Mariela, ¿esta también es tu casa?

Para el marxismo, el fundamento de la riqueza es el trabajo, el cual genera una plusvalía que el capitalismo vuelve a reinvertir acumulado al capital primitivo causando la alienación y deshumanización del trabajador, creando élites sociales y sustituyendo las relaciones humanas individualmente por relaciones de consumo explotador y socialmente por lucha de clases.


Este artículo es de hace 1 año

La compañera Mariela Castro Espín parece poseída por una pasión inmobiliaria que le bloquea su militancia en el partido comunista y la arrastra por los senderos de Miramar en busca de una pieza colosal, no una mínima pieza, que ella y Titolo puedan alquilar.

Un fotógrafo italiano encontró la dicha en La Habana, una mujer blanca, universitaria y heredera de parte de dos imperios: Castro, S. A. y Bacardí, por esas cosas de la sangre que la política no entiende y por esos atajos del amor, Paolo Titolo iba buscando al Che y se tropezó con una divorciada de un guerrillero, que le movió el piso e hizo hueco en su corazón.

Papá Raúl, sabiendo que su niña al fin había encontrado la estabilidad emocional que toda gran fortuna exige, regaló a Mariela el casoplón de Siboney, antes de unirse en prudente separación de bienes: Lo mío es mío y lo tuyo es tuyo, con el galán siciliano, con notable experiencia en mafias porque ayudó a documentar la historia de la cosa nostra en su natal Palermo y alrededores.

Vecinos de la Séptima Avenida esquina con la calle 66, en Miramar, llevan meses observando la transformación de una vivienda de dos plantas con visitas diarias de Mariela y Paolo para controlar hasta el más mínimo detalle de su nuevo nidito de alquiler en dólares, esa moneda imperialista que tanto dolor causa al pueblo cubano.

La pareja tuvo el detalle de parar las obras en esos días tristes de enero, cuando murieron tres niñas de once y doce años por un desgraciado derrumbe en el humilde barrio de Jesús María, donde se sientan los pobres a ver pasar el tiempo porque otra cosa no tienen.

Pero en cuanto la cúpula verde oliva superó el miedo, reiniciaron las obras a ritmo de contingente, que volvió a detenerse por el coronavirus, que ahora impide a la dichosa pareja colocar su casa en el selecto mercado de alquiler de viviendas de lujo en La Habana mísera que construyó la revolución golpe a golpe, verso a verso.

Al menos Mariela y Titolo y algunos más, han cumplido su sueño del Moncada; ahora falta la mayoría del pueblo cubano que sigue siendo Juan sin nada; mientras la familia Castro-Espín y sus consortes insisten en vacilar el comunismo de consortes que su papá inauguró en el II Frente Oriental Frank País, otro cubano caído por lo que nunca imaginó.

Elizabeth Valdés, sus hijas y su marido, aún no han visto coronado sus esfuerzos por tener una vivienda decorosa, pese a que habitan en un edificio declarado en ruina hace años y que ha sufrido tres derrumbes en un año.

Las cosas de una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes hacen que unos pocos acumulen mansiones y otros muchos, muchísimos, derrumbes.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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