Cartel de la película Burning Bush Foto © HBO

Lo que hay que ver: Burning Bush

La traducción literal es ZARZA ARDIENTE.

Y sí que "está en candela", esta magnífica producción del ya lejano 2013 y que pudo verse en HBO.

Anda por ahí, por los "paquetes"

Quemándose lo deja a uno por dentro.

¡Qué intensidad, madre mía!

Es una serie de tres capítulos. Pero, una serie tan corta es, en verdad, tres películas.

Y de la mano de una EMINENTE realizadora, como lo es AGNIESKA HOLLAND -quien, amén de haber nacido en Polonia, se educó, cinematográficamente, en la antigua Checoslovaquia y luego fue asistente, casi adoptada, del genial director ANDRZEJ WAJDA- es un TRONCO de peliculón, en tres partes.

Que, por supuesto, se filmó como un único proyecto.

La película original es de cuatro horas.

Basada en hechos y personajes reales, este potente drama -que ocurre en el año 69, durante la ocupación soviética a Checoslovaquia- comienza con un joven que, al estilo bonzo, se autoinmola, prendiéndose fuego, en el medio de una plaza, en Praga.

¡Fuerte, ¿no?!

Pero, esta no es, únicamente, la historia de JAN PALACH -que fue el ser real- sino, de lo que se desencadenó, luego de su sacrificio.

Cuando, DAGMAR BURESOVÁ, una abogada joven, asumió defender a la familia del mártir, en un juicio contra un despreciable dirigente del gobierno-partido comunista, por denigrar, deshonrar y despreciar la memoria del joven fallecido, para así borrar, minimizar y silenciar, a una acción heroica por la libertad del país.

Y es, sobre todo, la historia de la madre del finado, luego de enfrentar el tan abismal, como inenarrable, trauma.

Hay que quitarse el sombrero con la actuación de la actriz que la interpreta, JAROSLAVA POKORNÁ. Que no debe ser, ni la chancleta, de lo desoladoramente espeluznante que debe haber vivido el personaje real.

Por eso, es la historia, también, de persecusiones, intrigas, delaciones, censuras, ocultismos, maquinaciones políticas de las más sucias, chantajes y arbitrariedades increíbles; que se sucedieron, con total impunidad, en una muestra de lo que genera ese macabro sistema socialista, que dice velar por su pueblo, cuando en verdad, lo explota, lo manipula, lo engaña, lo desangra y lo extorsiona. ¡Sin siquiera admitirle el derecho a la protesta!

Oscuridad que conoció, muy de cerca, la misma realizadora, cuando le fue impedido estudiar en su país y su padre se suicidó, lanzándose por una ventana, porque le imputaron falsas acusaciones. Ella sabe de lo que está hablando.

La reconstrucción de época es tan bestial, que a uno le parece estar viendo una película de esos años.

El tratamiento del color, juega tanto con los contraluces y con los tonos apagados, que se entrelazan, sin molestia alguna, con imágenes de archivo, incluso, las que son en blanco y negro.

Hay algunas escenas fortísimas de como un burócrata, un agente, o un hijo de puta, te puede hacer yogurt la vida y se la arruina a él mismo, al propio tiempo.

Personajes que, por desgracia, aún pululan por "nuestros campos y ciudades".

Dirigentes corruptos, funcionarios sobornados, mentiras por todos lados, consignas, lemas, discursos y miedo, mucho miedo esparcido por todo el aire.

La tortura psicológica, el acecho, el escarnio público y la desmoralización a la que fue sometida la madre, por demandar al estado e intentar limpiar la memoria de su hijo, es de una crueldad sin límites.

De bestias va esta denuncia.

De la producción a mansalva de un sistema que promueve el odio, el silencio, la monotonía y la grisura.

TATIANA PAUHOFOVÁ -quien aparece en el cartel que acompaña a esta recomendación- encarna con aplomo y elegante verosimilitud, a la joven que se erigió en defensora de derechos humanos inalienables y que luego, llegó a ser ministra de justicia, cuando ocurrió la real liberación del campo socialista, muchos años después.

Su última escena es maravillosa. Sin palabras. Llora ella más por dentro, que por fuera.

Por no mencionar la postrera secuencia de la progenitora, con la que "termina" todo, cuando en realidad, le empieza, por dentro, al espectador, un vendaval de indignación y de agrietado asombro ante tanta bajeza fascista y comunistoide fechoría.

Filme grande este.

A la altura de LA VIDA DE LOS OTROS y de tantas otros monumentos fílmicos que se han hecho sobre el tema.

A los cubanos nos toca MUY de cerca.

¡Búsquenla!

NO SE LA PIERDAN.

Es alimento de primera para pensar.

Y ARTE CINEMATOGRÁFICO de refinada calidad, con vehemente compromiso por la verdad, la libertad y la justicia.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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