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La crisis energética que golpea a Cuba no solo ha paralizado hoteles y obligado a aerolíneas a repostar fuera del país. También ha encendido las alarmas en el sector hotelero español, que observa con creciente inquietud cómo el deterioro económico de la isla se entrelaza con un escenario político incierto y potencialmente decisivo para sus intereses.
Las grandes cadenas mallorquinas —Meliá e Iberostar, principalmente— mantienen una fuerte exposición en Cuba, donde gestionan más de medio centenar de hoteles.
Sin embargo, los recientes cierres dentro del plan de “compactación” impulsado por las autoridades cubanas, sumados a la falta de combustible para la aviación comercial, han intensificado la sensación de fragilidad.
A ello se añade la decisión de aerolíneas como Air Europa, Iberia y World2Fly de repostar en República Dominicana para poder mantener sus rutas con La Habana.
Aunque públicamente el mensaje es de continuidad —“No tenemos intención de abandonar Cuba”— en privado el sector reconoce que sigue la evolución de los acontecimientos con extrema cautela.
La presión de Washington sobre el régimen, en un contexto de negociaciones y redefinición de relaciones bajo la administración Trump, introduce una variable adicional: el temor a que cualquier reordenamiento político o acuerdo bilateral pueda afectar los activos extranjeros en la isla.
“No creo que les quiten los hoteles, a lo mejor alguno…”, deslizaron voces del sector al Diario de Mallorca, reflejando una mezcla de confianza y preocupación.
La posibilidad de que el régimen utilice concesiones económicas como moneda de cambio o reconfigure alianzas estratégicas mantiene en vilo a los operadores españoles, que llevan décadas apostando por el mercado cubano.
Mientras tanto, el colapso del turismo es evidente. La cancelación de vuelos desde Canadá —principal mercado emisor— y la caída sostenida de visitantes agravan la presión financiera.
Aunque no se prevén evacuaciones urgentes y los turistas completan sus estancias, la temporada alta se desarrolla con ocupaciones reducidas.
El sector hotelero español resiste, pero ya no solo enfrenta apagones y escasez de combustible. Ahora también lidia con una incertidumbre geopolítica que podría redefinir su presencia en la isla en los próximos meses.
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