En medio de la crisis energética que afecta a Cuba, las historias de solidaridad y reinvención afloran con fuerza en las comunidades, muchas veces los lugares donde más habita la desidia gubernamental.
Específicamente en la ciudad de Cárdenas, Matanzas, un humilde ponchero ha encontrado la manera de seguir adelante con su trabajo en medio de la crisis y, al mismo tiempo, tender una mano a sus vecinos.
La usuaria Mercedes Luzardo compartió en el grupo Cardenenses en Facebook, una escena cotidiana que resume el espíritu de barrio en tiempos difíciles.

“Mi casa queda en un pasillo para dentro, por lo que desde mis ventanas no veo el exterior, pero cuando me paro en la reja veo esta imagen: el mejor ponchero de Cárdenas, no solo por su trabajo, sino porque le cuesta subir el precio de los ponches”, comenzó su relato la internauta.
Además, añadió que, ante los apagones y las restricciones materiales, este trabajador y su familia han improvisado un horno de carbón en plena calle.
Lo usan para continuar su labor como ponchero, pero también lo ofrecen generosamente a los vecinos del barrio, quienes cada mañana aprovechan las brasas para colar su café.
“En estos momentos tan duros se ha tenido que reinventar”, cuenta Luzardo, destacando además que la familia “siempre está presta a ayudar a todos”.
El gesto no solo ha facilitado que muchos comiencen el día con una taza de café caliente, sino que también ha encendido una chispa de comunidad y esperanza en medio de la escasez.
En una isla donde la vida cotidiana se vuelve cada vez más cuesta arriba, pequeños actos como este —compartir fuego, café y solidaridad— sostienen lo esencial: la dignidad y el afecto entre vecinos.
Desde la isla emanan también otros ejemplos de lucha diaria. Un joven mostró en redes sociales lo que significa buscar agua como si se tratara de un tesoro escondido, revelando las condiciones casi insostenibles que deben enfrentar para algo tan elemental como beber o cocinar.
La imagen de una madre cubana compartiendo cómo arranca su jornada en medio de la escasez de alimentos, el calor sin electricidad y la desesperanza que se acumula, retrata la crudeza del día a día en la isla.
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