Sale a la luz primera denuncia pública de violación contra el trovador Fernando Bécquer

“Cuando noté que era inevitable, le pedí que se protegiera, que se pusiera un condón. Él decía que eso no era lo que pedía el santo. Se lo pedí con una voz que casi no me salió. Eso lo recuerdo como si fuera hoy”, relató la víctima del presunto violador.

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El trovador Fernando Bécquer en abril de 2020 Foto © Captura de video YouTube / CREART: Ministerio de Cultura de Cuba

El trovador Fernando Bécquer podría enfrentar cargos por el delito de violación, luego de que saliera a la luz pública el testimonio de una joven que lo acusa de haberla penetrado sin protección y sin su consentimiento.

“Cuando noté que era inevitable, le pedí que se protegiera, que se pusiera un condón. Él decía que eso no era lo que pedía el santo. Se lo pedí con una voz que casi no me salió. Eso lo recuerdo como si fuera hoy”, relató Ilena Brooks, la víctima del presunto violador, en un artículo publicado este miércoles en el medio independiente Tremenda Nota.

Si bien las anteriores denuncias hechas públicas por mujeres que alegan haber sido víctimas del trovador describen hechos que, según el Código Penal cubano, califican como delitos de “abusos lascivos” y “ultraje sexual”, el testimonio ofrecido por Brooks expone al músico a ser juzgado por el delito de violación, más grave que los anteriores a la luz de las leyes vigentes.

“Yo vivía en Moa, Holguín. Había cogido la [escuela vocacional] Lenin, pero no me gustaba. Creo que nunca me adapté, tampoco a la gente ni al estilo de vida. El primer  año en la ciudad fue muy duro. Estaba con mi padre y mi hermano, entonces fue más difícil ese proceso de adaptación”, recordó la joven, refiriéndose a hechos transcurridos hace más de 10 años.

Sin apenas experiencia sexual, tan solo un “encuentro” con un muchacho, Brooks admitió que “lo de Fernando Bécquer vino a ser la primera vez”.

En aquel tiempo, como muchas otras adolescentes, ella conoció a Bécquer en la peña de la Casona de Línea, en el Vedado habanero. “La frecuentaba, pero… yo no era lo que se dice una amante de la trova”, afirmó la denunciante al periodista Ricardo Acostarana.

“Yo era súper ingenua. Intentaba encajar haciéndome la friki, hacer lo que el grupo hacía. Era muy insegura, no confiaba mucho en mis padres. Estaba sola en la escuela. Pensaba: ‘eres oriental y estas aquí en La Habana’. Me creía muy fea. Me sentía muy mal con todo eso”, dijo la joven, confirmando con su testimonio un patrón de comportamiento que describen otras denunciantes del supuesto agresor sexual, al que señalan como alguien que se aprovechaba de la vulnerabilidad que detectaba en sus víctimas.

Entre peñas y descargas, la joven fue acercándose a la “farándula del talco y el betún”, el grupo de seguidores y conocidos de los trovadores Bécquer y Adrián Berazaín. “Bécquer decía que yo era muy afinada… Era un poco ‘cool’ que te saludaran, te conocieran, te invitaran a sus conciertos”, contó la joven.

“En uno de esos domingos Fernando se me acerca, me dice que yo tenía algo muy malo. Me preguntó cómo me sentía, si me pasaba algo. Me hablaba de una forma como si pudiera ver a través de mí. Me dijo que yo tenía una gitana mala. No recuerdo exactamente lo que decía sobre ella. Me dijo que me iba a hacer un trabajo, que me iba a ayudar para que pudiera avanzar en la vida”.

Como en los otros casos publicados, nuevamente se describe el uso que hacía de la religión el trovador para “envolver” a sus presuntas víctimas. Prometiéndole ayuda espiritual, Bécquer la llevó a un apartamento en el Vedado donde, según su testimonio, fue sugestionada con todo tipo de artimañas y finalmente violada.

“Yo estaba agachada al lado de él mientras tiraba los caracoles. Me enseñó que si supuestamente caían tres para arriba, era ‘sí’, y tres para abajo, significaba ‘no’. Iba preguntando cosas en español y en un dialecto que yo no entendía. Primero les hacía preguntas que no eran agresivas, bastante normales, creo. No recuerdo exactamente qué tipo de preguntas. Ahora pienso que era como para que una entrara en confianza», describió.

“Luego empezó a hablar consigo mismo, como con su santo y decía cosas como: ‘No, no, padre, eso no’. Volvía a tirar los caracoles y salía el supuesto ‘sí’ y volvía a negar una y otra vez, como que no le pidieran eso, que ‘eso’ él no lo podía hacer”, refirió la joven. “Uno no sabe lo que le puede pasar hasta que pasa; y cuando sucede, no sabes mucho lo que te acaba de suceder”, reflexionó.

Según Brooks, ella no recuerda cómo Bécquer terminó encima de ella. “Yo no sabía si decírselo o no, pero me parecía muy obvio lo que me iba a hacer. Entonces se detuvo un poco, pero después sí lo hizo. No me tocó ni nada, ni me besó, pero estaba muy cerca de mí. Yo sentía su mal aliento del tabaco. Me penetró sin protegerse”, recordó.

“La gente que no ha vivido ese trauma pensaría que uno diría: ‘No, no, ¡quítate!’ Y uno se va corriendo del lugar, pero en realidad lo que uno hace más bien es ceder y dejar que se termine. Uno sabe que eso que está pasando está mal, lo que le están haciendo está mal”, dijo.

“Cuando salí de ahí estuve todo el camino llorando, en shock. No sabía si había hecho bien. Uno no es estúpido, uno sabe que algo pasó, pero no logré conocer las implicaciones hasta que crecí y tuve una hija. Uno sabe que ella está expuesta a que le pasen ese tipo de cosas y hay que enseñarla desde chiquita muy bien para que sepa”, añadió Brooks.

“El tiempo de prescripción para el delito de violación queda fijado en un término no menor a los 15 años”, explicó a Tremenda Nota el exfiscal y exjuez cubano Frank Ajete Pidorych comentando sobre la posibilidad de que el trovador sea procesado por estos hechos, a pesar del tiempo transcurrido.

“La culpa no prescribe, la afrenta no prescribe, el daño no prescribe”, razonó el jurista. En el caso particular de Bécquer insistió en que “el hecho es perseguible, y su persecución no solo es procesalmente viable, sino socialmente necesaria”, concluyó.

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