Attacking the Devil: Harold Evans and the Last Nazi War Crime Foto © Dartmouth Films

Lo que hay que ver. Attacking the Devil: Harold Evans and the Last Nazi War Crime

Está en Netflix. Pero, es algo diferente al rosario de bandidos, héroes de cartón, procesos judiciales y récords policiales que, por lo regular, ofrece esa cadena de transmisión on line.

Es un documental inglés -de más una hora y media- escrito y dirigido por una pareja: JACQUI MORRIS y DAVID, también, MORRIS, sobre un tema impactante.

Ahora, que se discute la veracidad y/o eficacia, o falsedad y/o peligro, de las vacunas de Rusia, Oxford, Israel, y/o China, es bueno, al menos, revisar este material que, advierto, puede ser demasiado fuerte de apreciar; pero es algo que precisa de ser conocido por el mundo y más que todo, que se saque experiencia de lo que fue esa espantosa, horripilante, tragedia farmacéutica, durante los años sesenta.

Esta es la historia del macabro "experimento" de un laboratorio -corporación, con curiosas conexiones a los realizados por los nazis, durante la Segunda Guerra Mundial- que hizo comercializar una pastilla, conocida como TALIDOMIDA, la cual atenuaba los pesados malestares de las mujeres, durante los embarazos pero dejó unos horribles y espeluznantes daños colaterales. Pues, muchas, muchas, muchas de esas criaturas, nacieron deformes y en el menos triste de los casos, murieron enseguida. Mas, otros aún viven lidiando con sus anomalías.

Y es, además y sobre todo, el documental sobre una batalla de la prensa LIBRE y de un grupo de periodistas, entre los que destaca el mencionado HAROLD EVANS, no solamente, por hacer público un crimen perverso, denunciarlo y pedir su retiro del mercado -preocupantemente vinculado con empresas del alcohol, también- sino por alcanzar una compensación, que aún así, no compensará jamás la existencia dañada, para con todas y cada una de las familias afectadas.

Léase, este filme resalta la importancia de algo que antecedió a las redes sociales, o a las denuncias en internet: el periodismo investigativo.*

* Algo que, en Cuba, vive condenado a la censura. Como todo lo demás.

Con mucho material de archivo y entrevistas con los involucrados. Sobre todo, con algunos de esos niños -hoy adultos- conviviendo con sus brazos atrofiados, nada desarrollados, o, también, sin piernas. Torsos parlantes, que reclaman algo de solidaridad, comprensión, notabilidad y entendimiento.

Entiendo que para muchos de los que se consideran "normales", este tipo de entrega puede resultar muy duro verla.

¡Imagínese usted estar en el lugar de alguno de ellos!

O de esas abnegadas madres que cargaron con la desgracia pues, la mayoría de los padres, las abandonaron y desaparecieron.

Por eso, como cuenta una de las entrevistadas, no solo han tenido que soportar el dolor, el sufrimiento y el acentuado sacrificio que soportan con estoicismo, de tener que sobrevivir con esas limitantes, e incapacidades sino, además -y tristemente- padecen el escarnio, la apatía, la soledad, la burla y la discriminación social. "Cuando arriban a un lugar, todo el mundo se desaparece en derredor. Y son siempre tratados con mucho recelo, cierto miedo, algo de resquemor y su poco desprecio".

Los miran como a monstruos. No como seres humanos distintos.

El cartel que promociona a esta propuesta y que acompaña a estas palabras, me parece un hallazgo, una buena idea.

Me encanta.

Y me remite a la polémica desatada, hace muy poco, por el diseño del cartel elegido para la próxima edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana, de este año.

Que, al paso que vamos, pienso que será digital.

Y/o transmitido por la televisión.

Ese afiche, acorde a mi modesta opinión, para estos "medicables" tiempos infecciosos que corren, o que nos encierran -nos curan, o nos enferman- es perfecto.

Cartel Attacking The Devil

Incluso, a aquellos que alegan que es inentendible, les cuestiono si alguien puede entender todo este embrollo que está aconteciendo.

¿Cuales serán los daños colaterales de las "soluciones" que nos propone la "nueva normalidad"?

Nadie sabe ni un cojín.

Bendito y sano.

Y/o ya uno no tiene -ni sabe- a quién creerle.

Lo que se puede ver es aún una más densa oscuridad en el túnel.

Es decir, no se ve, ni cojines.

Vale, pues, el beber en la experiencia vivida, sufrida; ganada, o perdida.

Y me atrevo a recomendarles este interesante documento porque habla, no de vencedores, sino de seres que nacieron perdiendo.

Y aún así, se han robado el derecho a existir.

Lo barato termina costando siempre mucho más caro.

SUGERENCIA IMPORTANTE:

Eso sí, trate de apreciar esta proposición de día.

No es como para acostarse a dormir, después de verlo.

Y/o, por si las moscas, ándese con cuidado con lo que se inyecte.

Sobre todo, en la mente.

Que quien no escucha consejos...

Se queda en esa.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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