Ángel Bonne: “Me gustaría ser recordado como alguien que amó a su gente y a su tierra”

Instrumentista, cantante y director, Angelito Bonne es uno de los exponentes más destacados de la música tradicional cubana.

Angelito Bonne © Cortesía a CiberCuba
Angelito Bonne Foto © Cortesía a CiberCuba

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Cuba es una tierra musical. De Occidente a Oriente crecen artistas que hacen suyo el sabor y el color de la música cubana y precisamente, de la región oriental, de Santiago de Cuba, es nuestro entrevistado.

Heredero de una estirpe de gigantes es Angelito Bonne, uno de los exponentes más destacados de la música tradicional y popular cubana, conocido por su dedicación a preservar los ritmos y las raíces de la cultura musical de su país.

A lo largo de su carrera, ha logrado conectar con varias generaciones, llevando el son cubano y otros géneros tradicionales más allá de las fronteras de la isla.

Hoy tenemos el placer de conversar con él para ahondar en su vida, saber qué hace en la actualidad y hacia dónde enfila su carrera profesional.

Inicios de Angelito en su natal Santiago

Nací en 1961. La primera vez que me subí a un escenario tenía cinco años. Lo recuerdo como si fuera hoy, fue en el Parque Céspedes de Santiago de Cuba, con Los Tambores de Enrique Bonne, mi padre.

A los nueve comencé a estudiar clarinete en el conservatorio “Esteban Salas”, pero por la edad tuve que pasar a piano hasta cumplir 11, lo cual fue beneficioso porque me acercó al piano que me encanta, y es que ese instrumento está en mis genes. Mi abuela paterna era concertista y profesora de piano de la academia Orbón.


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¿Qué huella dejó en ti esa figura legendaria que fue y es Enrique Bonne? ¿Fue un peso o un motor impulsor?

Mi padre ha sido muy importante en mi historia. Él es un exponente cimero de nuestra música. Enrique Bonne fue un influyente compositor, percusionista y director de orquesta; figura fundamental en la música popular cubana del siglo XX, especialmente en lo que respecta a la fusión rítmica y la evolución del son y la música bailable.

Con él aprendí un mundo. Para muchos mi padre es considerado un innovador de la música cubana, especialmente por su aporte en la creación de nuevos ritmos y su papel en el desarrollo de la música popular y bailable en las décadas de 1950 y 1960; pionero en la fusión de ritmos afrocubanos, caribeños y modernos, y un puente entre la tradición y la modernidad musical en Cuba.

En mi caso, además de mi padre, no puedo dejar de mencionar a alguien que para mí fue definitorio, aunque no fuera famoso. Hablo de mi tío Pedro Julio Sánchez, hermano de mi mamá, que fue quien me obsequió mi primer clarinete.

Él fue saxofonista de Tropicana y, en un viaje que hizo a Santiago, me llevó a hacer mi examen para entrar a la escuela.

Formaste parte de una generación que mucho ha aportado a la música cubana.

Por supuesto, formo parte de una generación que creció llena de sueños e ilusiones, generación de la cual me enorgullezco. En lo particular, mi pasión es la música y tuve el privilegio de recibir clases con claustros de profesores de lujo, tanto en Santiago como en la ENA y el ISA en La Habana. Mi generación tuvo ese privilegio, en todas las manifestaciones artísticas, incluida la música.

Angelito, de esa generación de la que hablas queda bien poco en Cuba.

Así es, lamentablemente. Hoy día, gran parte de mi generación y las subsiguientes han o están emigrando. Esto es algo que he expresado en reuniones y también lo he dicho cuando he podido acceder a personas con algún nivel de decisión en el ámbito de la cultura.

Cuba se ha convertido en un donador involuntario de talentos. Personas de grandes posibilidades se forman y luego se ven en la necesidad de emigrar.

Ahora existe una situación económica grave. No quiero decir que alguna vez la hubo buena, pero era mejor; sin embargo, nunca existió, por ejemplo, una infraestructura, que permitiera a los músicos -que son de quienes puedo hablar- la posibilidad de elección.

En mi caso, lo que más me gusta es dedicarme a los conciertos en teatros; no obstante, tuve que “morir” con los bailes populares y los carnavales. No es que tenga nada en contra de esas manifestaciones artísticas, pero no era mi plan.

