El embajador de la UE en Cuba, Alberto Navarro y el Alto Representante, Josep Borrell Foto © Cubadebate - Pietro Naj-Oleari / UE

Que el error de Navarro en Cuba no sea el de Europa

El embajador de la Unión Europea en Cuba, Alberto Navarro, admitió haber cometido un error, o al menos eso es lo que traslucen las explicaciones ofrecidas por el Alto Representante para la política exterior de la UE, Josep Borrell, quien en rueda de prensa declaró que: “Es evidente que se han producido errores”.

Convocado por Borrell, todo parece indicar que Navarro explicó ante su superior las razones que lo llevaron a firmar la carta que La Joven Cuba envió a Biden solicitándole de manera unilateral e incondicional el levantamiento del embargo estadounidense a la isla. Cabe imaginar también que Navarro haya disertado sobre teorías y sistemas políticos a fin de aclarar su postura ante el régimen cubano, del que dijo estar seguro que no es una dictadura.

"No, yo no considero que Cuba sea una dictadura. Claro que no", contestó Navarro a la periodista independiente Camila Acosta, y el tsunami que provocó por poco se lo lleva por delante. Si la rúbrica de la carta a Biden causó el malestar de opositores y activistas por los derechos humanos en la isla, así como la vergüenza de algunos eurodiputados, las afirmaciones de que Cuba no era una dictadura encendieron las alarmas en Bruselas.

Un vistazo a cualquier manual de ciencia política despejaría las dudas de Navarro. Quizás tendría la posibilidad de dudar en cómo clasificar la dictadura cubana, si “personalista”, de “partido único” o “militar”; aunque siempre le quedaría el comodín de la “dictadura híbrida” para sacarlo de cualquier aprieto conceptual.

Si no le convence la teoría, podría remitirse a la evidencia empírica que ofrecen los informes de ONG’s que ubican a Cuba entre los países sin libertad (Freedom House, 2020), o como el que menos libertad de expresión permite en la región, ocupando el puesto 171 de 180 a nivel mundial (RSF, 2020). También podría consultar los reportes e informes de Amnistía Internacional y el Human Rights Watch, entre otros.

Sin embargo, entre las cosas que dijo Navarro en la entrevista es que no veía motivos para denunciar el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación de la UE con Cuba. A pesar de la evidencia acumulada que refiere la sistemática violación de los derechos humanos en la isla, el embajador Navarro considera exageradas las voces que piden la activación del mecanismo de la cláusula de derechos humanos que contempla el susodicho Acuerdo.

“Los errores hay que valorarlos en su justo término y cuando la valoración esté terminada, contestaré a los diputados”, dijo el jefe de la diplomacia europea mientras el embajador Navarro regresaba a la Delegación en La Habana, al parecer consciente de los deslices cometidos. Independientemente de la llamada a consultas, la cuestión aquí y ahora es: qué hará la UE para corregir los resbalones diplomáticos en los que ha incurrido, según el Alto Representante.

Blanco y en botella

Más allá del error de un embajador firmando una carta abierta de la sociedad civil en la que se debaten cuestiones de política exterior relativas a terceros estados; más allá de no haber tenido la habilidad para eludir un juicio sobre el régimen político imperante en Cuba; el problema de Europa, de su diplomacia, sus Estados y de sus gobiernos es qué política exterior van a desplegar en el escenario cubano actual.

“El apoyo a los defensores de los derechos humanos forma parte integrante, desde hace ya mucho tiempo, de la política exterior de la Unión Europea en materia de derechos humanos”, aseguran las “Directrices de la UE sobre el apoyo a los defensores de los derechos humanos” (16332/2/08 REV 2), un documento que debería repasar Alberto Navarro en los ratos que le dejen libre sus habaneras rutinas profesionales.

Por si tuviese alguna duda, “estas directrices ayudarán a las Delegaciones de la UE a definir su actuación respecto de los defensores de los derechos humanos”. La definición del concepto de defensor de los derechos humanos de las directrices se basa en el artículo 1 de la Declaración de la Asamblea General de Naciones Unidas (A/RES/53/144) que establece que "toda persona tiene derecho, individual o colectivamente, a promover y procurar la protección y realización de los derechos humanos y las libertades fundamentales en los planos nacional e internacional".

En el caso de los defensores de los derechos humanos, las directrices de la UE los definen como personas, grupos e instituciones de la sociedad que promueven y protegen los derechos humanos (DDHH) y las libertades fundamentales universalmente reconocidas. Según el documento, se ocupan de documentar las violaciones de los DDHH; apoyar a las víctimas de dichas violaciones; enfrentarse a la cultura de impunidad que favorece el encubrimiento de las violaciones sistemáticas y reiteradas de estos derechos; y difundir la cultura de los DDHH y la información relativa a los defensores de estos a escala local, regional e internacional.

No hay pérdida. Blanco y en botella, como dicen los compatriotas de Navarro. Para mayores aclaraciones, puede continuar la lectura del documento hasta las Directrices Operativas, que le explicarán cómo actuar con eficacia, en el marco de la política europea de seguridad y defensa, en favor de la promoción y la protección de los defensores de los DDHH en terceros países.

La UE nunca incluyó a Cuba entre los proyectos financiados por su antiguo Instrumento Europeo para la Democracia y los DDHH. Tampoco en su mutación hacia el Instrumento Financiero para la Democracia y los DDHH a escala mundial. Ahora se encuentra en un momento delicado, herida por el Brexit y los efectos de la pandemia de coronavirus.

Sin Marco Financiero Plurianual aprobado, su capacidad para desplegar una acción exterior se pondrá a prueba con la aprobación del nuevo Instrumento de Vecindad, Desarrollo y Cooperación Internacional que destinará 5.665 millones de euros para programas temáticos. Aproximadamente 3 mil millones de estos euros se emplearán en proyectos de temas relacionados con los derechos humanos y la sociedad civil a lo largo de siete años.

Más allá del contexto que debe analizar la diplomacia europea, hay un principio ético elemental en esta historia. De nada vale reconocer que te has equivocado si vuelves a cometer el mismo error. Si vuelves a cerrar las puertas de la Delegación a las Damas de Blanco, si normalizas la violación de los derechos de los activistas y defensores de los DDHH, si no ejerces tu poder de influencia para propiciar un diálogo verdadero o, al menos, para evitar que Tania Bruguera, José Daniel Ferrer, Camila Acosta, Maykel Osorbo, Carolina Barrero, Oscar Casanella, Iliana Hernández, Osmani Pardo y tantos otros cubanos sean secuestrados por la seguridad del Estado.

La UE cuenta con un acervo impresionante que la convierte en una potencia normativa con capacidad para resultar decisiva en momentos como el actual. Europa tiene que repensar la relación con Cuba y tiene que reaccionar ante los cambios que se están produciendo en la isla y en un contexto internacional en el que se juega mucho la pervivencia del ideal democrático y el régimen internacional de los derechos humanos. Por una vez estaría bien que Estados Unidos y la UE acordasen una agenda común para Cuba.

Este sábado se congregaron cientos de cubanos por ciudades de todo el mundo exigiendo a la administración Biden y demás gobiernos de la comunidad internacional que prioricen los DDHH sobre los negocios con el régimen. Europa tiene que reconocer la emergencia de una sociedad civil con la que hay que dialogar, escuchar sus propuestas y contribuir a buscar las vías para que los cubanos puedan manifestar su voluntad libremente. Que el error de Navarro en Cuba no sea, otra vez, el de Europa.

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Ivan Leon

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en Relaciones Internacionales E Integración Europea por la UAB.

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