Secretario del PCC en Ciego de Ávila afirma que Díaz-Canel es un ejemplo de "vencer a los yanquis"

Díaz-Canel no ha vencido ni a los "yanquis", ni al hambre, ni a la inflación, ni al éxodo masivo que está vaciando ciudades y pueblos, ni a la desesperanza general.



Julio Heriberto Gómez Casanova Foto © Captura de video de YouTube de Televisión Avileña

Este artículo es de hace 1 año

En medio de la crisis más profunda que enfrenta Cuba en las últimas décadas, el régimen cubano decidió, una vez más, hacer gala de su capacidad para fingir normalidad a través del espectáculo propagandístico.

Esta vez el epicentro de la pantomima será Ciego de Ávila, provincia a la que el Comité Central del Partido Comunista otorgó la sede del acto nacional por el 26 de julio.

La efeméride, lejos de inspirar entusiasmo en la ciudadanía, hoy suena hueca, anacrónica y distante para millones de cubanos que luchan diariamente por tener un litro de aceite, un pedazo de pan o unos minutos de electricidad.

El primero en celebrar fue el secretario del Partido en el territorio, Julio Heriberto Gómez Casanova, quien en un acto emitido por la televisión no solo aplaudió la "distinción", sino que -en un ejercicio de lealtad al delirio oficialista- afirmó que Díaz-Canel es un ejemplo de que "sí podemos vencer a los yanquis" y "hacer un socialismo próspero" en Cuba.

Sus palabras contrastan brutalmente con la realidad cotidiana de los avileños: apagones de más de 20 horas, pan normado en días alternos, la mitad del agua que se necesita para sobrevivir, salarios de hambre, una agricultura en ruinas y un nivel de desesperanza general.

Festejos en la oscuridad

La celebración no es nueva. Hace apenas dos semanas, en medio de un apagón masivo, el gobierno local celebró la designación de la sede con una grotesca caravana de motocicletas policiales, autos estatales tocando el claxon y gente ondeando banderas desde camiones.

El video, enviado por un vecino a CiberCuba, mostraba una ciudad sumida en la penumbra mientras las autoridades festejaban un reconocimiento sin sentido práctico.

La escena parecía sacada de un sketch satírico: propaganda en marcha mientras el pueblo no puede ni encender un bombillo.

Díaz-Canel se sumó al entusiasmo. "¡Felicidades a Ciego de Ávila por la sede del 26 de julio! Lo ha ganado con esfuerzo, constancia y el talento de su pueblo", escribió en X, reforzando una narrativa que solo existe en los informes de prensa oficialista y en los salones con aire acondicionado del Comité Central.

Un líder que no ha vencido a nadie

Que un dirigente del PCC afirme que Díaz-Canel "es un ejemplo venciendo a los yanquis" no solo es un despropósito histórico, sino una muestra del nivel de desconexión del discurso oficial con la realidad nacional.

Díaz-Canel no ha vencido ni a los "yanquis", ni al hambre, ni a la inflación, ni al éxodo masivo que está vaciando ciudades y pueblos del país.

Bajo su mandato, Cuba ha entrado en una espiral de colapso económico, crisis energética, represión política y migración desbordada sin precedentes.

Más de medio millón de cubanos se han ido del país solo en los últimos dos años. Las tiendas en pesos están vacías, y las que venden en dólares -moneda a la que la mayoría no tiene acceso- solo exhiben su elitismo insultante.

La imagen que el gobierno intenta vender con frases como "sí se puede" y montajes televisivos desde platanales cuidadosamente peinados para la cámara, es tan artificial como ofensiva.

La transmisión de la Mesa Redonda desde un campo de plátanos en Ciego de Ávila esta semana fue el colmo del cinismo, una puesta en escena diseñada para mostrar lo que no existe: abundancia, control, planificación y éxito agrícola.

Mientras los productores repetían los lemas oficiales, la mayoría de los cubanos se preguntaba cuándo volverá el arroz de la libreta a la bodega.

26 de julio: una fecha sin pueblo

La elección de Ciego de Ávila como sede central del acto del 26 de julio no tiene hoy nada que ver con el espíritu rebelde y fundacional que alguna vez se asoció con esa fecha.

Para el cubano de a pie, se ha convertido en otro día más de consignas huecas, promesas incumplidas y derroche de recursos públicos en actos que no alivian la crisis.

¿De qué sirve pintar fachadas, montar tarimas, imprimir banderas y movilizar trabajadores para marchas y mítines, cuando el país está al borde del colapso energético y alimentario? ¿Qué celebra el régimen cuando ni siquiera puede garantizar el desayuno escolar o una consulta médica con los insumos mínimos?

El pueblo cubano no necesita más actos simbólicos ni más gestos de propaganda.

Necesita soluciones reales: comida en la mesa, medicinas en las farmacias, electricidad, agua, transporte público, salarios dignos y, sobre todo, libertad para decidir su destino sin que el Partido lo arrastre a una eterna representación revolucionaria que hace tiempo dejó de tener sentido.

Mientras el aparato estatal se empeña en exaltar a Díaz-Canel como héroe de una batalla imaginaria, la verdadera guerra que vive el pueblo es contra el hambre, la escasez y la mentira. Y esa, Díaz-Canel ya la perdió.

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