Sandro Castro, nieto del fallecido dictador Fidel Castro, volvió a colocarse en el centro de la polémica tras la publicación de un nuevo reel en Instagram.
Aunque el video parecía centrarse en la presentación de su excéntrica “mascota”, lo más comentado fue el cierre, cuando Sandro dejó caer una frase que muchos usuarios interpretaron como una alusión burlona al gobernante venezolano Nicolás Maduro.
En la grabación, realizada en el Malecón habanero, Sandro mostró a “Magnolia”, una mano de silicona inspirada en Thing, el icónico personaje de 'La familia Addams'. Con su habitual tono irreverente, la presentó como si fuera un ser vivo que lo acompañará a partir de ahora y que encarna las proyecciones de su inconsciente: la aporofobia y el froteurismo.
El reel, sin embargo, dio un giro inesperado al final. Con gesto socarrón, Sandro miró a la cámara y exclamó: “¡Qué hambre tengo! ¿Tú no? Vámonos a comer platanito Maduro-Maduro frito-frito”.
La ocurrencia, más allá del infantilismo humorístico, fue leída por muchos como una sátira dirigida a Maduro, en un contexto en el que el régimen venezolano enfrenta una profunda crisis política y económica, y bajo la presión creciente de Estados Unidos.
La frase de Castro se viralizó rápidamente, generando comentarios que iban desde la burla hasta la crítica, con usuarios señalando que el influencer recurrió a un humor con doble filo: aparentar ligereza mientras lanzaba un dardo a un aliado histórico del régimen cubano.
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Entre la sátira y la crítica velada
No es la primera vez que Sandro Castro utiliza sus redes para lanzar mensajes ambiguos con doble filo. Su estilo combina el exhibicionismo con la sátira política y, aunque nunca se declara abiertamente opositor, sus publicaciones han dejado entrever críticas veladas al régimen cubano.
En los últimos meses ha ironizado sobre los apagones, los altos precios de ETECSA y la figura de Miguel Díaz-Canel. En un reel, llegó a lanzar un dardo directo al presidente cubano en medio de la crisis energética; en otro, bromeó sobre emborrachar a la compañía de telecomunicaciones para que “regalara datos”.
Estas actitudes lo convirtieron en un símbolo de la desconexión entre la élite castrista y la realidad del pueblo, como señaló la prensa internacional.
La reacción del oficialismo no se hizo esperar. Voceros afines al régimen lo tildaron de “imbécil” y el propio Gerardo Hernández Nordelo, aplaudió el contraataque de los medios oficialistas contra el "nietísimo" del régimen, considerando que sus mensajes destruyen el legado de su abuelo el dictador.
Pese a ello, Sandro mantiene su tribuna abierta. Cada reel genera tanto seguidores que lo celebran como detractores que lo ven como la caricatura grotesca del poder y la desigualdad en la Cuba actual.
Nicolás Maduro en la mira
La frase de Sandro adquiere otra dimensión porque llega justo cuando Maduro atraviesa uno de sus momentos más delicados. Estados Unidos lo acusa de liderar el Cartel de los Soles, lo incluyó en la lista de organizaciones “terroristas globales” y ofrece 50 millones de dólares de recompensa por su captura.
Al mismo tiempo, la administración Trump desplegó frente a Venezuela un poderoso contingente naval con destructores y buques anfibios capaces de desembarcar marines en las costas sudamericanas, en lo que se presenta como una operación antidroga. Desde Caracas, Maduro respondió movilizando a 4,5 millones de milicianos y denunciando una amenaza directa a la soberanía nacional.
En ese contexto, el “platanito Maduro-Maduro frito-frito” de Sandro no pasó inadvertido: fue leído como un dardo satírico que, bajo la apariencia de un chiste banal, se suma al coro de burlas sobre el gobernante venezolano y, de paso, conecta con el descontento popular por la escasez de alimentos y el hambre.
El bufón incómodo de la élite
Sandro Castro se ha convertido en un personaje incómodo: por un lado, representa la ostentación y el privilegio de la élite castrista; por otro, deja escapar críticas que, aunque expresadas con un humor de "fase anal", apuntan a la crisis del régimen cubano y ahora también al de su aliado en Caracas.
Su último reel confirma que el nieto del dictador Castro se mueve en una delgada línea: la del bufón del poder que, con sarcasmo, refleja lo que muchos piensan pero no se atreven a decir.
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