
El Tribunal Supremo Popular de Cuba lanzó una seria advertencia sobre el crecimiento del consumo y tráfico de drogas sintéticas en la isla, especialmente en La Habana, y aprobó un dictamen que endurece las sanciones penales para quienes tengan o distribuyan estas sustancias altamente tóxicas, publicado este jueves en la Gaceta Oficial extraordinaria número 52.
Los llamados cannabinoides sintéticos, conocidos popularmente como “el químico” o “los papelitos”, imitan a la marihuana, pero son hasta cien veces más potentes y con efectos devastadores para la salud.
Según expertos citados en la propia Gaceta Oficial, incluso en cantidades mínimas pueden provocar convulsiones, ataques cardíacos, psicosis e insuficiencia orgánica múltiple.
El Supremo aclaró que ya no será necesario que un acusado posea una libra (460 gramos) de droga para ser procesado bajo el artículo de “cantidades relativamente grandes” del Código Penal.
En el caso de los cannabinoides sintéticos, bastará demostrar, mediante peritajes en toxicología y criminalística, que la sustancia es de alta toxicidad, cuántas dosis podían derivarse de lo incautado y el potencial daño a la salud pública.
Para la tenencia ilícita, la calificación será bajo el Artículo 236 inciso a), con penas de uno a tres años de cárcel o multas de hasta mil cuotas, como ocurre con sustancias de la potencia de la cocaína.
El endurecimiento legal se presenta como una respuesta a un fenómeno que desborda a las instituciones y que convierte a las drogas sintéticas en un problema de salud pública y seguridad nacional.
La droga que destruye cuerpos y barrios
Más allá de la letra de la ley, el drama se vive en las calles. Una joven cubana estremeció las redes sociales al mostrar su rostro marcado por el consumo de “el químico”, prueba de cómo estas drogas no solo quiebran la salud mental y física, sino también la vida cotidiana de familias enteras. Otro caso que movilizó a la opinión pública fue el de una modelo cubana adicta a estas sustancias, cuya lucha por sobrevivir desató una ola de solidaridad ciudadana que contrastó con la frialdad institucional.
En barrios de La Habana como Centro Habana, Playa y La Habana Vieja, operativos policiales han dejado decenas de detenidos, entre ellos familias completas dedicadas al negocio. El “químico” se vende en diminutos fragmentos de papel impregnados con spray, a bajo costo y de fácil acceso, lo que lo convierte en la droga preferida de muchos jóvenes en medio de la crisis económica.
Mientras tanto, el narcotráfico despliega métodos cada vez más sofisticados para entrar droga a Cuba. En las últimas semanas, la Aduana ha decomisado cocaína oculta en toallas húmedas, latas de atún, motores de agua, muñecos de Eleguá, gominolas y cajetillas de cigarro. Aun así, las autoridades insisten en que la isla mantiene una política de “tolerancia cero”.
Una realidad fuera de control
Pese a los discursos oficiales y a las penas ejemplarizantes, que han llegado hasta los 20 años de prisión por tráfico de estupefacientes, la expansión de estas sustancias demuestra que la estrategia gubernamental no basta.
En los barrios, la droga corre más rápido que las respuestas estatales. En las redes, las víctimas muestran los estragos de “el químico” sin filtros. Y en los tribunales, se intenta poner freno a un fenómeno que, más que jurídico, es social, con una Cuba golpeada por la crisis, donde la droga encuentra terreno fértil entre la desesperanza y la falta de futuro.
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