Hotel Memories Varadero Foto © CiberCuba

¿Un Varadero para el turista nacional y otro para el extranjero?

Los cubanos nos quejamos a menudo de que el trato que recibe un turista extranjero no se parece al que le toca a uno nacional. Y nos quejamos con razón. Porque le ofrecemos lo mejor al que viene de afuera. Porque damos por sentado que tiene más dinero y que, por eso, vale más.

Pocos somos lo que podemos ir a un hotel y lo hacemos normalmente en el verano, que es cuando los precios son asequibles, si por asequible se entiende una tarifa por persona por noche que supera el salario promedio de un trabajador cubano. Pero, así y todo, en julio y agosto llenamos bastante los hoteles. Al menos los más económicos.

Como era de esperar, después de cuatro meses de aislamiento impuesto por el coronavirus, el “cubaneo” se ha desatado en las últimas dos semanas en Varadero, el principal balneario del país. Con unos diez hoteles abiertos allí exclusivamente para el turismo nacional, los tumultos están a la orden del día.

Aunque las autoridades del sector prometieron que el sistema de alojamiento abriría los hoteles según lo requiriera la demanda, respetando las normas higiénico-sanitarias y manteniendo una estricta vigilancia epidemiológica, son pocas las opciones que tiene ese destino para los locales.

Hasta hace solo unas horas, la versión oficial indicaba que al concluir el mes que corre debía estar recibiendo clientes nacionales solo el 30 por ciento de la planta hotelera del más importante destino cubano de sol y playa.

Sin embargo, en teoría, el paso de casi todo el país (excepto las provincias de La Habana y Mayabeque) a la tercera fase de recuperación del Covid, que se hará efectivo el próximo 20 de julio, comprende el acceso de los cubanos a otros polos turísticos, destinados hasta ahora a recibir únicamente a los internacionales, así como la reorganización del alojamiento dentro de Varadero.

En otras palabras, las diferencias entre cubanos y extranjeros se harán más marcadas, ahora que coexistirán hoteles para los de adentro y hoteles para los de afuera. Hoy, entre las instalaciones abiertas para los nacionales en Varadero destacan el Memories Varadero, Sol Palmeras, Brisas del Caribe, Kawama y Villa Tortuga, elegidos por ser de los preferidos habitualmente por el turismo local.

Si se tienen en cuenta los altos precios que debemos pagar los que pertenecemos al llamado “mercado interno” para hospedarnos allí, lo más correcto sería que tuviéramos más alternativas para escoger y que los hoteles tuvieran un menor porcentaje de ocupación -y no el 60 por ciento con el que funcionan hoy-, para que estuviéramos realmente seguros.

En el bombo ahora está el Memories. Aunque para quedarse allí hay que alquilar por lo menos tres noches (cada una por el costo de 52 CUC), permite la entrada gratuita de un menor de 12 años, lo que agradecen enormemente numerosas familias cubanas.

Una noche en el Sol Palmeras, el hotel mixto más antiguo de Cuba, manejado por la cadena española Meliá y por la estatal Cubanacán, tiene un precio de casi 70 CUC (el salario medio en la isla es de unos 42) para adultos y la mitad para los niños.

Las tarifas más baratas rondan los 45 CUC en hoteles como Brisas del Caribe y Tuxpan. En tanto, la noche en Kawama y Villa Tortuga, que son de los hoteles más visitados tradicionalmente por los cubanos, puede costar 53.

Aunque se espera que en la tercera fase la renta de autos se restablezca completamente, en medio de una crisis económica agudizada por la carencia de divisas y el desabastecimiento de alimentos y aseo, la transportación de los turistas está siendo irregular, ya que no todas las empresas la garantizan y muchos nacionales llegan a Varadero por medios propios.

Una turoperadora consultada por CiberCuba afirma que llueven las quejas de clientes que no tienen carros particulares o no pueden pagar por lo menos 80 CUC por un taxi que los traslade desde La Habana, todavía inmersa en la primera fase.

Otros aseguran que en los restaurantes “se forman colas como las del pollo” a la hora de desayunar, almorzar o comer. Si cuesta mantener el distanciamiento físico en la calle, imaginémonos cómo será en ese restaurante o en una piscina.

Afrontémoslo: las de por sí pobres opciones recreativas de un verano cualquiera en Cuba están hoy más mermadas por las limitaciones del Covid, que le dan más quehacer y menos recursos a un trabajador hotelero que no ve en un cubano la misma ganancia que en un extranjero. Porque el cubano come y toma más. Porque el cubano siente que no se puede ir del hotel sin haber consumido cada centavo que pagó por un "Todo Incluido" para su familia.

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