Se marcha la central turca del puerto de La Habana entre apagones masivos y promesas incumplidas

En el momento de mayor presencia turca, Cuba llegó a tener ocho patanas de la empresa Karpowership operando en sus costas.

Patana turca instalada en el puerto de La Habana (Imagen de referencia) Foto © Redes Sociales

La central flotante más potente de las que operaban en Cuba abandonó definitivamente el puerto de La Habana en la mañana de este miércoles.

La patana se va y la oscuridad se queda.

La central flotante turca -con capacidad de 240 megavatios (MW)- deja tras de sí una profunda señal de alarma: el país se queda con una sola patana operativa, mientras los apagones se agravan y el sistema energético nacional se desmorona.

La retirada se produce sin una solución clara a corto plazo para suplir la pérdida de generación.

Una salida anunciada, pero no asumida públicamente

El Ministerio de Energía y Minas había informado el pasado sábado que la patana Suheyla Sultan, también conocida como Karadeniz One -nombre con el que fue identificada en su operación en Cuba- sería desconectada “por razones comerciales”.

Sin embargo, evitó precisar cuándo ocurriría su retirada física.


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Durante los días posteriores, aún se podía ver humo en algunas de sus chimeneas, lo que indicaba actividad parcial, según reveló este mismo miércoles el portal 14yMedio.

Sin embargo, en la mañana de hoy finalmente zarpó del puerto habanero, asistida por un remolcador, según revelaron imágenes publicadas en redes sociales.

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La prensa oficialista ha guardado hasta el momento silencio absoluto sobre el tema.

Fuentes cercanas a la operación indican que el motivo real del retiro es el impago por parte del régimen cubano.

En mayo, el medio independiente 14yMedio anticipó la partida de la patana Suheyla Sultan, pero el régimen desmintió que se fuera a ir. Menos de tres meses después, se ha acabado concretando la partida.

De ocho a una: El éxodo de las patanas

En el momento de mayor presencia turca, Cuba llegó a tener ocho patanas de la empresa Karpowership operando en sus costas.

Hoy solo queda una, anclada en Regla, la cual también presenta afectaciones: según la Unión Eléctrica (UNE), tiene 37 MW fuera de servicio por falta de combustible.

La Suheyla Sultan era la de mayor capacidad individual.

Ya en diciembre de 2024, el ministro Vicente de la O Levy advirtió ante la Asamblea Nacional que las patanas se irían más pronto que tarde debido a la incapacidad del país de hacer frente a los pagos.

Aunque defendió un plan a largo plazo basado en fuentes nacionales y renovables, reconoció que no estaría listo para el verano de 2025.

Un déficit brutal y apagones sin tregua

La desconexión de la Suheyla Sultan no llega en un buen momento: el déficit eléctrico del país sigue alcanzando cifras históricas.

Cuba vivió este martes una de las peores jornadas eléctricas del año, con apagones extendidos por todo el país y un déficit que superó los 2,000 megavatios (MW), confirmando el colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

Según el parte oficial de la Unión Eléctrica (UNE), la afectación máxima fue de 2,010 MW, un valor superior al pronosticado inicialmente (1,872 MW).

El incremento de la afectación, según la UNE, se debió a la limitación tecnológica en la unidad 3 de la CTE Céspedes y a la salida imprevista de la unidad 6 de la CTE Renté, sumándose a una larga lista de plantas fuera de servicio por avería o mantenimiento.

Para el pico nocturno de hoy se prevé una afectación estimada de 1,858 MW.

La retirada de la patana, lejos de ser un simple ajuste técnico, pone aún más presión sobre una infraestructura que ya estaba al borde del colapso.

Sin plan de emergencia y con las termoeléctricas en ruinas

El discurso del ministro De la O Levy apuntaba a una “soberanía energética” basada en las capacidades internas del país: el uso del crudo nacional, el gas acompañante, la biomasa, la energía solar y eólica.

Pero nada de eso se ha materializado de forma significativa. Mientras tanto, las termoeléctricas envejecidas, con constantes averías, no pueden sostener la demanda.

A falta de alternativas reales a corto plazo, los cubanos enfrentan un panorama desolador: más apagones, más calor, más incertidumbre.

Mientras el Gobierno calla y los barcos se alejan, la oscuridad -literal y figurada- se queda en Cuba.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un periodista antes de su publicación.




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