
Tres años después del incendio que costó 17 vidas, Matanzas conmemoró este 5 de agosto a las víctimas de la explosión en la Base de Supertanqueros. Pero el homenaje no borra la indignación ni las preguntas aún sin respuesta sobre las responsabilidades del Estado en una de las tragedias más graves de la Cuba reciente.
El acto oficial, celebrado en la plaza erigida como monumento en la Zona Industrial, reunió a familiares, amigos y autoridades. Hubo pase de lista, rosas blancas, silencio, banderas, y hasta una exposición fotográfica titulada “Memorias de fuego”, según informó el medio oficialista Girón.
Pero también hubo dolor contenido, lágrimas que siguen esperando justicia y presencia institucional del Ministerio del Interior (MININT), la misma estructura que permitió que jóvenes reclutas del Servicio Militar Obligatorio fueran enviados al infierno sin preparación suficiente.
Entre ellos, Leo Alejandro Doval Pérez de Prado, de apenas 19 años, con solo 15 días de formación como bombero. Murió el segundo día del incendio, junto a otros muchachos que ni siquiera habían terminado el entrenamiento.
La pregunta de su abuela resuena con fuerza tres años después: “¿Quién va a asumir la responsabilidad de llevar a esos niños allí?”
Homenaje a los suyos
En el Cementerio de Matanzas se depositaron ofrendas florales a nombre de Miguel Díaz-Canel, Raúl Castro y otras figuras del poder. En redes sociales, los medios oficialistas compartieron imágenes del acto. Pero lo que no se menciona en los discursos es que fueron las propias instituciones que hoy organizan los homenajes las que colocaron en la primera línea del fuego a soldados sin experiencia, sin equipamiento suficiente, y sin garantías mínimas de seguridad.
Periódico Girón.
El MININT, la Defensa Civil, las Fuerzas Armadas, el Partido Comunista, todas estuvieron involucradas en la operación. Ninguna ha rendido cuentas.
Mientras el duelo persiste, el Ministerio de Energía y Minas anunció que avanza la reconstrucción de los cuatro tanques destruidos por las llamas.
Se trabaja en asfaltado de nuevos viales, interconexiones mecánicas y sistemas de seguridad. La culminación está prevista para 2026.
Se asegura que ahora los tanques contarán con membranas flotantes, domos geodésicos y un nuevo sistema de pararrayos que disipa la carga eléctrica.
Un país que no olvida… ni perdona
El incendio, provocado por un rayo que impactó un tanque con 40 mil galones de combustible, se propagó durante seis días. Murieron bomberos, piperos y trabajadores civiles. La mayoría de los cuerpos quedaron irreconocibles por la intensidad del fuego. Cientos fueron hospitalizados y una comunidad entera desplazada.
La respuesta del gobierno fue lenta y opaca. La extinción del incendio se celebró como un acto heroico, pero las condiciones que lo hicieron posible, infraestructura obsoleta, falta de protocolos, improvisación, y negligencia en la toma de decisiones, nunca fueron discutidas públicamente.
Este aniversario vuelve a poner sobre la mesa el contraste entre la épica oficial y la tragedia vivida por las familias cubanas. Se alzan monumentos, pero no se han asumido culpas. Se repiten actos solemnes, pero no se escucha a quienes exigen respuestas.
En el corazón de Matanzas, mientras las cámaras enfocaban el escenario, una mujer se secaba las lágrimas con un pañuelo, mientras sostenía el retrato de su ser querido. Detrás de ella, un grupo de uniformados del mismo cuerpo que no pudo proteger a sus muchachos.
El homenaje de este año no solo fue un tributo a los caídos. Fue también un recordatorio de que el silencio institucional es otra forma de violencia.
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