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Capítulo I
En mayo pasado, en lugar de usar su capital político para presionar a Donald Trump en materia migratoria ―como frenar las redadas de ICE o respaldar a I-220A y beneficiarios del parole humanitario―, los tres congresistas cubanoamericanos de Miami optaron por otra estrategia: amagaron discretamente con retirar su apoyo en la Cámara de Representantes al proyecto de ley BBB (Big Beautiful Bill) si el presidente optaba por revivir las operaciones de Chevron en Venezuela.
En febrero, la Casa Blanca había rescindido la licencia de la corporación petrolera para operar en el país sudamericano, pero para entonces esa decisión estaba a punto de revertirse tras negociaciones secretas entre Nicolás Maduro y el enviado especial Richard Grenell, el favorito de Trump para tratar con Caracas.
Según revelaciones del sitio de noticias Axios, los representantes Mario Díaz-Balart, María Elvira Salazar y Carlos Giménez acudieron a la Casa Blanca para exponer su malestar directamente ante Trump. Una semana después, Díaz-Balart se contactó vía telefónica con el presidente por intermedio del Speaker del Congreso, Mike Johnson, y le recordó nuevamente su compromiso anti-Maduro.
Ninguno amenazó explícitamente con retirar el voto o un quid pro quo respecto a las negociaciones sobre la Ley de Presupuesto, que por entonces absorbía 24/7 la mente de Trump. Pero sí le hicieron saber que un pacto con Caracas equivaldría a “extenderle la línea de salvación” lanzada por Joe Biden cuando suavizó las sanciones a Venezuela en 2022.
“Se van a volver locos, y yo necesito sus votos”, explicó Trump a dos confidentes citados por Axios cuando parecía inclinarse por dejar morir las negociaciones para reactivar la licencia de Chevron.
El propio secretario de Estado, Marco Rubio, instó a Trump a desechar el acuerdo negociado por su rival en favores, Grenell, argumentando que dar oxígeno a Maduro sería “un error político y moral”.
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Finalmente Trump decidió ―ahora sabemos que sólo momentáneamente― la cancelación de la licencia a la multinacional y los “Three Crazy Cubans” (en palabras de Johnson) se salieron con la suya y votaron Yea por el BBB.
Díaz-Balart, Salazar y Giménez corrieron de inmediato a los medios para entonar un coro de encendidos elogios al presidente por cercenar las fuentes de ingreso a la dictadura venezolana a través de las exportaciones de Chevron.
Capítulo II
El pasado 24 de julio, el diario The Wall Street Journal (WSJ), reveló que Trump ―como resulta ya habitual― había cambiado nuevamente de opinión y autorizaba una nueva licencia al gigante petrolero para continuar la extracción de crudo en Venezuela.
Muchas de las provisiones de la nueva “licencia específica” han quedado en la oscuridad, pero según WSJ, bajo el nuevo acuerdo ni ganancias ni impuestos derivados irían a parar a las manos del régimen de Maduro.
A pesar de ello, algunos exfuncionarios de la estatal venezolana PDVSA inundaron rápidamente la plataforma X con argumentos de que un pago en crudo a Caracas representaría en los hechos una significativa fuente de ingresos para su gobierno.
Hasta hoy, la Casa Blanca no ha confirmado el acuerdo ni se conoce la letra chica del contrato, pero el propio Maduro compareció exultante en TV nacional para confirmar el reinicio de las operaciones de Chevron en el país.
El nuevo pacto fue revelado apenas días después de un canje de 252 venezolanos que habían sido deportados a la cárcel CECOT de El Salvador por una decena de estadounidenses retenidos en Venezuela (incluyendo a un exmarine con doble nacionalidad que cumplía prisión por un asesinato múltiple en España).
WSJ aseguró que tanto Trump como el secretario de Estado Rubio estuvieron “involucrados en las discusiones” para el canje. Cuando le preguntaron a Maduro si el intercambio de presos fue parte de las negociaciones para la reactivación de la licencia a Chevron, respondió socarronamente: “Durante mis años en el Servicio Exterior aprendí que, a veces, hay que decir: ‘No comments’”.
Epílogo
Mientras las noticias sobre Chevron se propagaban como pólvora, comenzaron a emerger declaraciones pasadas (de 2022, 2023, 2024 y 2025) de los tres congresistas cubanoamericanos atacando ferozmente a la Administración Biden por haber extendido una licencia inicial a Chevron, como parte de un acuerdo que incluía la liberación de detenidos políticos y un pacto nacional para la celebración de elecciones. “O la Administración Biden es idiota, o está traicionando la causa de la democracia en Venezuela”, resumía airado Díaz-Balart.
