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Mientras los apagones se hacen costumbre, la oscuridad que envuelve a la ciudad de Sancti Spíritus va más allá de lo eléctrico, para convertirse en una sombra profunda sobre la vida cultural, la seguridad y el futuro de sus jóvenes.
Así lo describió a través de su perfil de Facebook Sayli Alba Álvarez, una madre que cuenta cómo en una noche fue cargada de bultos con su hijo a casa de una amiga que vive cerca del hospital pediátrico, buscando luz, porque al día siguiente el niño tenía examen final de Matemáticas “y debía dormir y dormir bien”.
En su testimonio, la también trabajadora del Centro Provincial del Libro y la Literatura, expuso una escena que parece salida de una película de terror: calles vacías, sin luces, sin ruidos, sin vida. Solo el murmullo bajo de unos pocos vecinos en las aceras.
“Ya no se escucha ni un televisor, ni un radio, es la ciudad completa en silencio. Un silencio oscuro, negro. Sólo en un pequeño parquecito, frente a la Escuela de Economía había jóvenes y parejas con motores y novios besándose... pero oscuros también. Algunos se alumbraban con lámparas o equipos y se escuchaba reguetón y reparto, sin ningún tacto”, relató.
La escena no es una excepción, sino la norma. De acuerdo con Álvarez, no hay un centro cultural abierto, ni un bar, café o cine, nada. En una ciudad que recién cumplió 511 años de fundada, hoy no hay opciones nocturnas más allá de un parque oscuro que huele a cerveza y miedo. El mismo lugar donde una madre no quiere que su hijo termine yendo cuando pueda salir solo.
Y preguntó: “¿Para qué quieren estudiar los jóvenes universitarios, si la única realización tendrá que ver con el espíritu? ¿A dónde puede ir la juventud en las noches de una ciudad misteriosa, estrecha, oscura, peligrosa?... ¿Qué hay aquí para cuando mi niño crezca? Nunca había visto ni sentido tan adentro la oscuridad como hoy que he recorrido la ciudad en busca de la luz”.
No obstante, la reflexión no es solo sobre un apagón, sino sobre una ciudad a oscuras en todos los sentidos.
“¿Qué podemos ofrecerle a nuestro hijo un músico y una profesora? La derrota, sólo tenemos la aplastante derrota de la realidad, de la oscuridad, el genio de los 240 pesos de pan diario. No tenemos nada para retenerlo más allá del amor que no sacia el hambre física. Mi ciudad no se ve. Mi ciudad está borrada. No vi su parque, ni mi biblioteca. Mi ciudad ha muerto y he corrido a esconderme”, sentenció Álvarez.
Cientos de testimonios a través de las redes sociales documentan cómo la vida cotidiana en Cuba se ha convertido en un ejercicio de resistencia ante la prolongada ausencia de electricidad y una realidad marcada por la precariedad, la frustración y la falta de perspectivas.
Personas adultas mayores dan fe de la “sensación de desesperanza terrible” que es vivir en Cuba a su edad, entre apagones, escasez de alimentos y medicinas.
Otros más jóvenes duermen en las placas de sus viviendas por la falta de electricidad en las noches, un reflejo del drama cotidiano que enfrentan cientos de miles de personas ante la crisis energética.
Durante un recorrido el jueves por Granma y Camagüey, el presidente Miguel Díaz-Canel reconoció la ocurrencia de apagones de más de 20 horas que afectan a comunidades enteras.
La crisis energética en Cuba ha desatado una ola de indignación popular sin precedentes, pues los apagones, que en algunas zonas del país ya superan las 24 horas continuas, han llevado a la población al límite del agotamiento físico y emocional.
Cuba atraviesa este viernes 20 de junio una nueva jornada de emergencia energética, marcada por apagones masivos en todo el país. La UNE estima una demanda máxima de 3,500 MW con solo 1,910 MW disponibles, lo que generaría un déficit de 1,590 MW.
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