Profanación de Cuba

Despreciable alarde de Díaz-Canel, gritando a los nobles rescatistas y bomberos: ¡Guapeen, ahí!, mientras se aleja del dantesco escenario del explosionado Saratoga, en un BMW blindado.

Ismael Francisco / Cubadebate
Casa semiderruida en los aledaños del Saratoga Foto © Ismael Francisco / Cubadebate

Cuarenta cubanos muertos, por acumulación de negligencias de Gaesa, no han bastado para que el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez -pactándolo con su huésped Andrés M. López Obrador- suprimiera el toque de mambo, trova y danzón, previsto en el programa oficial, elaborado antes de la tragedia del Saratoga.

Díaz-Canel y señora andan tan necesitados de reconocimiento que se han agarrado a unas lógicas frases de cortesía del presidente mexicano, retribuyendo las atenciones recibidas en La Habana, para intentar decir que son más buenos que el pan; pero a sus carencias afectivas, unen infancia, juventud y primera madurez bajo el imperio jesuítico, que hizo votos de pobreza y castidad, extendiendo la pobreza e indefensión aprendida por toda Cuba y contaminando modos y modas, bajo la austeridad impuesta.

Psiquiatras y psicólogos se darán banquete con esta fantasía de la compañera Lis Cuesta: "Sinceramente es imposible conocerlo y no quererlo. Díaz Canel es así, tal cual usted lo ha dicho. Los odiadores necesitan deteriorar su imagen porque saben que la nobleza de su alma seduce. Gracias, otra vez".

En el ámbito político, el desafortunado twitter de la No Primera Dama, que habría quedado de lujo, limitándose a decir: Gracias, presidente López Obrador; revela el vano empeño de tapar el sol con un dedo, cuando la realidad es más tozuda que el amor y nada resultó más odioso que ver a Díaz-Canel ordenando una guerra civil entre cubanos, mandando a Tropas Especiales y a las repulsiva Brigadas de Respuesta Rápida a apalear a jóvenes, adolescentes, incluidos menores de edad, mujeres y adultos.

Despreciable resultó la vulgaridad alardosa del presidente, gritando a los nobles rescatistas y bomberos: ¡Guapeen, ahí!, mientras se aleja del dantesco escenario del explosionado Saratoga, en un BMW blindado.

Que la NO Primera Dama  viva en una seducción permanente, no implica que el resto de los cubanos deban albergar iguales sentimientos; a Lis le cuesta discernir entre planos sentimental, político y popular, y arma tal arroz con mango que -lejos de proteger y beneficiar a su amado- lo convierte en presa fácil de quienes lo consideran un "singao".

La vida es muy larga, señora, y amar en tiempos revueltos es tan excitante como peligroso, sobre todo en Cuba, donde mujeres, con y sin twitter, evitan elogiar excesivamente a sus parejas, por pudor, y para no atraer a mosquitas muertas, como esa desordenada galleguita Ana Hurtado.

Lis Cuesta Peraza podía haber optado a intentar ser la cara amable del matrimonio presidencial, buscando un perfil más humano y tolerante, como hizo con jóvenes periodistas y narradores de Holguín, cuando cayeron bajo el fuego del insomne Iroel Sánchez; pero eligió muerte y la libertad es solo la angustia de elegir y ser consecuente; sencillito.

A la imprudencia temeraria de presidente y señora, contribuye la desdicha de que no cogieron cajita hasta que empezaron a viajar al extranjero y, quedaron tan deslumbrados con los fastos y naturales agasajos de López Obrador y su tampoco First Lady, durante la visita a México, que sintieron la obligación de corresponder con un buen banquete musicalizado; normal entre mandatarios, pero que debió quedarse en Ambrosía sin música, por respeto a los 40 muertos -cifra provisional- del Saratoga y sus deudos.

Con un pequeño gesto, Díaz-Canel habría mostrado su sensibilidad ante el dolor de Cuba y no habría tenido reproche alguno por parte de la delegación mexicana, que incluso se habría ofrecido a acompañar al mandatario en una visita organizada a los heridos hospitalizados: porque López Obrador y sus acompañantes saben que la política también consiste en saber usar la imagen, como no ha hecho ese imprudente mexicano subsecretario de Exteriores para América del Sur, Martín Borrego Llorente, twiteando la fiesta en el Palacio de la Revolución, en medio del luto popular, porque ni siquiera accedieron a decretar Duelo Oficial.

El tardocastrismo, además de anticubano, es un zombie despiadado y necio, carente de reflejos políticos y afecto, ignorando que la política implica -entre otras cosas- la  paradoja de ser noble cuando propicia felicidad y riqueza de los ciudadanos, pero también resulta efímera, desmemoriada y hasta frágil, como esa cubana que se suicidó, lanzándose desde el puente sobre el río Almendares y que pronto será apenas recuerdo borroso e incómodo.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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