Le hablaron por el pinganillo: Israel Rojas rectifica en voz baja tras polémico mensaje sobre el “anciano venerable y su familia”



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Israel Rojas y Raúl Castro © Facebook / Israel Rojas Fiel - cmkc.cu
Israel Rojas y Raúl Castro Foto © Facebook / Israel Rojas Fiel - cmkc.cu

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Al trovador Israel Rojas, líder del dúo Buena Fe y uno de los voceros culturales más constantes del oficialismo cubano, le hablaron por el pinganillo y ahora intenta cerrar la tormenta que él mismo desató tras su polémico texto asegurando que no daría su sangre “por un presidente, ni por un venerable anciano, ni por su familia”

Su nuevo mensaje, publicado dos días después del revuelo causado por la nota de CiberCuba que llamó la atención sobre sus palabras, adoptó un tono introspectivo y moralizante, adornado con la sabiduría de autoayuda del superventas brasileño Paulo Coelho

“Creo en las obras más que en las palabras… Independientemente de que a veces puedan ser adecuadas o no, las opiniones van y vienen. Una onza de acción vale lo que una tonelada de palabras”, zanjó el cantautor apoyándose en las ideas del best seller de Río de Janeiro (“el mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión”). 

Aunque no mencionó el episodio anterior, la frase es, en los hechos, una rectificación indirecta. Es su manera de reconocer —sin decirlo abiertamente— que su arrebato patriótico anterior fue una salida de tono inusual en él, una opinión arrebatada de fervor patriótico, un género menor (opinión) en medio de su gran obra (su ejemplo como artista consagrado a la llamada “revolución”). 

Del patriota absoluto al equilibrista del discurso 

En su mensaje original, Rojas no pretendió deslindarse del poder de los Castro, sino colocarse por encima de él: presentarse como el patriota puro que lucha por la “Cuba soberana”, por las ideas de Martí y por la dignidad del hombre, más allá de cualquier figura política. 

Era una autoproclamación moral: el trovador que no sirve a líderes, sino a causas. Pero, en ese intento de santificarse como el más revolucionario entre los revolucionarios, se le escapó la frase prohibida.  

Al escribir que no moriría “por un venerable anciano, ni por su hijo o nieto, ni por su familia”, terminó rozando un tabú: nombrar, aunque fuera de modo indirecto, la dinastía Castro y su estructura hereditaria de poder. 

El gesto no fue rebelde, pero sí disonante. Y en un entorno donde los matices son sospechosos, la desentonación basta para encender alarmas. 

La nota, la ira y la rectificación 

El 4 de febrero, CiberCuba publicó una nota que interpretó el texto de Rojas como un acto de “insubordinación metafórica” y un intento de salvar el mito de la revolución sacrificando a sus santos. 

La reacción del músico fue inmediata y airada: un post en el que arremetió contra el medio con insultos y sarcasmos (“Cibermierda cada día está más desprestigiada…”).  Ese estallido verbal no hizo más que confirmar su incomodidad.

Captura de pantalla Facebook / Israel Rojas Fiel

Horas después, Rojas pareció comprender que había perdido el control narrativo. Y, fiel a su estilo, buscó recuperar la compostura con barruntos de lirismo moral envolviendo su obediencia y cobardía. 

El nuevo texto, centrado en la idea de que “las acciones valen más que las palabras”, funcionó como una retirada calculada: no pidió disculpas, pero reconoció que sus palabras pudieron ser “inadecuadas”

Fue, en suma, una autocrítica camuflada de superioridad ética, en la que todavía enterró aún más su discurso inflamado y abrió la puerta nuevamente a la polisemia, ese recurso que le permitió llamar “anormales” a sus seguidores que no entendieron el sentido de sus letras. 

La grieta del trovador fiel 

El episodio ha dejado a Israel Rojas en una posición ambigua. 

Su primer texto lo mostró como un hombre que se cree dueño del fuego sagrado de la patria; su segundo, como un pollito mojado que siente la necesidad de explicarse sin explicar nada, reacción típica de los pusilánimes que arrastran cargos de conciencia. 

Y entre ambos, un insulto público a un medio de prensa independiente que puso y pone en evidencia lo que su retórica quiso y quiere ocultar: la fragilidad de quien depende del poder al que canta. 

En apenas tres días, Rojas transitó del patriotismo épico al repliegue moral, intentando rescatar su credibilidad en medio de una polémica que reveló su contradicción más profunda: el artista que quiere aparentar que es libre, pero sin dejar de ser oficialista

No hay desafío en sus palabras, pero sí un síntoma: el cansancio de un discurso que ya no emociona ni convence, ni siquiera a quienes lo repiten por hábito. 

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