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Un reciente post en redes sociales de Pedro Jorge Velázquez, periodista oficialista cubano conocido como “El Necio de Cuba”, volvió a dejar en evidencia las profundas contradicciones que atraviesan al discurso del régimen, incluso desde dentro de sus filas más leales.
En un extenso comunicado publicado en sus redes sociales, el vocero pidió que el Partido Comunista de Cuba y el Gobierno intervengan en la estrategia tarifaria de ETECSA, tras la oleada de críticas generadas por los nuevos paquetes de datos en dólares anunciados por la empresa estatal.
“En apenas unas horas de anunciada la medida es altamente IMPOPULAR. No recuerdo otra medida que haya generado un alto nivel de insatisfacción instantáneo y generalizado, incluso en el sector de la gente más comprometida con el gobierno cubano y con el proceso socialista. Analicen el impacto y pongan oído en la ciudadanía que está expresándose. Si la medida va contra los intereses y necesidades del pueblo va contra la Revolución”, apuntó El Necio.
Ante este escenario, el vocero oficialista afirmó que “a ETECSA no le va a quedar otra que rectificar esta estrategia comercial y buscar un equilibrio entre la necesidad empresarial de ingresar dólares y la necesidad popular de conexión para comunicarse, estudiar, trabajar, informarse ante tantos apagones y también entretenerse”.
Lo curioso –y revelador– del caso no es solo que la medida haya sido repudiada incluso por sectores abiertamente oficialistas, sino que Velázquez parezca ignorar deliberadamente quién manda realmente en Cuba.
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“Creo que la dirección del Partido y el Gobierno deben indicarle a los directivos de ETECSA rectificar cuanto antes y encontrar un punto medio en su estrategia: extender el consumo en CUP ahora limitado hasta 6GB, ya que es muy poco para la necesidad de la mayoría de la población cubana que no se puede costear los paquetes extras que han anunciado”, propuso el comunicador.
Su planteamiento puso en evidencia su desconocimiento –¿genuino o fingido?– de la estructura real del poder económico en Cuba: tanto ETECSA, como el Partido y el propio Gobierno, responden a los intereses del conglomerado militar GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), verdadero centro de poder económico y político en la isla.
ETECSA: ¿Empresa estatal o apéndice de GAESA?
ETECSA se presenta como una sociedad anónima de capital estatal, pero desde que RAFIN S.A. adquirió el 27% de sus acciones en 2011 –una operación que sacó definitivamente del juego a Telecom Italia–, su control ha estado en manos de estructuras vinculadas al aparato militar cubano.
RAFIN S.A., un oscuro ente financiero cuya propia denominación ha sido asociada a “Raúl y Fidel Inversiones”, mantiene nexos operativos y de capital con CIMEX y FINCIMEX, dos entidades que sí están directamente integradas a GAESA.
El control de este consorcio sobre sectores clave de la economía cubana –turismo, comercio, finanzas y telecomunicaciones– es total y se ejerce con discreción, sin rendición de cuentas pública ni mecanismos de contrapeso institucional.
El Partido, el Gobierno… ¿Y los dueños del poder?
La queja de El Necio no es tanto una crítica como una súplica a sus propios jefes. Pedirle al Partido y al Gobierno que “hagan recapacitar” a ETECSA es como reclamarle al reflejo que cambie el rostro del dueño.
En Cuba, el Partido y el Gobierno no son poderes autónomos, sino brazos ideológicos y administrativos de la estructura de mando militar, económico y político que encarna GAESA.
En otras palabras, no hay nadie por encima de ETECSA que no forme parte del mismo engranaje que dictó la medida que se critica.
Una protesta que confirma el descontento (y la confusión)
Lo más revelador del texto de El Necio no es su llamado a la sensibilidad o a “buscar un equilibrio” con el pueblo, sino el reconocimiento tácito de que incluso dentro del bloque fidelista se percibe el desgaste, la sordera y el autoritarismo con que se gobierna.
“Si la medida va contra el pueblo, va contra la Revolución”, escribió. Pero en Cuba, la Revolución ya no es aquel mito propagandístico del “poder del pueblo”: es una red de poder oligárquico disfrazada de discurso socialista.
La verdadera pregunta no es si ETECSA recapacitará. La pregunta es si alguno de sus verdaderos dueños está dispuesto a ceder ganancias a cambio de evitar un estallido social.
Ataques de honestidad y lealtades ciegas
Este episodio no es el primero en que Velázquez incurre en lo que algunos han llamado “ataques de honestidad controlada”: momentos en los que critica suavemente al sistema, pero sin romper nunca con su papel como vocero disciplinado del régimen.
Lo ha hecho antes en relación con apagones, medidas impopulares o escándalos sociales, siempre desde un tono de preocupación paternalista que rápidamente vuelve al cauce de la obediencia.
Como ya apuntó un artículo publicado en CiberCuba en diciembre de 2024: “El periodista oficialista Pedro Jorge Velázquez parece que además de necio también es ciego”.
La crítica que El Necio hizo entonces, relacionada con el estilo de vida de Sandro Castro y la élite del poder, no desembocó en una ruptura ideológica, sino en otra vuelta al redil. El propio Velázquez ha defendido el legado del Che Guevara, mientras los herederos de la “revolución de los humildes” disfrutan de Mercedes Benz, jets privados y casas de lujo.
Desde Mariela Castro y sus festines en Miramar, hasta Antonio Castro en yates por el Mediterráneo o los viajes de los hijos de Marrero y el hijastro de Díaz-Canel por Europa, los ejemplos de doble moral y vida de ricos en la cúpula del régimen son innumerables.
Y todos, sistemáticamente, ignorados por la crítica moderada de “El Necio”, que prefiere concentrarse en los efectos y nunca en las causas.
Mientras tanto, millones de cubanos sin acceso estable a internet, electricidad ni alimentos básicos, deben escuchar a voceros como Velázquez pedir sensibilidad a los mismos que los han condenado a la escasez y la represión.
"El Necio" debería abrir los ojos, no solo para ver el daño que produce el régimen que defiende, sino para asumir que su papel de crítico leal solo sirve para maquillar el autoritarismo con barniz de diálogo. Un diálogo que no existe, porque quienes lo dirigen viven como reyes y gobiernan como casta, no como servidores públicos.
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