Matanzas agoniza entre el calor, apagones, sed crónica y voces silenciadas

En Matanzas solo hay tristeza, calor, oscuridad y un silencio impuesto que no apaga la indignación Foto © Facebook/Zea Giselle

Este artículo es de hace 1 año

Con temperaturas que rozan los 41 grados de sensación térmica, apagones de hasta 72 horas, escasez de agua potable durante meses y servicios colapsados, la ciudad de Matanzas parece más un castigo geográfico que una provincia cubana, mientras sus habitantes sobreviven sin electricidad, sin gas, sin cobertura móvil y sin siquiera el derecho a desahogarse públicamente.

Mientras la propaganda oficial presume circuitos “no apagables”, los matanceros acumulan más de 20 horas de afectación continua, según el propio director de la Empresa Eléctrica provincial.

Captura de Facebook/Zea Gisselle

Sin embargo, los testimonios desde el terreno desmienten esa cifra con ejemplos extremos de 30, 40 y hasta 72 horas sin electricidad, especialmente en municipios como Jovellanos, Unión de Reyes y Cárdenas, donde el apagón es prácticamente permanente, comentó a través de su perfil de Facebook la joven cubana Zea Gisselle, residente en La Habana y de visita en la occidental provincia.

“Y si fuera solo la electricidad, una por los menos pudiera decir que en Matanzas ʻvivenʼ pero, esto es mucho peor... es agonía”, subrayó el texto.

Se refirió asimismo a la falta de agua potable, que golpea sin descanso desde hace meses, ante lo cual, expresó, “todavía no logro entender cómo se bañan, cómo lavan, cómo cocinan... ¿Cómo tienen voluntad para levantarse cada día y seguir sufriendo el mismo martirio?”.

Y así describió parte del drama diario: “Las personas suben y bajan (la ciudad es pura loma, por si no lo sabían) carretillas, jabas, cargando tanques y pomos de agua para poder abastecerse. Si caminas unas cuantas cuadras, lo más seguro es que tropieces con alguna paila de agua, que los vecinos se resuelven, para compartir el líquido entre todos”.

Captura de Facebook/Zea Gisselle

En muchos hogares ni siquiera hay gas licuado desde hace seis meses, y sin electricidad ni agua, cocinar se ha vuelto una hazaña diaria.

Durante los apagones tampoco hay cobertura móvil ni servicio telefónico, lo que deja a la población incomunicada, desinformada y sin posibilidad real de reclamar o expresar su inconformidad.

Los matanceros no tienen ni siquiera la posibilidad de “desahogarse” en el canal de Telegram de la Empresa Eléctrica provincial. “Les mantienen silenciados, sin poder comentar las informaciones de la Empresa, solamente pueden reaccionar con like o dislike y punto, esto es lo que hay y si no te gusta, soporta”, comprobó Giselle.

Asimismo, las capturas de pantalla están prohibidas, y los usuarios recurren a fotografiar las publicaciones con otro teléfono para poder difundirlas. El control es absoluto, incluso sobre el malestar.

El método para saber cuándo volverá la electricidad no es un parte oficial, es el “voz a voz”. Sin conexión de datos ni avisos oportunos, los vecinos se enteran de los horarios por el rumor callejero, cuando alguien logra conectar brevemente para revisar los anuncios.

Los relatos que emergen desde la ciudad son demoledores. La gente no habla de vivir, habla de aguantar. Cuando se les pregunta cómo sobreviven, las respuestas son una mezcla de resignación y derrota: “Tenemos que adaptarnos o nos morimos”, “No podemos hacer otra cosa”, “Somos carneros”.

En los comentarios, el dolor se convierte en grito. “Qué tristeza me da todo eso. Y lo peor: no se ve luz al final del túnel, pero luz de ningún tipo”, dijo un antiguo residente en la provincia.

Otra usuaria exhortó a romper la rutina impuesta: “Paren todo. No trabajen, no manden a niños sin dormir y sin comer a las escuelas. Paren el p*to país antes que mueran todos”. Pero otra le contestó: “Van a trabajar porque en el trabajo hay corriente, y ahí ven un ventilador en movimiento, recargan lámparas, teléfonos... un sinsentido”.

La propia cibernauta lamentó una situación que su familia “sufre a diario, mi madre y mi tía han bajado considerablemente de peso, pero a la misma vez no entienden el sentido de denunciar nada de lo que ocurre”.

Yudlema, por su parte, confirmó el cerco informativo: “En el único canal de Telegram de la Empresa Eléctrica que se puede aún intercambiar es en el de la capital. Hace mucho tiempo es así. Entra en el de Artemisa, no se puede: intervenir, reenviar lo que allí sale, hacer captura de pantalla... Nada, es información de seguridad nacional”.

Fernando lo resumió con crudeza: “Cuando la gente de la capital viene a provincia... hasta que no lo vives, no entiendes la verdadera dimensión de la miseria”. Por su parte, Rouslyn reconoció estar “sobreviviendo junto a mis amistades durante una visita corta, q podría casi catalogarse como turismo al infierno. Porque yo vuelvo a mi casa en La Habana y dejo atrás todo el drama para vivir el mío que, comparado con este, es light”.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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