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Cubano denuncia discriminación en un hotel de Holguín

El joven quería sentarse en una mesa cerca de un tomacorriente para trabajar con su laptop mientras consumía. Pero el encargado le preguntó que quién era él, en qué iba a trabajar y que si no tenía electricidad en su casa.

Hotel Pernik de Holguín © Hotel Pernik Holguín / Facebook
Hotel Pernik de Holguín Foto © Hotel Pernik Holguín / Facebook

Este artículo es de hace 1 año

Un cubano denunció haber sufrido discriminación en un hotel de Holguín, cuando intentó entrar para sentarse en una mesa que estuviera cerca de un tomacorriente a trabajar con su laptop.

El usuario, que se identifica en sus redes como Kmilo Noa, relató que al decir que quería un lugar tranquilo para trabajar y consumir, lo interrogaron con preguntas como "¿Quién es usted?" "¿Qué quiere decir con trabajar?" y "¿En qué va a trabajar?", tras lo cual tuvo que quedarse en el lobby esperando a que lo autorizaran.

"Parece que en el Hotel Pernik de Holguín es demasiado raro que alguien quiera sentarse a consumir y abrir una laptop para trabajar. Me han preguntado qué para qué venía, que si en mi casa no había electricidad, que no podía consumir porque estaban cerrados por capacidad", detalló en su Twitter.

"Cuando en realidad el hotel estaba vacío. Yo quería pagar el pasadía como un cliente normal, abrir mi computadora y tomarme unas cervezas y quizá almorzar. Pero no, parece que soy peligroso para el hotel o algo por el estilo", cuestionó.

A Kmilo le indignó que después de escuchar sus quejas, el encargado del hotel le dijera que le podían "hacer el favor" de prestarle un tomacorriente en el lobby para que conectara su computadora.

"A lo que respondí: 'No, señor, yo no quiero que me hagan favores. Quiero sentarme y consumir como cualquier cliente'. Entonces me dicen: 'Ah, entonces usted lo que quiere es otra cosa, no puede consumir porque estamos cerrados por capacidad. '¿Cuál capacidad? Si soy la única persona parada en este lobby, si en la piscina no llegan a 10 personas'. En fin, el estrés del día ya me lo gané", afirmó.

El joven añadió en el hilo de tuit que el Pernik es un hotel de tercera categoría, donde hospedan a los deportistas de los equipos provinciales, y que si no fue a trabajar a un bar o café fue porque en ninguno había electricidad.

Un estudiante de ingeniería informática comentó que los cibercafé son una oportunidad de negocios que se podrían explotar en Cuba, para que los usuarios acudieran a navegar por Internet o estudiar a la par que consumen.

"Ellos no ven las oportunidades, las obstaculizan", contestó Kmilo.

En los últimos meses se han registrado denuncias en redes sociales de cubanos a los que les han impedido la entrada a hoteles de La Habana, una razón que según investigaciones de medios independientes se debe a la devaluación de la moneda nacional.

Un directivo del sector turístico reveló a la agencia CubeNet que "hasta el momento no existe prohibición alguna emitida por la institución gubernamental, pero varios establecimientos, de modo individual, han emprendido acciones con el objetivo de evitar pérdidas al comercializar sus servicios en pesos cubanos".

En noviembre, el fotógrafo y youtuber cubano Yander Serra denunció que le prohibieron la entrada al Hotel Capri y le indicaron que si quería consumir, tendría que hacerlo después de los clientes extranjeros.

"Esta es la Cuba para los cubanos, el Hotel Capri de La Habana, donde el horario dice que abre a las 7:00 am, pero los encargados te niegan la entrada, aún cuando vas a pagar tanto como los extranjeros", dijo Serra en Facebook.

En septiembre, un cubano que caminaba por una calle del Vedado, en La Habana, fue expulsado de la acera donde se encuentra el hotel Grand Aston, perteneciente al consorcio militar GAESA.

Randol Doval relató que andaba con sus hijos por la calle 1ra, frente al Malecón, y el guardia de seguridad del hotel casi les cayó atrás para botarlos, y ellos solo estaban parados allí.

"El custodio sabe que con la porquería de salario que nos pagan en Cuba no me da ni para mirar el hotel, pero coño, la acera, aunque no se parezca a ninguna de La Habana, no es del hotel, es de Cuba", señaló.

En agosto, un residente en La Habana reaccionó indignado al maltrato recibido en el hotel Kohly, y afirmó que los cubanos son tratados como perros en su propio país.

"Seguimos siendo unos perros en este país", dijo, tras contar su horrible experiencia cuando fue a contratar los servicios del gimnasio de la instalación y no pudo hacerlo.

"Ese hotelito funciona conociendo a alguien y con dinero, como todo en Cuba", expresó.

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