Cartel de la película The Crimes That Bind Foto © Netflix

Lo que hay que ver: The Crimes That Bind

Así es como aparece su título en Netflix.

Que, aunque tiene algo que ver, me hizo reflexionar porque pensaba que esas barrabasadas de cambiarle los nombres a las películas, solo ocurrían en los casos en español.

Y me pregunto: ¿qué sentido tiene?

Esta película argentina se llama Crímenes de Familia y basta.

Netflix

Eso no es nada difícil de traducir como tal.

¿Para qué sustituirle la identidad, con otro título, que se puede traducir como El crimen que une?

¿En nombre de qué?

¿Son más inteligentes que los creadores?

Y tampoco, la respuesta es que existen otras obras bajo el mismo nombre, porque no sería ni la primera, ni la ultima vez que esto acontece.

En fin.

Me molesta mucho cuando alguien se erige -por el motivo que sea- en dueño y señor de una obra ajena y salta sobre la creación de un artista, para anularla, re-haciéndola, malamente, como suya.

El título de una obra es lo primero que se topa con el espectador.

Incluso, sin necesidad de ir al cine, o darle play para verla.

Es su bandera.

Algo pensado, estudiado, creado.

Todo un arte.*

*Del que me considero un fanático pues, me encanta titularlo todo.

Pero, aquí Netflix decidió cambiar la propuesta original de su escritor y director Sebastián Schindel.

O de su otro guionista Pablo del Teso.

Y ya eso me hizo empezar con algo de molestia.

Es decir, la inicié un poco incómodo.

El cine argentino ha dado sobradas muestras, a lo largo de toda la historia, de dar a luz, alumbrar y hasta resplandecer al mundo, con propuestas interesantes, novedosas y altamente significativas para el arte cinematográfico.

Este, no es un ejemplo de ello.

No es una mala película, mas, tampoco es nada del otro mundo.

Una pena, porque tiene un buen guion.

Igual, entretiene y se pasa bien el rato en su hora y media de duración.

Pues, tiene suspense y peso en su urdimbre.

Dice al principio que es basada en hechos reales.

Pero, imagino que se refiere a que este tipo de casos se suceden con frecuencia en la realidad.

Porque, en verdad, no hay ninguna referencia a un acontecimiento cierto en específico.

La historia es esta:

Una mucama comete un asesinato, horroroso, en el seno de un familia boanerense acomodada.

Alicia, la dueña de casa debe, además, enfrentar un amargo proceso para evitar que su hijo caiga preso, acusado de un intento de asesinato a su exesposa.

Ambas historias, se unen.

Un argumento hecho a la medida de una actriz.

Un buen papel para lucir.

Tengo que confesar que nunca he sido fanático de Cecilia Roth. Admiro su belleza, su voz profunda -que en el teatro debe ser un portento- y hasta su sensibilidad, e inteligencia. Pero, no me gusta. Su cara, para mí, es demasiado ancha y tiene un rictus en las comisuras de sus labios, que nunca me ha convencido.

Es casi al final del filme -cuando se produce el cambio en el personaje- que la pude sentir más natural, más cómoda, más relajada y un poquito más cercana a su interior.

Claro, que eso tiene que ver con el rol que interpreta y que ella resuelve con sobriedad y sobrada verosimilitud.

Empero, ese momento le llega demasiado tarde

Y es, curiosamente, cuando la película se vuelve tan interesante, que hubiese sido mejor indagar por estos lares, que por otros momentos menos trascendentes.

Pero, eso sería otra película.

Con otra actriz, también.

Y hay que aprender a apreciar las películas tal y como son. No tal y como queramos que ellas sean.

El filme nace sobre todo en la mente del espectador.

A su lado, con años encima, mas, todavía con el mismo aplomo y la misma osadía que ha acompañado a su carrera, el mítico Miguel Angel Solá, considerado, en su tiempo, por muchos, como el mejor actor de su generación, que, aunque aquí está bien, luce algo extraviado, como perdido. Tampoco el personaje es muy complicado y está apoyando a la actriz principal.

Falla, a mi entender, en eso, el casting de esta propuesta.

Sin embargo, son los jóvenes y menos conocidos intérpretes, los que sacan la cara y  muy bien por esta historia.

Yanina Ávila -la criada y casi sin hablar- Benjamín Amadeo, como el hijo; la conmovedora y súper convincente Sofia Gala, en el papel de la exnuera y Paola Barrientos, como la psicóloga.

Todos magistrales en sus pequeñas apariciones.

Como buena es la fotografía y la dirección de arte.*

* Con la que evoqué el par de años que viví en Buenos Aires, a principio de los años noventa.

El ritmo es un poco aletargado.

Lo cual no lo salva una edición, por más eficiente que sea, si el tempo, como pausado, está dictado desde la puesta en escena, quiero decir, desde los movimientos, o desplazamientos, de los actores en el encuadre, mientras se filma.

Igual, estas son impresiones muy personales. Gajes del oficio. Manías de un profesional, viejo, sentado viendo los toros, cómodamente, desde la barrera.

Repito, es una película que recomiendo porque puede mantenerle frente a ella, un buen rato -como me tuvo a mí- solo parando para mear, tomar agua, u hacer una que otra necesidad de las del diario devenir.

Lo bueno que tiene la tecnología, es que uno puede programar su tiempo.

No se necesita esperar porque haya algo bueno en las -por lo regular estúpidas, e incultas- programaciones televisivas.

Y aunque pude poner pausa y cogerme un descanso -durante un par de ocasiones- me quedé enganchado y volví, con muchas ganas de saber cómo terminaba todo.

La expectativa, en ella, crece.

De un tirón y sin parar, de seguro, mucho más.

Y el final convence.

¡Usted dirá!

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.