Billy Joel, en la realeza musical de EEUU. | Foto © Tomada de la página oficial del artista.
Billy Joel, en la realeza musical de EEUU. | Foto © Tomada de la página oficial del artista.

Billy Joel, el piano que no cesa


Estados Unidos

Publicado el Jueves, 9 Mayo, 2019 - 06:22 (GMT-5)


Hace unos 20 años, en la época en que ambos comenzaron a compartir escenarios y a ejecutar el itinerario de la gira Face2Face por el mundo, a Elton John le tocó presentar a Billy Joel en un concierto para la televisión. En esa ocasión, el autor e intérprete de "Philadelphia Freedom" dijo que si bien Estados Unidos carecía de monarquía, en contraste con su natal Reino Unido, lo más cercano a la realeza musical que Norteamérica podía presumir era Billy Joel.

Y entonces, hizo su entrada Mr. Piano Man, escoltado por una descripción exacta de su significado para la música popular universal.

El chico que nació en Estados Unidos de la postguerra el 9 de mayo de 1949, y que creció en la era en que la nuevecita Guerra Fría a veces elevaba tanto la temperatura que rozaba las incandescencias en ciernes de los bombazos atómicos de un lado a otro del Atlántico, cumple este jueves 70 años.

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Las fotografías Kodak de 6x6 de la infancia de William Martin Joel – que es su nombre completo en la partida de nacimiento asentada en el Bronx, New York, y en el pasaporte de 2019 - muestran a un niño de aparente sonrisa triste, ojeroso, de parpados caídos, pero de mirada inteligente.

El coctel físico puede venir de estos ingredientes: que tuvo que tomar clases de piano (claro que a regañadientes y acaso temiendo que también le impusieran estudiar el acordeón, la pesadilla de todo infante y sueño de cada mamá); que en los tiempos en que cada hogar norteamericano empezaba a tener un televisor y aun trabajando su padre para la DuMont, en su casa no había uno; que repentinamente en 1957 su padre abandonó la familia y se fue a vivir a Viena; y que tuviese que aprender boxeo para demostrar masculinidad en una era homofóbica, pues vivía rodeado de mujeres, con su madre y su hermana, en aquella casa con portalito y jard;in, en Hicksville, New York.

Billy Joel habría sido Billy Joel de todas maneras, pero él no niega que lo ha sido porque sentado frente a un televisor (quizás Admiral, RCA, Philco… japonés, definitivamente no) vio un evento revelador aquella noche del domingo 9 de febrero de 1964: la presentación de Los Beatles en  el Show de Ed Sullivan.

"Esa noche lo cambió todo", recordará años después sobre el momento que lo inspiró a unirse a una banda. "Los vi [a Los Beatles] y me dije: 'Quiero hacer eso'".

La British Invasion mató la nómina de figuras de la música norteamericana de los 60s, The Four Seasons, Frankie Avalon, Neil Sedaka, Del Shannon… incluso The Beach Boys, ¡y hasta el mismísimo Elvis!

La lápida final para aquella sonoridad vino en la forma de revancha o respuesta doméstica del movimiento hippie –Woodstock de por medio- con el inventario de nombres de la banda sonora de la carrera a la Luna como Santana, Jimmy Hendrix, Crosby, Stills, Nash & Young, Joe Cocker y una catarata de muchos más que erigieron la arquitectura pop y rock de la inminente década de los 70. Esa es la receta que cuajó en de Billy Joel, quien, como tantos, hizo pininos en bandas juveniles luego disueltas como como Attila y The Hassles. 

También como tantos, tuvo un primer disco, Cold Spring Harbor, que no fue a ningún sitio. Hasta que en noviembre de 1973 publicó el LP Piano Man, con la pieza homónima devenida hit, pero que, sin embargo, no fue entonces lo arrasadora que ha logrado ser hasta hoy, convertida en su "signature song". 

Con "Piano Man" suele cerrar los conciertos, transformada en sinónimo de su propia identidad y, junto con "Hotel California"(The Eagles), devenida de las canciones más reconocidas -reconocibles- por más de una generación,  y situada en el inventario de las piezas antológicas de la década de los 70s.

Pero por esas fechas Billy no era aún Billy.

A pesar de la magnífica placa Turnstiles, que contempla una canción gigante como “New York State of Mind”, Billy Joel no despegó  hasta 1977, cuando estrena The Stranger, que lo llevó al Top 10 del American Top 40 con la bella balada “Just the Way You Are”. Aquí comenzó a definirse el Billy Joel que hemos conocido hasta hoy, y que se inflama hasta una estatura insospechada, aunque gradual.

En 1978, grabó y lanzó al mercado discográfico y radial el segundo de sus tres LP antológicos, 52nd Street. Con un distante pero perceptible sabor a jazz, 52nd Street arroja hits pop y a la vez refractarios  (¡gracias, Dios mío!) a la epidémica "Ola Disco" de la época. “My Life”, que tiene en las voces de apoyo a Peter Cetera, de la banda Chicago. La canción resulta vivaz y comercial (¿y por qué no, memorable?), y es seguramente su hit más notorio junto con la enigmática “Rosalinda’s eyes”.