Pero tras la reactivación del acuerdo por Trump, en Miami se produjo un giro de 180 grados. Ahora los “Three Crazy Cubans” apoyan los negocios de Chevron con Maduro.
Apenas un tweet, compartido en X palabra por palabra por los tres legisladores republicanos, en inglés y español, en un infructuoso intento de clarificar su posición: “No hay mayor defensor de la causa de la libertad del pueblo venezolano que el presidente Trump. Su historial es clarísimo al enfrentarse a los dictadores antiamericanos del hemisferio occidental que constantemente buscan socavar la seguridad nacional de Estados Unidos”.
Ni una crítica, ni una sola reserva ante decisiones que ellos mismos habían venido condenando inequívocamente como idiotas o traicioneras.
Al final, parece que el cálculo político no les funcionó. Con tal de no incomodar a Trump, evitaron usar su influencia para defender a cientos de miles de inmigrantes ―como ellos mismos o sus padres alguna vez lo fueron― amenazados con la deportación a las mismas dictaduras de las que huyeron.
Creyeron que podrían contentar al núcleo duro de su electorado local mostrando firmeza frente a Venezuela ―un tema menos espinoso ante Trump y Maga que la inmigración― y apostaron todo a la carta de Chevron.
El resultado: Trump los ignoró en ambos frentes. Jugó con ellos y no les dio absolutamente nada, como no fuera una costosa lección: ni avances en inmigración, ni victoria con Chevron. Y encima continúa privándolos de oxígeno en el terreno electoral, con decisiones percibidas como abiertamente hostiles por amplios sectores de la comunidad hispana.
El Secretario de Estado, por su parte, ha estado jugando en todas las bases. Poco antes del affair Chevron, Rubio había publicado un memorándum anunciando un cambio drástico en política exterior: en lo adelante el Departamento de Estado se abstendrá de comentarios públicos sobre elecciones extranjeras (¿incluida la de Venezuela?) y, en cambio, se centrará más en los “intereses estratégicos de Estados Unidos” por encima de los valores ―o antivalores― de otras naciones.
Respecto a Chevron, Rubio transitó de la oposición a la transacción a plena luz del día, cual Fouché postmoderno, sin sombra de pudor. Está apostando fuerte a convertirse en bateador designado para 2028, buscando posicionarse por encima de James David Vance. Y para lograrlo, sabe que solo tiene que responder con dos palabras: “Yes, Sir”.
Preguntas frecuentes sobre las operaciones de Chevron en Venezuela y la política de Trump
¿Por qué los congresistas cubanoamericanos evitan criticar a Trump tras el acuerdo con Venezuela?
Los congresistas cubanoamericanos, Carlos Giménez, Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar, evitaron criticar a Trump para no incomodarlo y preservar su influencia política. A pesar de que anteriormente criticaron a Biden por su trato con Venezuela, adoptaron una postura de apoyo hacia Trump y su decisión de permitir que Chevron reanude operaciones en Venezuela, para mantener su alineación política y evitar tensiones con su base electoral pro-Trump.
¿Qué implica la reanudación de operaciones de Chevron en Venezuela?
La reanudación de operaciones de Chevron en Venezuela sugiere un cambio en la política de Trump hacia el régimen de Maduro. A pesar de las sanciones previas, Trump ha autorizado a Chevron a extraer petróleo nuevamente en Venezuela. Esto ha sido interpretado como un intento de equilibrar las necesidades energéticas de EE. UU. con las tensiones geopolíticas, aunque las condiciones del acuerdo no están completamente claras.
¿Cómo afecta el acuerdo de Chevron a la política migratoria de Trump?
El acuerdo de Chevron con Venezuela está vinculado a las políticas migratorias, ya que se ha mencionado un intercambio de prisioneros y la aceptación de deportados venezolanos. Este movimiento sugiere que las decisiones energéticas están siendo utilizadas como herramienta de presión en otros frentes políticos, especialmente en la gestión de la migración y las relaciones bilaterales con Venezuela.
¿Qué consecuencias tiene la decisión de Trump sobre la licencia de Chevron en Venezuela para Cuba?
La reanudación de operaciones de Chevron podría afectar indirectamente a Cuba, ya que Venezuela podría redirigir su producción petrolera hacia sus socios estratégicos, como Cuba. Esto podría aliviar la crisis de combustible en la isla, debido a que Venezuela podría aumentar los envíos de crudo a Cuba, compensando la pérdida de exportaciones a EE. UU.
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