Lilibet H. R Foto © Pixabay y Conexión Cubanos

El cubano que estranguló a su esposa, la médico cubana de 24 años, dice que fue un "accidente"

Este artículo es de hace 1 año

José Antonio P.B, el cubano acusado de estrangular en España a su esposa, la joven médico Lilibet H. R., declaró hoy en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife que los hechos que se le atribuyen se debieron a un accidente.

Durante el juicio, el cubano -acusado de asesinato el 31 de octubre de 2017 en el barrio de El Fraile- ofreció una versión distinta a la de la Fiscalía y al relato de la madre de la víctima.

Los defensores del cubano han alegado que este muestra un gran arrepentimiento, que sufría una alta presión psicológica y que en cualquier caso no fue un asesinato, sino un homicidio imprudente, un “accidente”, el cual no hubo intención de cometer. 

Por tanto, la defensa solicita que la condena se rebaje a un año de prisión.

La versión de la Fiscalía sostiene que la mujer había llegado a su casa tras llevar al hijo de seis años al colegio, y sostuvo una fuerte discusión con el acusado, quien no aceptaba que ella quisiera terminar la relación ni que mantuviera una relación con otro hombre.

El relato de la Fiscalía asegura además que el acusado aprovechó su “muy superior fortaleza física” para apretar el cuello de la mujer con las manos “de forma brutal”, lo que hizo “inútil” cualquier defensa de ella, hasta que la asfixió y le fracturó la segunda vértebra cervical.

Luego el acusado huyó del lugar tras esconder el cadáver en el armario de la habitación del hijo.

Fueron agentes de la Guardia Civil quienes encontraron el cadáver a la una de la madrugada del 1 de noviembre en las inmediaciones del aeropuerto Tenerife Norte.

Por su parte, el Ministerio Fiscal pide 24 años de prisión para el acusado y privación de patria potestad respecto del menor, ya que considera los hechos como un delito de asesinato con agravante de género y de parentesco.

También se le pide una indemnización de 200.000 euros y el abono de las costas procesales.

Así, el Instituto Canario de Igualdad le pide al acusado siete años más de prisión, para un total de 31 años, porque también aprecia “gran ensañamiento” y “abuso de superioridad”.

La madre de la víctima dijo que el acusado era muy celoso sobre su hija, que controlaba sus conversaciones por el teléfono móvil, y que llegó a romperle varios de ellos, así como su título de Medicina.

“Le veía moratones en las piernas, en los muslos. Le preguntaba qué le pasaba, pero él salía al paso y decía que padecía de circulación. Yo sabía que eso no era así. Entonces ella me decía que sí, que eran golpes", relató.

La madre dijo además que cuando el acusado aún estaba en Cuba obligó a su esposa a dejar amistades, la llamaba “continuamente” y dijo públicamente que quería viajar a Tenerife con la idea de matarla.

También sostuvo que, tras los hechos, su nieto le tiene “mucho miedo” al padre porque solía pegarle, y que la empujaba cuando discutían en su presencia.

El acusado, por su parte, dijo que "nunca golpeó a la víctima, que todo era normal en la relación tras su llegada, que tampoco sabía que ella tuviera una segunda relación y ha negó que apretase el cuello de la víctima el día de los hechos".

La versión que bridna es que "él le arrebató el móvil y la empujó hacia atrás con las dos manos sobre la garganta y que, tras realizar un gesto para apartarla, la mujer cayó bocabajo inconsciente".

También negó que fuera celoso. “Me trataba como a un perro. No me respetaba, no me trataba bien”, sostuvo.
 

Este artículo es de hace 1 año

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