Y retomo el tema: mucha gente talentosa se forma, gradúa y no encuentra donde volcar todo su potencial. Y ahí, junto por supuesto al problema económico, se halla la emigración.

Lo económico es trascendental, pues es verdad que todo se mueve con dinero, pero, además, no ha habido tal vez una visión o comprensión del fenómeno, de analizar casuísticamente a cada uno de nosotros, algo que no hubiera sido difícil, atendiendo a las características y aspiraciones de cada cual.

Quizás al querer masificar la cultura no se previeron algunas consecuencias. Sí, es válido el derecho y la oportunidad de desarrollarse en una manifestación, pero ¿y después?

¿Por qué todos tenemos que tocar y cantar en bailables, por qué no poder escoger?

Familia de Ángel Bonne

Hace 17 años estoy con mi compañera María Victoria Talavera, una matancera a la que quiero y respeto. Tengo dos hijos: el mayor, por cosas de la vida, no tiene mis apellidos. Se llama Ernesto Salinas y vive en Lehigh, Florida, EE.UU. Al segundo lo conoces, Cami. Aquel pequeñito que viste nacer se ha convertido en un joven de 23 años y es el baterista de Alexander Abreu y Havana D’Primera.

Bueno, “de tal palo tal astilla”, ¿no?

Jajaja, así es. Tiene también una orquesta y forma parte de un cuarteto de jazz llamado Los Mulatos; o sea, no para. Se parece a su padre cuando era joven. En cuanto a mí, ya no vivo en el Cerro. Hace un año me mudé a Santos Suárez, el mismo barrio de la gran Celia Cruz y Pupy Santiago, así que reboso ritmo y sabrosura por todos lados.

¿Instrumentista, cantante o director?

¿Qué decirte, Julita? Soy en primera instancia clarinetista. Luego sumé el saxo, la flauta, el piano, que siempre estuvo en mi vida. Te cuento que la percusión fue mi primer instrumento, pero mi padre me prohibió tocarla porque me contraía para el clarinete y el piano.

La Orquesta de Música Moderna fue mi primer contacto con la vida profesional en la música, agrupación dirigida por Osmundo Calzado. Con el apoyo de Aldo Medina y Enrique Acosta, dos excelentes saxofonistas de esa orquesta, pude aprender mucho.

En una ocasión íbamos a acompañar a un cantante llamado Miguel Chávez, que fue muy famoso en Cuba en su momento, pero llevaba años viviendo en el extranjero.

Ensayamos en la mañana, pero en la noche Chávez estaba afectado y hubo que tocar todo el repertorio en otro tono, casi a primera vista. ¿Te imaginas cuánto te ayudan en tu formación esa y otras situaciones similares, cuánto te exigen?

Tras esos inicios con la Orquesta de Música Moderna, has andado muchos caminos, como canta Joan Manuel Serrat. Sé de tus colaboraciones con Síntesis e Irakere, tus discos con Laronte y Amaury, pero imagino que tu paso por Van Van guarde en tu corazón momentos imborrables ya que no todos pueden contar que formaron parte del Tren de la Música Cubana dirigido por un grande como Juan Formell.

¡Uff...!, y dilo. Mi historia con Los Van Van inicia a partir de mi presentación a Formell en 1982, cuando le expliqué que yo tenía lo que él necesitaba, pues el Tosco se había ido a Irakere y entendía que Van Van necesitaba un solista de acuerdo a la proyección alternativa que tenía la orquesta en relación con el entorno de la música bailable cubana.

Juan Formell y Ángel Bonne. Foto: Cortesía a CiberCuba

Un poco atrevido de tu parte, ¿no crees? ¡Te la “jugaste al canelo”!

Pues sí, pero el tiro no me salió por la culata. Obviamente, él quería ver que yo hacía y le conté que ya me había escuchado porque el día de mi graduación de la ENA, mi papá nos invitó a “Las Cañitas” del hotel Habana Libre y llevamos a Oriente López, que me había acompañado en un tema.

