Otero Alcántara matando canallas

Que periodistas y funcionarios a sueldo de la tiranía verde oliva ataquen a Luis Manuel Otero Alcántara forma parte de sus obligaciones, que incluyen soportar el desprecio y asco que muchos cubanos sienten por los chapapoteros de Cuba, pero que un extranjero residente en la isla agreda a un perseguido por la dictadura más antigua de Occidente, solo obedece a su condición de lameculos.

Luis Manuel Otero Alcántara montando una exposición de dibujos infantiles Foto © Facebook / Luis Manuel Otero Alcántara

El tardocastrismo vive atragantado con Luis Manuel Otero Alcántara y la creciente resistencia pacífica de cubanos hartos con el desastre que asola a la nación, que padece dramáticas circunstancias de pobreza, desigualdad e insalubridad y un gobierno liberticida, que sigue sin reaccionar adecuadamente a desafíos.

El carnaval chapucero y mendaz montado en torno a la huelga de hambre, incluidas las sempiternas acusaciones de que sus adversarios trabajan a sueldo de Estados Unidos, confirman la esquizofrenia política de la casta verde oliva, suplicante de un arreglo con Estados Unidos para alimentar el vital dólarducto, alquilando sanitarios al mejor postor e impidiendo canales humanitarios independientes que alivien la agonía cubana.

Quien siembra viento, recoge tempestades y solo un descerebrado político comete la osadía de rociar con gasolina un barco incendiado y frente a una galerna que cada vez sopla con más intensidad, avivando las llamas; el gobierno cubano no debió incautar y/o destruir parte de la obra de Otero Alcántara, generando un conflicto absurdo, del que ha salido perdedor.

Para complicar el escenario, no ha tenido peor ocurrencia que jugar a Pinocho y echar a rodar bolas contra el artistas y demás miembros y simpatizantes del Movimiento San Isidro, hasta el extremo de que Díaz-Canel reconoció este lunes que en Cuba hay hambre y escasez, aunque culpó a Estados Unidos.

Mientras el presidente se autodesangraba con un  twitter que parecía escrito por su peor enemigo, el coro a sueldo del partido comunista, gusañeros y canallas extranjeros atacaban a un hombre tendido en una cama del hospital "Calixto García", mofándose de su huelga de hambre, usando sarcasmos e ironía sobre los índices clínicos y estableciendo analogías históricas manipuladas.

La guataquería de cubanos empobrecidos al servicio de su empobrecedor resulta justificable porque el miedo es humano, especialmente, cuando soplan trompetas de adhesiones inquebrantables, medio siglo después del bochornoso caso Padilla, que desprestigió a Fidel Castro Ruz y Nicolás Guillén Batista tuvo el detalle de enfermarse para evitar la ignominia y dejar que el canalla José Antonio Portuondo blandiera la navaja.

Desgraciadamente, Cuba he perdido tanto a manos del castrismo, que ya no quedan siquiera Guillenes, solo Portuondos que -a su vez- compiten entre sí por ser el más abyecto; aunque los Padillas florezcan siempre fuera del juego; pero la degradación no alcanza solo a víctimas cubanas, sino también a extranjeros asentados en la mísera isla, reyezuelos de barrios, carentes de recursos para vivir en sus países y que, disfrazados de intelectuales y periodistas, solo son felones mendicantes.

Que periodistas y funcionarios a sueldo de la tiranía verde oliva ataquen a Otero Alcántara forma parte de sus obligaciones, que incluyen soportar el desprecio y asco que muchos cubanos sienten por los chapapoteros de la nación, pero que un extranjero residente en Cuba agreda a un perseguido por la dictadura más antigua de Occidente, solo obedece a su condición de lameculos.

Y si tanta admiración y lealtad dicen profesar al Comandante en Jefe y su obra, sería bueno que -entre trapicheo y adulación pendeja- reflexionen sobre sus palabras el 13 de marzo de 1959, que podrían ser la mejor guía posible para entender la rebeldía de Luis Manuel Otero Alcántara:

"Para que haya libertad tiene que disponer el hombre de una serie de elementos sin los cuales no hay libertad posible. El hombre, bajo el hambre, no es libre jamás; se vende o se doblega. Con la palabra libertad no se come. Libertad con hambre no es libertad, queremos una libertad con pan; queremos una libertad sin hambre, queremos una libertad sin miseria, queremos una libertad sin privilegios, queremos la igualdad, sí; la libertad y la hermandad entre los hombres".

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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