Banco en Cuba (imagen de referencia) Foto © CiberCuba

Gobierno de Cuba pone en marcha su terapia de choque

El disimulo y el sigilo se han convertido en recursos del régimen cubano para deslizar su maltrecha economía hacia un escenario de medidas de choque que contradicen los cacareados ideales de justicia social.

En una presentación en la Mesa Redonda el pasado 28 de julio, la ministra de Finanzas y Precios, Meisi Bolaños Weiss, y la ministra presidenta del Banco Central de Cuba (BCC), Marta Wilson González, lanzaron las bases de un plan de emergencia económica que parece olvidar los preceptos del discurso político que han sustentado el sistema socialista.

Son los pilares de una transformación en marcha que tendrá un impacto severo en el futuro del país, hundido en una crisis estructural que se agravara si el gobierno se obstina en buscar soluciones especulativas y no productivas para reflotar la economía nacional.

Quizás no se ha puesto suficiente atención en estas declaraciones, que tienen incluso una trascendencia de mayor magnitud que los parches de salvamento de las tarjetas magnéticas y las tiendas en dólares abiertas desde el pasado octubre.

Las dos mujeres del gabinete que hablaron en la Mesa Redonda marcaron sin dudas un momento histórico, pues protagonizaron sin mucha publicidad la entrada del país al mercado de la deuda pública, lo que significa seguir empeñando al país, esta vez con la venta de los llamados Bonos Soberanos de la República de Cuba.

Los cubanos deben saber que el término bono soberano hace referencia a los vales o cupones que emite el gobierno de un país. Y la razón por la que son emitidos estos bonos no es otra que obtener dinero para financiar servicios gubernamentales y el déficit presupuestario.

Los flamantes bonos se venderán a empresas -no se aclara si solo cubanas o también extranjeras- y a personas naturales o inversionistas, no se sabe tampoco si cubanos residentes en la isla o podrán incluirse los de la diáspora.

No es ocioso mencionar aquí que Cuba viene arrastrando una millonaria deuda con el Club de París, lo que le ha concedido moratorias de pago de países como Rusia, México y China, y le ha servido para condonar millonarias sumas de su deuda exterior.

Ahora, con el país inmerso en una pronunciada crisis que agravó la pandemia de coronavirus, el régimen opta por sacar sus armas letales. Vender una deuda pública significa sacarle más dinero del bolsillo al sector privado para contribuir a la Seguridad Social, mientras que gravarle un impuesto a la “improductividad agrícola”, en un país con miles de caballerías de tierras ociosas y plagadas de marabú, es atenazar a un campesino ahogado por ese valladar de la ineficiencia estatal llamado Acopio.

El régimen anuncia que venderá deuda pública al mejor postor y tendrá que hacerlo con altos intereses, porque el país no es confiable, no paga nunca a tiempo y no produce para respaldar su moneda. Con semejantes credenciales no puede respaldarse un título de deuda, a menos que el casi nonagenario Raúl Castro, sus allegados de GAESA y la banda de ineptos que encabeza el designado Miguel Díaz-Canel ya tengan decidido que mientras el pueblo resista estoicamente y los dólares enviados desde el exterior sigan permitiendo la sobrevivencia, la jerarquía gobernante venderá la isla a futuro para que esa carga le toque a las nuevas generaciones.

La mansedumbre del cubano, tan indiferente y apático a tomar acciones contra el gobierno, podría estar llegando a un punto de no retorno.

Las tiendas en divisas son un botón de muestra, teniendo en cuenta la avalancha de reacciones que han desatado en días recientes entre personas tradicionalmente apegadas al discurso oficial. Pero el régimen apuesta a que las críticas solo quedarán en las redes sociales, que han devenido en válvula de descompresión social en ausencia de otras acciones contra esos impúdicos establecimientos para la estafa gubernamental. Todavía falta mucho por ver en este mapa de maniobras gubernamentales y penurias de la población cubana.

En el exilio cubano crece una franja demográfica de quienes escaparon para buscar mejor vida sin importarles las humillaciones que dejaron atrás y pesan sobre los hombros de sus compatriotas. Justamente esa es la semilla que sembró el régimen cubano. Más de medio siglo de abusos ha destruido una zona moral del pueblo cubano y ha neutralizado a quienes pudieron salvar el país: los jóvenes. El panorama es muy grave, pero lamentablemente la prensa de Miami solo habla de remesas y de agencias de viaje en problemas, porque asumen que en ellos les va su impacto en la audiencia y no en "temas difíciles".

Esta Mesa Redonda del pasado martes -nuestro Martes Negro- es, a mi juicio, más importante que toda la algarabía con que un Díaz-Canel descompuesto y tenso anunció la apertura de las 72 tiendas en dólares días atrás. Si la inauguración de las tiendas implicó un robo a mano armada, bajo la promesa dudosa de no abandonar a los cubanos que no reciben dólares, lo que escuchamos por boca de las dos ministras es la punta del iceberg de una mayor traición perpetrada contra el pueblo cubano.

El paquete de medidas que se implementará en el país en meses venideros, con la unificación monetaria como estandarte de la reorganización financiera, no solo compromete el futuro de Cuba, sino que pudiera arrojar un nefasto período represivo, ya con señales visibles en el escenario nacional.

Ya no se podrá decir más que “somos continuidad”, porque para mantenerse en el poder, el gobierno que rige el Partido Comunista de Cuba como "fuerza superior de la sociedad y el Estado" se apresta a poner en marcha un capítulo de perfidia.

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Sergio Comas

Abogado y analista político. Reside en Miami.

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