Autoridades de Salud identifican a decenas de personas sin hogar en Camagüey: Cada vez son más

Autoridades identificaron 59 deambulantes y 31 atendidos en un centro en Camagüey, pero la cifra real podría ser mucho mayor ante la falta de estadísticas actualizadas.

Indigentes en Cuba (Imagen de referencia) Foto © Radio Camagüey

Luego de años de maquillar la realidad de los indigentes, el régimen cubano ha terminado por admitir su existencia: tras las declaraciones de Marta Elena Feitó Cabrera —exministra de Trabajo y Seguridad Social— quien negó la presencia de mendigos en Cuba y llegó a criminalizar a quienes buscan comida o limosna en la calle en la más reciente sesión del parlamento, el gobierno no solo reconoce el problema, sino que asegura estar “trabajando” para solucionarlo.

Sin embargo, la realidad en las calles de Camagüey demuestra que la situación ha empeorado: personas mayores, enfermos mentales, migrantes internos y ciudadanos desamparados deambulan por plazas coloniales y avenidas centrales sin rumbo ni respaldo institucional, y lo que antes parecía excepcional, hoy es rutina.

Según un reportaje de TV Camagüey, aunque la provincia fue una de las primeras en contar con un Centro de Protección Social, hoy enfrenta una paradoja evidente: el número de personas sin hogar sigue creciendo, mientras la infraestructura existente parece incapaz de ofrecer soluciones reales.

Datos de la Dirección Provincial de Salud Pública indican que 59 personas con conducta deambulante fueron identificadas en el municipio cabecera, mientras otras 31 reciben atención institucional.

Sin embargo, la cifra real podría ser mucho mayor: el país no realiza un censo nacional desde 2012, lo que impide dimensionar con precisión la magnitud del problema.

Las estadísticas locales apuntan que al menos el 30 % de los deambulantes consume alcohol en exceso, el 24 % sufre trastornos mentales, y otro 30 % tiene alguna discapacidad.


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A esto se suma el alarmante testimonio de adultos mayores que, en no pocos casos, han sido despojados de sus viviendas por familiares, denunció el portal citado.

El Código de las Familias reconoce los derechos de las personas mayores a decidir dónde vivir, a recibir cuidados y a una vida digna.

Pero en la práctica, esas garantías dependen casi por completo de la voluntad familiar y de una institucionalidad que muchas veces no actúa.

Camagüey no es la excepción. En Cuba operan nueve Centros de Protección Social, distribuidos en distintas provincias.

El centro camagüeyano ofrece alojamiento temporal por hasta 90 días, alimentación y asistencia psicosocial.

Pero tras egresar, muchos terminan de nuevo en la calle, y sin políticas de acompañamiento sostenido, sin empleo, sin vivienda segura, el retorno al desamparo es cuestión de tiempo.

El acuerdo 10056/2025 del Consejo de Ministros define la conducta deambulante como resultado de múltiples factores: inseguridad habitacional, abandono, problemas de salud y falta de autonomía económica.

Sin embargo, este protocolo se enfoca en la contención y el traslado, más que en una verdadera reintegración social.

Aunque se han implementado acciones preventivas en barrios vulnerables, como asistencia higiénica y orientación médica, estas medidas son solo paliativas.

Resolver el problema exige políticas multisectoriales: atención a las adicciones, vivienda digna, apoyo psicológico y oportunidades laborales reales, subrayó TV Camagüey.

El Decreto 109/2024, que implementa el Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida, apunta en esa dirección.

Pero sigue en etapa inicial y necesita voluntad política, financiamiento constante y participación comunitaria activa.

Una vía aún inexplorada en la isla es la creación de cooperativas sociales inclusivas, como las que existen en países como Brasil o Uruguay.

Estas estructuras permiten que personas sin hogar se reintegren mediante trabajo digno, en entornos adaptados a sus capacidades, acompañados por psicólogos y trabajadores sociales.

Proyectos comunitarios como Quisicuaba, en La Habana, ya han mostrado que es posible atender a los más vulnerables con cercanía, humanidad y resultados.

Camagüey tiene las condiciones históricas y organizativas para replicar experiencias de ese tipo, indicó la fuente.

Pero mientras no se cierren las brechas entre lo que se proclama y lo que se ejecuta, la exclusión seguirá creciendo. La protección social no puede ser solo discurso ni fachada: debe ser una red activa, capaz de sostener a quienes ya lo han perdido todo.

Comedor para indigentes / Radio Camagüey

Negados, criminalizados… y ahora “protegidos”

Durante años, el régimen cubano optó por invisibilizar la existencia de personas en situación de calle.

Aunque la realidad era evidente en plazas, avenidas y portales del país, la narrativa oficial insistía en negar la presencia de mendigos, equiparando pobreza extrema con “conductas antisociales”.

Quienes ayudaban a estas personas lo hacían desde el activismo o la fe, sin ningún respaldo estatal.

Ya en 2022, por ejemplo, iniciativas cristianas ofrecían cenas navideñas a personas sin hogar en La Habana, y en 2023, jóvenes camagüeyanos repartían comida a mendigos en el bulevar de su ciudad.

Eran acciones ciudadanas que documentaban una pobreza silenciada desde las instituciones.

El punto de quiebre ocurrió cuando la entonces ministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó Cabrera, negó públicamente la existencia de mendigos en Cuba y criminalizó la mendicidad, calificándola como una conducta ilegal.

Sus declaraciones causaron escándalo y rechazo, incluso en medios oficialistas y sectores del propio gobierno.

EL desatino de la titular del ramo fue tal que provocó una enorme presión la cual, como resultado final, provocó la renuncia de la ministra, un hecho bastante insólito en la realidad de Cuba.