¿Por qué esa alusión a La Habana en la letra de “Rosalinda’s eyes”?  ¿Por qué la mención de los cielos cubanos? ¿Es acaso su respuesta emocionada a la Cuba que visitó en 1979?

No, como mucha gente erradamente cree, Billy Joel no escribe  “Rosalinda’s…”  después de su visita y concierto en Cuba como parte del Havana Jam, bautizado estalinistamente por las autoridades cubanas como “Encuentro Cuba-EEUU”, sino mucho antes.

Merece recordar el momento. Fueron tres días de lujuria musical en el teatro Karl Marx de La Habana, entre el 2 y el 4 de marzo de 1979. El festival, solo abierto a una élite de asistentes que seleccionaron las autoridades cubanas, fue patrocinado por Bruce Lundvall,  presidente de Columbia Records, Jerry Masucci, presidente de Fania Records y el Ministerio de Cultura de Cuba, en uno de esos ciclos de ilusión aperturista que terminan sepultados siempre por la resaca totalitaria y la frustración nacional.

Fue un momento grandioso en que Cuba entera pudo haber abrazado a Billy Joel, pero no. Billy Joel,  como Fania All-Stars, Stephen Stills, Billy Swan, Bonnie Bramlett, Mike Finnigan, Kris Kristofferson, Tony Williams, Jaco Pastorius y Rita Coolidge, quedaron entonces como mitos y referencias inalcanzables para el público cubano.

Billy Joel, como otros tantos autores de rock and roll, suele ser críptico. La “conexión cubana” expuesta en la canción “Rosalinda’s eyes" es que su padre y abuelos paternos vivieron en La Habana. Familia judía establecida en Nuremberg, Alemania, manufacturadores y comerciantes exitosos de textiles, se percataron del antisemitismo de Hitler y escaparon a tiempo de la criminal persecución desencadenada contra el pueblo hebreo en Alemania. La familia  logró evadir el holocausto y huyó a Cuba, vía Suiza.

En aquella época, para sobrevolar las cuotas de inmigración a Estados Unidos, muchas familias judías utilizaban La Habana como trampolín a New York, y eso fue lo que hicieron los Joel. Aparentemente, Helmut, el padre de Billy Joel (más tarde "americanizó" el nombre a Howard), estudió en la Universidad de La Habana.

Posteriormente los Joel emigraron a La Gran Manzana, donde su padre conoce a la joven Rosalinda, su madre, también judía, con raíces inglesas. Si la letra de la canción no se ajusta estrictamente a la realidad, dispensemos las licencias del autor.

Continuando con Cuba, la pieza “Honesty”, del disco 52nd Street, se hizo muy popular por cuenta propia en la isla. Es todavía el himno de una generación.

Glass Houses (1980) continuó consolidando la fama de Billy Joel en un ascenso que se incrementa durante esa década de los 80 con discos como Storm Front (1989), y antes con The Nylon Curtain, de 1982, una exitosa inmersión en la sonoridad de Los Beatles (sobre todo del Magical Mystery Tour de 1964), inspirado en la muerte de John Lennon, y que también es una suerte de manifiesto político, de abordaje filosófico sobre Estados Unidos, y de visión abarcadora de madurez en las insospechadas postrimerías de la Guerra Fría.

The Nylon Curtain representa igualmente una especie de Ave Fénix, pues en abril de 1982, montando su Harley-Davidson, Billy Joel fue atropellado por una conductora que violó una luz roja. El artista estuvo al borde de la muerte  y tuvo que pasar por una profunda cirugía en una de sus manos a consecuencia del accidente. El primer pronóstico médico fue que nunca más podría tocar piano, pero afortunadamente el artista venció los vaticinios.

¿Esposas?  Las más conocidas Elizabeth y Christine Brinkley, que le sirvieron de musas ("She is Always a Woman" y "Uptown Girl").  Después se casó otro par de veces y es padre de tres hijas, la primera Alexa Ray; Ray en honor a su entrañable amigo Ray Charles.

¿Traiciones y aprietos? Muchas y muchos. Billy Joel, como tantos artistas, ha batallado con la depresión y algunas adicciones, incluso un intento de suicidio con pulimento de muebles.  La ironía sobre el incidente le ha servido en su recuperación: ¿Por qué no con tinta rápida de zapatos? Porque, según él, el pulimento sabía mejor.

Además, en una ocasión su albacea lo dejó total y absolutamente desbancado.

En 1992 Billy Joel detuvo su carrera discográfica de estudio cuando publicó su álbum final de pop, The River of Dreams. Pero a pesar de esa decisión, todavía hoy, a más de un cuarto de siglo de aquel lanzamiento, sigue llenando las salas de concierto de primera línea con una obra musical que es parte ya del patrimonio musical de la humanidad.

Billy Joel, el Piano Man, es una privilegio musical con que el azar y la vida nos han bendecido. En su propia medida, es un clásico, un standard en la supercompetitiva escena de los últimos 100 años de música popular en Estados Unidos.

Poco podrá decirse para honrar hoy 70 años de una existencia genuina, apasionada y colosalmente creativa.  ¡Gracias, Billy Joel!


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