Restauran monumento a José Miguel Gómez en La Habana tras años de abandono

Ubicado en lo más alto de la Avenida de los Presidentes, el monumento está considerado uno de los conjuntos escultóricos más impresionantes de Cuba, con el bronce que representa a Gómez rodeado de estatuas de mármol, fuentes, terrazas, bancos y jardinería. 

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Monumento a José Miguel Gómez en La Habana Foto © Wikipedia

El monumento al segundo presidente de la República de Cuba, José Miguel Gómez, ubicado en La Habana, está siendo restaurado tras varios años de abandono luego de su anterior reparación. 

Situado en el punto más elevado de la Avenida de los Presidentes, o calle G, en el Vedado, el monumento está considerado uno de los conjuntos escultóricos más impresionantes de Cuba, con el bronce que representa a Gómez rodeado de estatuas de mármol, fuentes, terrazas, bancos y jardinería. 

“Estaba un poco maltratado, con grafitis y pinturas”, dijo a Tribuna de La Habana, Lázaro Basnuevo, uno de los obreros del equipo encargado de la restauración del monumento. Ejecutada por la Oficina del Historiador de la Ciudad, la remodelación está dirigida por Ernesto Miranda, al frente de la brigada de restauración de mármol de esa entidad. 

Deteriorado por el hollín, la polución urbana, las filtraciones y el descuido histórico de las autoridades de un régimen que sepultó la historia y la iconografía republicanas bajo discursos revisionistas y armatostes de estilo realista socialista, el fastuoso monumento habanero está siendo hoy tratado con arena sílice, productos químicos, agua a presión y una nueva revisión histórica que busca apropiarse del esplendor simbólico de tiempos republicanos. 

El trabajo de la brigada de restauración de mármoles de la Oficina del Historiador ha “conseguido borrar nombres y corazones con flechas”. Según relató el medio oficialista, “avanzada la restauración, los constructores comenzaron a decir que se aburrían al no tener ya escritos en las piedras para leerlos”. 

Para Miranda, el monumento a José Miguel Gómez “es un palacio, hecho con los materiales de la mejor calidad y los monumentos forman parte de la cultura universal y deben preservarse”. La restauración, comentó, “es muy cara y trabajosa, hay que tapar los poros, desbastar, pulir una y otra vez”. 

Una vez terminado, el monumento contará con iluminación exterior y réplicas de las farolas originales. “Si la gente ve que el monumento está abandonado, lo destruye, y aunque siempre hay sus casos, si lo ve recuperado y limpio, lo cuida. Hay que preservarlo para que no llegue de nuevo al estado al que llegó; fregarlo, darle mantenimiento”, indicó el responsable de otras remodelaciones, desde el monumento a Calixto García hasta el Cristo de La Habana. 

José Miguel Gómez, sucesor de Tomás Estrada Palma en la presidencia de la naciente República de Cuba, ha sido denostado por la historiografía de la llamada “revolución”, que siempre lo pintó como un gobernante corrupto y responsable de la masacre contra el Partido Independiente de Color.  

Pero Gómez, aunque fomentó la corrupción en su corto mandato de cuatro años, fue un luchador por la independencia que alcanzó el grado superior de Mayor General del Ejército Libertador. Político hábil, impetuoso y carismático, renunció a la presidencia después de haber conseguido pacificar y dar relativa estabilidad al país, todavía envuelto en las convulsiones de la postguerra. 

Durante su gobierno se creó la Marina Nacional y se mejoraron las condiciones del ejército. Ejecutó las grandes obras de alcantarillado y pavimentación de La Habana, y contribuyó al proceso de modernización del país invirtiendo en comunicaciones, infraestructuras sanitarias y educativas. Las Academias de Arte, de Letras y de la Historia, así como el Museo Nacional, se crearon durante su mandato. 

Obra del arquitecto italiano Giovanni Nicolini, el monumento a Gómez fue sufragado por el pueblo de la ciudad, con aportes individuales cercanos a 20 centavos per cápita, e inaugurado el 18 de mayo de 1936.  

El difunto dictador Fidel Castro, cuyo criterio estético quedó reflejado en el pedrusco funerario que eligió para su posteridad, pensó demoler el monumento de Gómez; pero el historiador de la ciudad, Eusebio Leal, le susurró que no lo hiciera, que “Tiburón” era el talismán de la historia nacional de la corrupción y más le valía conservarlo. 

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Ivan Leon

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en Relaciones Internacionales E Integración Europea por la UAB.

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