Una pediatra cubana, identificada como Niurka Elena Castellanos Ramos, denunció públicamente el profundo agotamiento físico y emocional que atraviesa, en medio de la crisis estructural que vive el país. Radicada en Camagüey, una de las provincias más castigadas por los apagones —que superan las 20 horas diarias—, la doctora compartió su testimonio en un comentario en Facebook, en respuesta a una publicación del humorista Ulises Toirac.
“Qué impotencia, qué tristeza, mis muelas me duelen de apretar inconscientemente ante tanto estrés y yo que trabajo frente a niños, me siento tan agotada, no duermo pensando en que no hay agua, corriente, todo se echa a perder, mi familia me duele, mis vecinos, mis pacientes y que cada segundo todo sea peor”, escribió Castellanos, antes de sentenciar: “A mis 54 años nunca vi algo tan deprimente”.
Su comentario se dio en el contexto de un post donde Toirac se preguntaba irónicamente si con inteligencia artificial se podría simular que el país avanza.
En ese mismo espacio, la doctora volvió a escribir, ampliando su testimonio: “Trato de entregar a mis pacientes lo mejor de mí pero a veces no puedo, me conecto con lo que pasa en mi casa, las carencias básicas que hay que resolverlas a como toque, yo no soy negociante, tengo que vivir de mi salario porque no sé producir dinero, estudié para dar salud, el día a día es un corre corre”.
Castellanos también cuestionó la narrativa oficial en los medios estatales, señalando que “una desinformación al pueblo que da mucho coraje y lo lindo que hablan en la TV”, para concluir que todo lo que vive se convierte en “un disgusto con depresión que apaga la esperanza de vivir”.

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Sus palabras resonaron entre decenas de cubanos que comentaron la publicación en el mismo tono de desesperanza. Desde distintas provincias, los usuarios compartieron realidades similares: falta de agua, de electricidad, de recursos básicos, y una creciente fatiga emocional. “Aquí en provincia los apagones son de 20 o más, lo más triste de todo es que todo se va marchitando lentamente, poco a poco inexorablemente. Aunque me parece que aquí todo se acabó hace rato, solo nos resta sobrevivir”, comentó uno de ellos.
Otro describió cómo el cansancio se convierte en obstáculo para la vida cotidiana: “Mi pregunta: ¿quién puede rendir al otro día en el trabajo?”. Una usuaria resumió la impotencia generalizada afirmando: “Estamos viviendo lo peor de la historia de este país, es muy triste e irresistible. No se aguanta más”.
En otra intervención, la doctora fue aún más contundente al describir la rutina eléctrica en su entorno: “Llevamos 4 años sin corriente y ya ahora estamos en el extremo: 3 horas al día, esto es muerte lenta”.
La publicación, originalmente pensada como un comentario humorístico, se convirtió en un muro de lamentos ciudadanos. “Desde Matanzas reportando 20 horas apagados y todavía no regresa, somos continuidad”, ironizó otra persona.
Este sentir colectivo tiene una base real y creciente. Según reportes recientes, Cuba vivió esta semana una de las tres peores jornadas eléctricas del año, con un déficit de generación que superó los 2,000 megawatts, según datos de la Unión Eléctrica (UNE). Solo el martes, la afectación máxima registrada fue de 2,010 MW a las 21:10 horas, con prolongados apagones en todo el país, incluida la capital.
A la par, el gobierno admitió el colapso de plantas eléctricas de emergencia en hospitales de Santiago de Cuba, debido a su uso prolongado, afectando servicios esenciales como cuidados intensivos, refrigeración de medicamentos y bombeo de agua. Un vocero del sistema eléctrico reconoció que los generadores instalados en centros médicos “no son para trabajar horas prolongadas, y están colapsando”.
Las cifras oficiales muestran que el país solo contaba esta semana con 1,680 MW para cubrir una demanda de más de 3,000 MW, lo que provocó apagones masivos en todas las provincias. Cinco unidades térmicas siguen averiadas, tres están en mantenimiento y decenas de generadores distribuidos permanecen fuera de servicio por falta de combustible.
Mientras el sistema eléctrico nacional se desmorona, la población carga con las consecuencias en silencio, entre la oscuridad, el calor y la desesperanza. Como bien reflejan las palabras de la doctora Castellanos, “nada racional ni fácil, es un disgusto con depresión que apaga la esperanza de vivir”.
Preguntas frecuentes sobre la crisis energética en Cuba
¿Cuál es la situación actual de los apagones en Cuba?
La crisis energética en Cuba ha empeorado significativamente, con apagones que superan las 20 horas diarias en varias provincias. Esta situación ha generado un profundo agotamiento físico y emocional en la población, que enfrenta un colapso estructural en el sistema eléctrico nacional.
¿Cómo afecta la crisis energética a los servicios esenciales en Cuba?
La crisis afecta gravemente los servicios esenciales, como los hospitales, donde las plantas eléctricas de emergencia han colapsado debido al uso prolongado. Esto compromete cuidados intensivos, refrigeración de medicamentos y bombeo de agua, incrementando la vulnerabilidad de la población.
¿Qué medidas ha tomado el gobierno cubano para solucionar la crisis eléctrica?
El gobierno cubano ha prometido recuperar parte de la capacidad de generación eléctrica en los próximos años. Sin embargo, hasta el momento no se han visto soluciones estructurales concretas, y las justificaciones oficiales se centran en la falta de combustible, mantenimientos pendientes y "roturas imprevistas".
¿Cómo ha reaccionado la población cubana ante la crisis energética?
La población cubana ha expresado su descontento a través de redes sociales y testimonios, reflejando un estado de agotamiento y desesperación. Los cubanos enfrentan una rutina de supervivencia diaria, con escasez de agua, alimentos y medicinas, y una creciente sensación de impotencia ante la falta de soluciones.
¿Por qué la situación energética en Cuba se ha deteriorado tanto?
El deterioro del sistema energético cubano se debe a múltiples factores, incluyendo fallas técnicas en centrales termoeléctricas, falta de combustible, escasez de inversión y mantenimientos prolongados. La infraestructura eléctrica está obsoleta, lo que ha llevado a un colapso en la generación y distribución de electricidad.
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