Aunque algunas voces de activistas coinciden en señalar que no fue más que una estrategia del régimen para desviar la atención de los innumerables problemas que enfrenta hoy el gobierno.

Sin embargo, pocos días después, el régimen comenzó a anunciar acciones “para atender” el problema.

Una de ellas fue la inauguración de un nuevo centro para deambulantes en Villa Clara, una medida presentada como estructural, pero claramente motivada por el escándalo político y no por una estrategia social real.

Así, quienes durante años fueron negados o tratados como delincuentes, ahora son mostrados como beneficiarios de un sistema que solo reaccionó tras la presión pública. La aparente protección llega tarde, y no garantiza reparación.

De la negación oficial al eco global: la pobreza cubana ya no se puede ocultar

La crisis de indigencia que el régimen cubano trató de negar durante años ya no solo es visible en las calles, sino que ha trascendido las fronteras de la isla.

Medios internacionales comienzan a documentar con crudeza lo que ocurre en la Cuba empobrecida de hoy. La agencia francesa AFP, por ejemplo, publicó este jueves un reportaje desde La Habana en el que recoge el testimonio de William Abel, un hombre de 62 años que sobrevive buscando restos de comida en los contenedores de basura.

En su narración, William muestra una bolsa plástica con arroz sucio, algunas verduras y un hueso de pollo roído: “La comida es lo más difícil. Llevo dos años buscando en la basura algo que comer”, declaró con dificultad, debido a la falta de dientes.

Abandonado tras el derrumbe de su vivienda y con un cuerpo visiblemente deteriorado, William asegura que la mendicidad “siempre existió” en Cuba, pero ahora hay “más que nunca”.

Su testimonio ilustra lo que muchos ciudadanos han repetido fuera del discurso oficial: que el colapso económico, la inflación descontrolada y la ausencia de una red real de protección social han empujado a miles al borde de la indigencia.

En ese mismo reportaje, AFP recogió otras historias desgarradoras. Juan de La Cruz, de 63 años y con una pierna amputada por diabetes, pide limosna bajo un portal en Centro Habana con un cartel que ruega: “Por favor, algo para comer”.

Recibe una pensión de apenas 1.092 pesos mensuales, equivalentes a menos de 3 dólares en el mercado informal. La comida del comedor estatal —dice— es “mala, arroz sin manteca, sin aceite”, además vive en un cuarto vacío, lejos de su familia, y con la certeza de que no tiene otra opción.

Arnaldo Victores, un exfisioterapeuta ciego de 65 años, duerme sobre bolsas de nailon en un garaje de motos. No puede acceder a los servicios sociales porque no tiene dirección oficial en La Habana.

Todos los días regresa al centro de la capital a mendigar frente al nuevo hotel de 42 pisos inaugurado por el Estado. Su sueño no es lujo ni viajes, solo pide “un cuartico y un baño”.

Frente a estos testimonios, la narrativa del régimen —que durante décadas evitó usar palabras como “pobreza” o “mendicidad”— ha quedado sin sustento. La renuncia de la ministra Marta Elena Feitó tras sus declaraciones ofensivas contra los limpiaparabrisas y mendigos no fue un gesto de autocrítica, sino una reacción ante la indignación popular.

Como reconoció incluso el gobernante Miguel Díaz-Canel, los mendigos son ahora “expresiones concretas” de las desigualdades que el sistema no ha podido ni querido resolver.

Preguntas frecuentes sobre la situación de las personas sin hogar en Cuba

¿Cuál es la situación actual de las personas sin hogar en Camagüey, Cuba?

La situación de las personas sin hogar en Camagüey se ha agravado y es cada vez más visible. Aunque el gobierno cubano ha reconocido oficialmente el problema, las calles de Camagüey reflejan la cruda realidad de personas mayores, enfermos mentales, migrantes internos y ciudadanos desamparados que deambulan sin apoyo institucional efectivo.

¿Qué medidas está tomando el gobierno cubano para ayudar a las personas sin hogar?

El gobierno ha implementado centros de protección social que ofrecen alojamiento temporal, alimentación y asistencia psicosocial. Sin embargo, estas medidas son insuficientes y no abordan la reintegración social de manera efectiva, ya que muchas personas vuelven a las calles después de salir de estos centros.

¿Qué factores contribuyen a la problemática de las personas sin hogar en Cuba?

La inseguridad habitacional, el abandono, los problemas de salud y la falta de autonomía económica son factores clave que contribuyen a la situación de las personas sin hogar. El gobierno ha reconocido estos problemas en su acuerdo 10056/2025, pero las acciones para resolverlos son limitadas y se centran más en la contención que en la solución a largo plazo.

¿Cómo ha reaccionado la sociedad cubana ante las declaraciones de la ministra Marta Elena Feitó Cabrera sobre la mendicidad?

Las declaraciones de la ministra, donde negó la existencia de mendigos en Cuba, provocaron una ola de indignación tanto dentro como fuera del país. Intelectuales, activistas y ciudadanos han condenado sus palabras, considerándolas insensibles y desconectadas de la realidad que enfrentan miles de cubanos.

¿Qué posibles soluciones se han propuesto para abordar la situación de las personas sin hogar en Cuba?

Se han planteado soluciones como la creación de cooperativas sociales inclusivas, similares a las de Brasil o Uruguay, que permitirían la reintegración mediante trabajo digno. También se destaca la necesidad de políticas multisectoriales que aborden las adicciones, ofrezcan vivienda digna, apoyo psicológico y oportunidades laborales reales, aunque estas propuestas aún no han sido implementadas de manera efectiva.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un periodista antes de su publicación.




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