Mientras millones de cubanos sobreviven con salarios que no alcanzan para cubrir lo más básico, la ministra de Trabajo y Seguridad Social de Cuba, Marta Elena Feitó Cabrera, viajó hasta Ginebra para hablar de justicia social y trabajo decente en la 113 Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT.
Durante su intervención, Feitó aseguró que “en un mundo marcado por crecientes asimetrías y desigualdades, Cuba defiende la justicia social y el trabajo decente como pilares irrenunciables del desarrollo sostenible”, y destacó que más del 63% de la fuerza laboral en la isla está “formalmente empleada con plenos derechos”, con acceso universal a salud, educación y cobertura del 100% en la seguridad social, informó el periódico oficialista Trabajadores.
Sin embargo, sus declaraciones contrastan duramente con la realidad que viven los trabajadores cubanos. Un ejemplo reciente de esta contradicción fue el video viral del influencer cubano “El Henry”, quien salió a las calles a documentar lo que se puede comprar con el salario mínimo en Cuba: apenas 2,100 pesos (unos 6 o 7 dólares al cambio informal).
Su compra incluyó solo algunos condimentos, un refresco, un pomo de puré de tomate y dos pizzas. “Tuve que poner un poquitico más porque no alcanzaba”, confesó.
Aun así, desde el podio de la OIT, la ministra también culpó al embargo de Estados Unidos por limitar el acceso a recursos que, según dijo, podrían mejorar las condiciones laborales y de vida en el país.
Afirmó que el bloqueo impide adquirir equipos de protección, tecnologías para la seguridad en el trabajo y recursos para prevenir accidentes laborales.
Feitó además reafirmó la voluntad del gobierno cubano de trabajar junto a la OIT por un mundo donde “el trabajo digno no sea un privilegio, sino un derecho humano garantizado”.
Según datos del economista Omar Everleny Pérez Villanueva, el costo de la alimentación mensual para dos personas en La Habana ronda los 24,000 pesos, unas doce veces el salario mínimo oficial.
Mientras tanto, cada vez más cubanos denuncian en redes sociales que “trabajar para el Estado no da ni para comer”, echando mano del humor, la sátira o la simple desesperación para visibilizar lo que ya no se puede maquillar con discursos internacionales.
Feitó concluyó su discurso en Ginebra afirmando que “el trabajo digno no debe ser un privilegio, sino un derecho”. Para millones de cubanos, ese derecho hoy no se ejerce: se sobrevive.
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