El primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, reapareció este lunes en Pinar del Río con una nueva visita a un centro para personas con “conducta deambulante”, como el régimen llama a los indigentes que hoy forman parte del paisaje habitual en calles y parques del país.
Según reportó la cuenta oficial del Gobierno en X, tras participar en el acto nacional por el inicio del curso escolar, Marrero se trasladó a la cabecera provincial para recorrer instalaciones de interés “económico y social”.
El primer punto fue el Centro de Atención a Personas con Conducta Deambulante, con capacidad para 20 personas, donde el jefe de Gobierno reiteró el supuesto “carácter humanista” de estos sitios de tránsito.

La visita se inscribe en una serie de recorridos oficiales que Marrero ha realizado en los últimos meses por instituciones similares en Ciego de Ávila y Matanzas, después del escándalo provocado por la exministra de Trabajo, Marta Elena Feitó Cabrera, quien en julio negó la existencia de mendigos en Cuba y terminó renunciando tras la ola de críticas.
Desde entonces, el Gobierno ha intentado proyectar una imagen de preocupación y atención social, con recorridos a centros recién inaugurados o remodelados.
Sin embargo, los testimonios de ciudadanos y las imágenes cotidianas en las calles muestran una realidad muy distinta, donde se ven ancianos, enfermos mentales y familias enteras sobreviviendo entre la basura y la indiferencia institucional.
La indigencia, un problema imposible de ocultar
Aunque el discurso oficial insiste en hablar de “personas vulnerables” o “deambulantes”, Marrero reconoció recientemente que se trata de “un problema real que tenemos” y prometió dar “tratamiento adecuado” a cada caso. No obstante, los cubanos señalan que estas visitas no pasan de ser escenificaciones.
En Matanzas, por ejemplo, la repentina aparición de electricidad en barrios sumidos en apagones coincidió con la presencia del primer ministro, lo que reforzó la percepción de que cada recorrido oficial maquilla la realidad más que resolverla.
El gobierno cubano asegura que estos centros buscan “reinsertar” a los indigentes en la sociedad, pero activistas y ciudadanos los describen como espacios de reclusión obligatoria, precarios y sin soluciones de fondo.
En paralelo, informes independientes estiman que más del 80% de los cubanos vive en condiciones de pobreza, lo que alimenta la marginalidad y multiplica los casos de personas sin hogar.
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