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La crisis energética en Cuba continúa dejando imágenes que, en pleno siglo XXI, parecen inconcebibles: cubanos durmiendo en los techos de sus casas para poder soportar los constantes apagones.
Uno de esos testimonios lo compartió este miércoles el joven realizador audiovisual Daniel Ross Diéguez, residente en Guantánamo, quien publicó en Facebook que lleva casi un mes haciendo “camping” en la placa de su vivienda, intentando descansar en medio de la oscuridad, el calor sofocante, los mosquitos y hasta el polvo del Sahara.
“Llevo casi un mes haciendo camping en la propia placa de la casa. Tratando de dormir en contra del apagón, los mosquitos y el polvo del Sahara”, escribió.
Acompañó el mensaje con imágenes de la improvisada casa de campaña instalada sobre la azotea y una fotografía del amanecer que contempla desde ese improvisado refugio en las alturas.
El joven relató que, tras semanas de escasez energética, tuvo un “día atípico” en el que disfrutó de más de cinco horas y media de electricidad continua, lo que le provocó incluso una sensación de desorientación.
“Hoy he tenido más de 5 horas y media de corriente porque cada vez que llega el reloj se inicia en las 12:00. Ni deseo de renderizar la película he tenido, tanta corriente hoy desorienta como a muchos cubanos en la isla”, agregó, aludiendo a las consecuencias intelectuales de vivir con los constantes apagones.
La publicación concluye con la etiqueta #Avanzamosretrocediendo, una crítica irónica que resume el sentimiento de miles de cubanos ante una crisis eléctrica cada vez más insoportable.
Desde hace meses, los apagones prolongados afectan a gran parte del país, especialmente en las provincias orientales, obligando a muchas familias a modificar sus rutinas, condiciones de descanso y hábitos más básicos, como cocinar o estudiar.
La imagen de un joven durmiendo en una placa para huir del calor y los mosquitos no es una metáfora: es una realidad cotidiana en la Cuba de hoy.
La crisis energética en Guantánamo ha transformado profundamente la rutina de la población, obligando a instituciones y familias a adoptar medidas extremas para sobrellevar la falta de electricidad.
En el sector educativo, un círculo infantil de Baracoa ha tenido que cocinar con leña y reducir los horarios para enfrentar los cortes de energía. Esta situación pone en riesgo la alimentación infantil y aumenta la carga de trabajo de las educadoras, que deben reorganizar sus labores en condiciones precarias.
De igual forma, en las escuelas de Artemisa se han flexibilizado los horarios y suspender el uso de uniformes debido a la inestabilidad del servicio eléctrico.
En el sistema escolar, los directivos han implementado ajustes drásticos en la organización docente. Ante la imposibilidad de mantener clases en horarios regulares, se han establecido turnos alternos y cambios de sede para continuar con el calendario académico.
Estas decisiones buscan evitar la exposición de estudiantes y profesores al calor extremo y a las condiciones insalubres que genera la falta de electricidad, como la proliferación de mosquitos.
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