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La crisis del transporte en Matanzas ha alcanzado un punto crítico que golpea con especial fuerza a quienes sostienen uno de los sectores más estratégicos del país: los trabajadores del turismo.
Miles de empleados de hoteles y servicios asociados -clave en la economía nacional- se enfrentan cada día a una odisea para llegar a sus puestos y regresar a casa, en un contexto donde las fallas del sistema ya no son episodios aislados, sino parte de la rutina.
El escenario descrito por el periódico Girón revela un deterioro que no admite matices.
La empresa Transmetro, encargada de transportar al personal turístico, ha dejado de garantizar los niveles de servicio que durante años permitieron la movilidad en Varadero, Matanzas y Cárdenas.
Hoy, las guaguas que antes funcionaban con relativa estabilidad no solo fallan con frecuencia, sino que han visto desaparecer turnos completos, provocando esperas interminables, jornadas extendidas y un desgaste que se siente en toda la cadena laboral.
El día a día convertido en carrera de obstáculos
Historias como la de Wicho, un veterano trabajador con 36 años en el sector, ilustran la magnitud del problema. Vive a 50 kilómetros de su hotel, y su rutina -que ya era agotadora- se ha vuelto impredecible.
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Antes podía depender casi siempre del ómnibus que lo recogía en Cárdenas y lo llevaba a Varadero. Hoy no sabe si la guagua pasará por la mañana, ni si podrá regresar a las 3:30 pm como solía hacer, porque ese horario desapareció. Debe esperar hasta las 5:30 pm, con la incertidumbre de si el viaje siquiera ocurrirá.
Mientras tanto, una multitud de trabajadores desesperados intenta llegar "como sea": motos improvisadas, autos particulares, aventones, cualquier medio que se consiga para no perder parte del salario por llegar tarde.
Y si en la entrada al hotel cada llegada es una pequeña victoria, en la salida se repite la misma pesadilla, con paradas colapsadas y multitudes intentando montarse en las pocas guaguas que quedan.
Un sistema colapsado
Detrás de este caos hay un problema estructural: el transporte público matancero opera con apenas el 32 % de un plan de combustible ya insuficiente de por sí.
Esa reducción ha llevado a que en ocasiones la disponibilidad para el transporte de pasajeros sea "cero", según reconoció el propio director de la Empresa Provincial de Transporte.
Transmetro, que antes recibía combustible garantizado para los trabajadores del turismo -8,500 litros diarios para Matanzas y 6,500 para Cárdenas- ahora debe lidiar con entregas muy por debajo de esas cifras.
En algunos momentos, la ruta Matanzas–Varadero ha contado con apenas 3,000 litros, una caída drástica para un circuito que depende de numerosos ómnibus funcionando a la vez.
A esto se suma un parque vehicular en ruinas: de los 145 ómnibus ideales, apenas 66 amanecen en operación en Matanzas. El resto está paralizado por falta de neumáticos, baterías, piezas de repuesto y lubricantes.
El resultado es una oferta de transporte incapaz de cubrir la demanda real. Los horarios se reducen, se unifican y dejan a cientos de personas acumuladas en unos pocos turnos.
Y cuando fallan las guaguas -algo que ocurre cada vez más- se genera un efecto dominó que termina traspasando el límite de lo tolerable.
"Segunda posición": un parche que no resuelve
Como respuesta, Transmetro implementó una solución improvisada: el llamado sistema de "segunda posición". Cuando una guagua cumple su viaje, regresa para recoger a quienes quedaron varados.
Pero aunque esta medida permite mover a algunos trabajadores, las consecuencias para ellos son negativas: si llegan tarde al hotel, pierden dos o tres horas de salario; si deben quedarse más tiempo esperando por un relevo, esas horas extras no se les pagan.
La secretaria general del Sindicato Provincial de Hotelería y Turismo lo explicó con crudeza: después de 24 horas de trabajo, si el relevo no llega y deben permanecer cinco horas adicionales, no solo se agotan, sino que ofrecen un servicio deteriorado. Y los clientes se dan cuenta.
