La invasión consentida, escrito por Diego G. Maldonado Foto © Portada del libro / Fidel Castro y Hugo Chávez Foto © Captura de pantalla / Trabajadores.cu

Cómo Cuba penetró a Venezuela, el relato de un infiltrado en el chavismo

El autor del libro La invasión consentida, Diego G. Maldonado, ha ofrecido declaraciones sobre el panorama actual de lo que considera la “relación desigual” entre Cuba y Venezuela, la influencia del gobierno de Cuba sobre la política del país sudamericano y el incremento de la persecución del régimen de Nicolas Maduro a la prensa independiente.

¿Cómo explicar que un país con los recursos de Venezuela sucumbiera a financiar en calidad de quasi servidumbre a una isla en decadencia? La hermandad entre los pueblos no alcanza para comprender este sinsentido que, a juicio de un periodista independiente que logró infiltrarse en el régimen de Hugo Chávez, es “un fenómeno único, uno de los más peculiares en la historia de América Latina y de la geopolítica mundial”.  

El libro La invasión consentida se aventura a ofrecer una explicación. Más bien, es una aproximación didáctica y amena a un tema complejo como la historia de las relaciones Cuba-Venezuela, y lo hace desde la literatura. La obra es, acaso, una documentación histórica novelada. Diego G. Maldonado es el autor (o su seudónimo), y el infiltrado.

En declaraciones al diario Infobae, el autor responde sobre la percepción de los venezolanos ante acuerdos de su Gobierno con Cuba, y destaca que lo que hizo saltar las alarmas fue “el sesgo político” de estos acuerdos. El infiltrado mencionó “la opacidad de los acuerdos con la isla, la politización del asunto por parte de Chávez y su exaltación de los trabajadores cubanos, por encima de los propios venezolanos y de otros trabajadores extranjeros” como factores que alimentaron la desconfianza en la gente. Luego, dijo, “las críticas aumentaron cuando se reveló la verdadera dinámica del intercambio de petróleo por servicios profesionales cubanos”.

El suministro de petróleo a la isla, en cifras, así como la conexión entre PDVSA y la explotación laboral a galenos cubanos en Venezuela por parte del gran capitalista verdeolivo, son abordados por Maldonado en su libro con una mirada incisiva. Llama plusvalía a los 150 mil dólares que gana el Estado cubano por cada médico al que, dice, solo paga 300 dólares de hasta 13 mil dólares mensuales que Venezuela le paga por cada uno.

Sobre cómo ha tomado la población de Venezuela la presencia de médicos cubanos, Maldonado declaró que, dada la polarización en su país, “las opiniones se dividieron a favor y en contra. La mayoría de los chavistas y los beneficiarios de los programas asistenciales ejecutados por los cubanos lo apoyaron”, dijo, y aclaró que lo que más preocupa a un enfermo no es la procedencia del médico, sino la habilidad de este para aliviar su malestar. Lo mismo ocurre en el caso de los maestros.

También, el autor de La invasión consentida mencionó la reducción del número de médicos cubanos en ese país a 10 mil menos que en 2012, año que se ubica en el periodo de esplendor de la Misión Barrio Adentro firmada en 2003.

No obstante, el infiltrado consideró que, tomando en consideración la situación por la que atraviesa el país sudamericano, 22 mil médicos “son bastantes”. Seguidamente, dijo que “la relación de subordinación a La Habana se mantiene y raya, a veces, en la servidumbre” y ejemplificó con el hecho de que Maduro ha llegado a importar gasolina para continuar suministrándole a Cuba.  

Desde el inicio de la Misión Barrio Adentro, en 2003, Venezuela se convirtió en receptor no solo de decenas de miles de médicos cubanos, sino de medicamentos de procedencia cubana. Del esplendor que este programa logró en la década siguiente, no queda ni la sombra, aunque los que allí estuvieron aseguran que este también fue un mecanismo de control.

Sobran los testimonios de galenos cubanos que han logrado escapar del control de este matrimonio por conveniencias en que se ha convertido la relación Cuba-Venezuela, a fuerza de la geopolítica: aseguran haber sido obligados a presionar votantes para que los Gobiernos de Chávez y Maduro fueran elegidos en las urnas, a falsear estadísticas y a deshacerse de medicamentos para justificar los pacientes “fantasmas” que debían producir a diario.  

Para el autor, la “sumisión voluntaria” de Venezuela a Cuba es “una forma de tributo” que hace que  “el Estado con las mayores reservas petroleras del planeta…[gire] espontáneamente como satélite en la órbita de una isla pobre, con una economía fosilizada y parasitaria”. Lo curioso es que la isla no corresponde de igual modo a al país sudamericano. Y el libro enfatiza este aspecto de la relación entre ambos y entre Fidel y Chávez, para demostrar que este último ha dado mucho a cambio de muy poco, lo cual atribuye a una admiración desmedida hacia el creador de eso que llaman ‘la revolución cubana’.

