Miguel Díaz-Canel en la XVIII Cumbre Países No Alineados en Bakú Foto © Escambray / Leticia Martínez

Omisión de Díaz-Canel sobre Sahara Occidental apunta a una diplomacia menos ideologizada

La omisión del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez del conflicto del Sahara Occidental en su discurso ante el plenario de los No Alineados apunta a una diplomacia cubana menos ideologizada que –al calor del embullo Obama– restableció relaciones con Marruecos y se acercó a Corea del Sur e Israel.

El mandatario cubano sabe que la suerte de Cuba en el ámbito internacional pasa por un delicado equilibrio, especialmente frente a la administración Trump, y ha dejado que sea Venezuela quien invite a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) a la cumbre del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL), celebrada recientemente en Bakú.

Pero la no mención del Sahara Occidental en su recuento de conflictos mundiales ante el plenario del MNOAL, indica que Cuba quiere cuidar sus vínculos con Marruecos, donde ha abierto embajada recientemente, para disponer de un socio alterno en la región, ante la inestabilidad en Argelia.

Desde La Guerra de las Arenas (1963), el gran socio de Cuba en el Magreb es Argel, principal sostén del Frente Polisario, pero La Habana y Rabat restablecieron relaciones diplomáticas en la primavera de 2017 y el Rey de Marruecos, Mohamed VI, nombró embajador en la isla a Boughaleb El Attar, que no pertenece a la carrera diplomática, pero es hispanohablante y socialista.

Cuba abrió las relaciones diplomáticas con Marruecos, nombrando a su embajador en Francia, como concurrente en Rabat, pero este verano decidió abrir una embajada propia en la capital del reino alauita, para la que nombró a Javier Dómokos Ruiz.

Marruecos rompió relaciones diplomáticas con Cuba en abril de 1980, cuando La Habana reconoció a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que el otoño anterior había asistido, en calidad de Observador, a la Cumbre de los No Alineados, celebrada en la capital cubana.

Las relaciones entre Cuba y el Polisario se materializaron en la formación de adolescentes y jóvenes saharauis en la isla hasta 1990, cuando La Habana puso precio a la colaboración con el Tercer Mundo y muchos de aquellos estudiantes han emigrado a Estados Unidos y Europa, donde se ganan la vida con sus títulos cubanos en diferentes especialidades.

Aunque en el plano público, los gobiernos cubano y saharaui han mantenido discursos parecidos, a fines de la década 1980-1990 Fidel Castro dijo no a la petición del Frente Polisario de que les facilitaran Shilkas (ZCU 23-4), un sistema antiáereo soviético, que Cuba usó en su propia defensa y en sus misiones en Etiopía y Angola.

Funcionarios cubanos jubilados y que se ocuparon de las relaciones con el Polisario aún recuerdan la contrariedad de los saharauis con la negativa de Castro, sujeto por la prohibición soviética de reexportar determinados tipos de armas, y que manejaba los vínculos internacionales de Cuba en función de sus intereses geopolíticos.

Pero Díaz-Canel era un desconocido cuando Castro dijo no a los saharauis y, en lo posible, intenta rediseñar la estrategia exterior cubana de manera pragmática, incluida Venezuela, donde La Habana no vacila en apoyar a Nicolás Maduro, pero ha posado sus ojos en Guyana, con quien mantiene buenas relaciones desde 1974.

En la última cumbre del CARICOM, el presidente cubano apoyó la postura de Georgetown en el tema del Esequibo, un conflicto viejo entre Venezuela y Guyana, pero que ahora se ha avivado con el descubrimiento de un gran yacimiento de petróleo y gas, en esa región fronteriza; que la oposición venezolana y parte de la prensa sostienen que Hugo Chávez, bajo el influjo de Fidel Castro, habría cedido al país vecino.

La política exterior cubana, que es pragmática desde la decepción juvenil de Castro con la URSS, en el otoño de 1962 y aquellos misiles de ida y vuelta, se tendrá que mover ahora con más cautela y flexibilidad que nunca porque coincide la ruina socioeconómica de Cuba con el cerco de Donald Trump.

A fin de cuentas, estamos ante una contradicción –otra más– de la casta verde oliva, capaz de dialogar con diferentes interlocutores en el plano internacional, mientras reprime toda discrepancia pacífica en la isla, pese al reconocimiento de Díaz-Canel hace unos días en Irlanda de que no todos los cubanos apoyan al tardocastrismo.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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