Pese a esto, algunos directivos insisten en minimizar la crisis.
Funcionarios de Transmetro aseguran que "no existe inestabilidad", solo "algunos atrasos", y afirman que nadie queda sin transporte porque siempre aparece la segunda posición.
Sin embargo, los trabajadores prefieren evitar ese sistema precisamente por el daño económico y físico que implica.
Además, los problemas de comunicación agravan la situación: aunque se informa a los directivos del turismo sobre las rutas afectadas desde la noche anterior, esa información no siempre llega a los empleados que dependen de ella para organizar su día.
Medidas que agravan el problema y soluciones rechazadas
En vez de resolverse, la crisis se profundiza.
Para lidiar con la falta de combustible y de ómnibus, Transmetro ha unificado turnos, lo que genera guaguas aún más congestionadas y obliga a muchos trabajadores a buscar alternativas privadas que no siempre pueden pagar.
A esto se suman reportes de choferes que se niegan a recoger o dejar personal en paradas unificadas, alegando que "no les toca", e incluso casos de maltrato verbal. Todo ello en un momento donde la cooperación debería ser un requisito mínimo.
Las propuestas del sindicato -como contratar ómnibus de Transtur, que sí dispone de vehículos y combustible- han sido desestimadas porque, según se argumenta, esa empresa solo puede transportar turistas.
También se rechazó la opción de contratar transportistas privados. Mientras tanto, los trabajadores siguen pagando por adelantado un servicio que no se les garantiza.
Una esperanza tenue
Pocas horas antes de la publicación de Girón, se informó que el suministro de combustible empezaba a normalizarse y que se anunciarían nuevas medidas para aliviar la carga del personal turístico.
Sin embargo, después de meses de precariedad, la expectativa es cautelosa.
Hasta que no haya soluciones reales, miles de empleados -como Wicho. seguirán levantándose de madrugada, improvisando rutas, acumulando retrasos, perdiendo salario y llegando agotados a un sector que exige excelencia.
La crisis del transporte no solo castiga su tiempo y sus bolsillos: también erosiona la calidad del servicio turístico en una provincia donde la economía depende, literalmente, de que las guaguas pasen.
Preguntas frecuentes sobre la crisis del transporte en Matanzas
¿Cuál es la situación actual del transporte en Matanzas?
La crisis del transporte en Matanzas ha alcanzado un punto crítico, afectando especialmente a los trabajadores del turismo. La falta de combustible y el deterioro de los vehículos han colapsado el sistema, provocando largas esperas y dificultades para que los empleados lleguen a sus lugares de trabajo.
¿Cómo afecta esta crisis a los trabajadores del turismo en Matanzas?
La crisis del transporte ha convertido el día a día en una odisea para los trabajadores del turismo. La falta de servicios de transporte fiables obliga a muchos a buscar alternativas como motos improvisadas, autos particulares o aventones, lo que no solo afecta su puntualidad y salario, sino también su bienestar físico y emocional.
¿Qué medidas se han intentado implementar para resolver la crisis del transporte?
Se han adoptado soluciones como el sistema de "segunda posición", donde una guagua regresa para recoger a los trabajadores que quedaron varados. Sin embargo, estas medidas son insuficientes y presentan desventajas como la pérdida de horas de salario y el agotamiento del personal. Propuestas como contratar ómnibus de otras empresas han sido rechazadas.
¿Cuáles son las causas estructurales de la crisis del transporte en Matanzas?
La crisis del transporte en Matanzas se debe a varios factores estructurales, como la escasez de combustible, el deterioro del parque vehicular y la falta de piezas de repuesto. Solo el 32 % del plan de combustible está disponible, y la mayoría de los ómnibus están fuera de servicio por falta de mantenimiento adecuado.
¿Cómo se relaciona la crisis del transporte con la situación general en Cuba?
La crisis del transporte en Matanzas es un reflejo de los problemas más amplios en Cuba, donde la infraestructura está deteriorada y los recursos son limitados. La falta de combustible y piezas de repuesto afecta no solo al transporte, sino también a otros sectores críticos, como el turismo y la economía en general.
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