“El principal benefactor de La Habana, el único, es paradójicamente su mejor cliente, el más agradecido, uno que se comporta como si estuviera en deuda”, dice Maldonado sobre la relación de Venezuela y Cuba.

Hay que recordar que en el libro se mencionan los “2 mil millones en acuerdos, mayormente favorables para La Habana”, así como el conocimiento que tiene el Gobierno de Cuba y el control que ejerce en cada área clave administrativa y de poder en Venezuela. Por ejemplo, las bases de datos de identificación y migración venezolanos, transacciones civiles y mercantiles en registros y notarias, manejo de softwares de la administración pública y redes de fibra óptica, del sistema eléctrico nacional, de la industria petrolera y reservas minerales.

Más aún, la narración se adentra en deudas contraídas por la Venezuela de Hugo Chávez “para financiar grandes proyectos en la isla: refinerías, fabricas, laboratorios, cables submarinos”. Asimismo, aborda la compra a Cuba de “bienes y equipos que los cubanos no producen” y otras inversiones en proyectos para los que, a juicio del autor, Cuba no tiene “la experiencia ni la capacidad tecnológica para desarrollarlos”.

Todo, en un intento de ganarse el beneplácito de su ídolo Fidel Castro, y contar con su apoyo “para consolidar un Estado policial” en Venezuela, dijo Maldonado al diario Infobae. De ahí que funcionarios y asesores cubanos trabajaran con el Gobierno venezolano con especial énfasis en el sistema de administración pública y en los servicios de inteligencia. Los resultados de este control “son atroces y están a la vista. Venezuela es un país quebrado y empobrecido. Si hay algo de lo que puede vanagloriarse el castrismo es de su enorme experiencia en materia de control social y represión política” agregó.

Maldonado destaca, además, que a pesar de que Chávez aseguraba ver en Fidel Castro a un padre, Castro no fue más que su “asesor”, y agrega que “el vínculo fue más allá del plano afectivo y de las relaciones bilaterales. El libro incluye varios episodios que muestran la influencia del gobernante cubano en políticas concretas del Gobierno venezolano”.

En cuanto al control del Gobierno cubano en este momento de reducción de subsidios venezolanos, Maldonado es del criterio que “el subsidio ha disminuido y eso se siente en la isla, pero la influencia del Gobierno cubano en Venezuela se mantiene intacta. A estas alturas, ya ni siquiera se molestan en negarlo. En 2020 Maduro incorporó al embajador cubano en su consejo de ministros”.

El infiltrado habló también de la censura y la persecución en Venezuela que obliga a periodistas como él a usar seudónimos para proteger su propia vida. Curiosamente, en Venezuela se repiten los métodos represivos usado por el Gobierno cubano en contra de activistas y periodistas independientes: “la intimidación abierta a través de programas de la televisión estatal y las redes, el espionaje a correos electrónicos y teléfonos celulares o el hackeo de cuentas de Twitter, entre los más ligeros, hasta golpizas de supuestos seguidores del chavismo durante alguna cobertura, el acoso policial en caso de manifestaciones y las detenciones por acusaciones fabricadas, algún tuit incómodo o, simplemente, por coberturas que el Gobierno considera inconveniente como la visita a un hospital o una prisión”, dijo.

Igualmente, las autoridades ejercen presión para que los periodistas abandonen el país o les prohíben la salida del territorio nacional, les hacen citaciones judiciales y hasta les anulan su pasaporte.  

“El abanico de acciones es tan amplio que no existe un temor en particular sino un clima general de arbitrariedad, hostigamiento y amenaza constante”, sentenció.

La organización Reporteros sin Fronteras (RSF) en su informe de 2020, ubicó a Cuba en el puesto 171 de un total de 180 países en el índice de libertad de expresión, mientras Venezuela se encuentra en el puesto 147. No obstante, el incremento reciente de la persecución a medios de comunicación por parte del Gobierno de Maduro, pronostica una regresión para este 2021 que ha comenzado con el hackeo y cierre del canal digital privado VPI y la acusación a otros medios de ser vehículos para la injerencia extranjera por recibir cooperación internacional.  

El Consejo Interamericano de Derechos Humanos (CIDH) y la organización Human Rights Watch han condenado estos actos, denunciado el arresto de decenas de trabajadores de los medios en Venezuela durante el 2020, así como las “recientes campañas de estigmatización, hostigamientos y operativos contra medios de comunicación en Venezuela” que visibilizan violaciones de derechos humanos cometidas por las autoridades venezolanas, lo cual atenta contra la libertad de expresión e información.

Con la llegada de la pandemia, la labor del periodismo se ha vuelto más compleja y peligrosa en gobiernos autoritarios como Venezuela y Cuba que han aprovechado este marco restrictivo para cercenar más aun los derechos y las libertades fundamentales de sus ciudadanos.

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Annarella Grimal

Annarella O'Mahony (o Grimal). Aprendiz de ciudadana, con un título de Máster otorgado por la Universidad de Limerick (Irlanda). Ya tuvo hijos, adoptó una mascota, plantó un árbol, y publicó un libro.

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