Pollito de cuatro patas y su dueño, José Antonio Peñate Mesa Foto © ACN/ Yenlis Lemus

Nace un pollito con cuatro patas en una comunidad rural de Cuba

Un pollito con cuatro patas es por estos días la admiración de la comunidad rural de Paso del Medio, situada en la periferia de la ciudad de Matanzas.

La pequeña ave, a quien su dueño bautizó como El Giro, es totalmente normal y se mueve por el patio de su casa.

No obstante, a veces se retrasa en relación con el resto del grupo, ya que al parecer las dos patas que están más cerca de su cola están demasiado unidas y carecen de movilidad, lo que provoca que el animal se enrede entre las hierbas.

“En mis 67 años de vida nunca antes vi un caso como éste, es toda una atracción para la familia, los nietos lo fotografían y los amigos que no lo han visto desconfían de su existencia”, dijo su orgulloso propietario, José Antonio Peñate Mesa, a la Agencia Cubana de Noticias.

Según explicó, al tener el nido prácticamente vacío, reunió huevos de varias gallinas hasta juntar 10, de los cuales nacieron siete crías, entre ellas El Giro.

En Cuba se han reportado varios nacimientos de aves cuadrúpedas. El más reciente sucedió en 2016 y fue dado a conocer por el diario Juventud Rebelde.

Aquel era un caso muy similar al actual, que ocurrió en el gallinero de un campesino del municipio San Cristóbal, en Artemisa, donde nació otro pollito con cuatro patas.

Los dueños, una pareja que se dedicaba a criar animales, contaron entonces que jamás habían visto algo así en todo el tiempo que llevaban dedicados a producir aves de corral.

El animal nació con dos patas extras de menor tamaño: una nacida de un ala y otra entre las dos primeras del cuerpo. Las extremidades “sobrantes” no las usaba para caminar.

Fue el único que presentó la extraña malformación, de un total de cinco huevos que puso la gallina. Con más de 20 días de nacido se comportaba de modo similar a sus demás “hermanos”, desplazándose sin dificultad y con buen equilibrio.

En la isla ha habido otro nacimientos de pollos con más de dos patas: uno en los años 90, en Las Tunas, y otro en 2005, en Matanzas.

Al parecer, esta curiosa característica se debe a una malformación genética que se da cuando la gallina logra un huevo fertilizado por un gallo emparentado con ella, una consanguinidad que provoca que se reproduzca un gen recesivo.

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