Mi papá les puso a Formell y a Nicolás Reinoso la grabación que había hecho en vivo de nuestra versión de “El danzón de Alamar”, de Chucho Valdés, y Formell había quedado muy impresionado.

Pasó el tiempo y en 1989, me invitó a formar parte de la orquesta. Significó un aprendizaje para mí poder componer, orquestar y cantar en la banda más importante de la historia del baile en Cuba.

¿Y qué hiciste entre 1982 y 1989?

Hice muchas cosas. Tuve la oportunidad de trabajar con el maestro Ramón Huerta en su grupo Galaxia, trabajo que resultó trascendente en todo lo ocurrido con posterioridad en mi vida profesional.

Porque, además de poder tocar la excelente música de Huerta y lidiar con muy buenos músicos como Diego Valdés, José Miguel Greco, Miguel Ángel de Armas, Issac Delgado, Paulo FG, Felito Hernández, Néstor Lombida, Héctor Arcos, entre otros, tuve la oportunidad de acompañar a grandes como Omara Portuondo, Luis Carbonell, Elena Burke y Malena.

Junto a Paulo FG. Foto: Cortesía a CiberCuba

También formé parte del grupo que acompañaba al gran cantautor Santiago Feliú y a la magnífica cantante Beatriz Márquez.

Luego, en 1989, ya vino mi historia con los Van Van y mi desempeño compartiendo escenarios con Formell, Pupy Pedroso, Changuito, Pedro Calvo, Samuel, Mayito “El flaco”, Hugo Morejón, Mayito Rivera y otros.

Llegaste a tener una orquesta, ¿por qué ahora en solitario?

Tuve una orquesta desde 1996 hasta 2008, pero resultaba muy complejo porque los músicos se mueven constantemente. No los juzgo: en primera por ética, pero lo cierto es que se hacía muy difícil lograr el proyecto que yo soñaba al nivel adecuado.

Lo primero es que yo siempre deseé, como ya te dije, hacer conciertos de teatro, pero esa posibilidad no existía (al menos en esa época), pues se carecía de una infraestructura económica que me permitiera vivir de los conciertos de teatro.

Esto conllevó a que mis sueños no se pudieron materializar y, para mantener la agrupación, tuve que hacer lo mismo que todos los demás: Café Cantante, Palacio de la Salsa, La Cecilia, los carnavales, etc.

¡Y ese no era mi plan! La vida me demostró que yo tenía razón. Sin saberlo, fue creándose alrededor de mi música un público en otros países, donde hay músicos que montan mi repertorio y me acompañan.

¿Qué hace Angelito Bonne en la actualidad?

Vivo de mis trabajos internacionales y el derecho de autor que genera mi música. Los lugares siguen: La Tropical, las Casas de la Música, pero además ahora hay muchos sitios privados. La vida nocturna de hoy se desarrolla más que nada en los bares privados.

Angelito, hace muy pocos días alguien hizo una comparación discriminatoria hacia Celia y el Benny. ¿Escuchaste sobre eso, qué opinas?

Yo creo que comparar a jóvenes artistas con Benny, Celia u otras leyendas es más un golpe publicitario que otra cosa; además, en todas las artes existen las épocas, tendencias, ritmos. Los tiempos cambian y son otros públicos, y considero que las comparaciones son inútiles e innecesarias.

Si alguien a ti te comparara con el Benny, ¿qué harías?

Si alguien me comparara con el Benny le daría las gracias y, luego, lo mandaría al diablo… Jajajajaja

Y a propósito de Celia Cruz y Benny Moré, ¿para ti quiénes son otros grandes de la música popular y tradicional cubana y mundial?

Diría que junto a esas figuras inconmensurables están Miguelito Cuní, Oscar de León, Paulina Hernández, Rubén Blades, Mayito Rivera, Tito Gómez, Ismael Rivera, Rolo Martínez, Cascarita, Tania Pantoja y otros más.

¿Te sientes realizado?

Creo que nunca estaría realizado porque mi meta es el camino y siempre hay música por hacer.

¿Cómo te gustaría ser recordado teniendo en cuenta el cariño que siempre te ha tenido el pueblo?

Me gustaría ser recordado como alguien que amó a su gente, a su tierra y que lo que hizo siempre fue con respeto y cariño.

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos


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