva fue duro. "Me hice un esguince y casi no podía avanzar. Lo único que me mantenía con fuerzas eran mi niña y mi abuela. Siempre las tenía en mis pensamientos. Me pasé una semana sin comunicación con Cuba".

Por entonces el abuelo de Daimeris estaba encamado. Un mes después de que ella llegara a Estados Unidos, el 30 de mayo de 2015, murió. "Fue un golpe muy duro para mí. He pagado un precio demasiado alto por querer ayudar económicamente a mi familia y a la vez es eso lo que me da fuerzas para seguir luchando".

Daimelis acorta la distancia que la separa de su hija a través de Internet. Se lo puso en la casa y la llama todos los días. Fue a verla en abril pasado y está decidida a no volver. "Me prometí no ir más a Cuba hasta que tenga que ir a buscarla para la entrevista en Guyana. La niña se pone muy mal cuando me voy y a mí me resulta muy doloroso cruzar la puerta de la Aduana y mirar hacia atrás y ver cómo mi niña se queda llorando. Me parte el corazón dejarla".

"Es muy duro. A veces creo que es una carga que no puedo soportar. Me arrepiento mucho de haberla dejado en Cuba, pero me daba miedo ponerla en peligro en la travesía. Nosotras nunca nos habíamos separado".

Daimelis, junto a su hija. Foto: CiberCuba.

Porque ése es otro problema al que tendrá que hacer frente esta madre cubana. La niña no puede viajar sola a Georgetown y  Daimelis deberá ir a Cuba a buscarla y volar con ella hasta Guyana. "Qué puedo hacer. Iré hasta el fin del mundo por la visa de mi hija".

En cuanto consiga juntarse con la niña en San Antonio, Texas, romperá la promesa que se hizo de no volver a comer manzanas, la fruta preferida de su hija, hasta poder compartir una con la pequeña. "El primer plan que tengo para cuando ella llegue a Estados Unidos es ir al Walmart y comprar manzanas para comerlas las tres juntitas".

Falta poco para Navidad y Daimelis se teme lo peor: pasar un fin de año más separada de su niña. "Lo pasaré durmiendo, como todos estos años porque no tengo nada que festejar".

Este artículo es de hace 1 año

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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