Marrero Cruz habla sobre los mendigos en Cuba: "Es un problema real que tenemos"

Manuel Marrero en una visita a un centro de protección social en Matanzas Foto © Facebook / TV Yumuri

El primer ministro Manuel Marrero Cruz se decidió finalmente a hablar sobre los mendigos en Cuba, y aunque no los denominó así, reconoció que son "un problema real que tenemos".

El viernes, Marrero estuvo en el Centro de Protección Social Rivera San Juan, en Matanzas, una visita que el gobierno intenta mostrar como una de sus "iniciativas para atender a la creciente población de deambulantes", término usado por el régimen para referirse a quienes viven en la calle y no tienen qué comer.

Sin embargo, lejos de representar un avance sustantivo en la resolución de la crisis social, la jornada volvió a poner en evidencia las promesas incumplidas del gobierno y la manipulación de la realidad.

El centro, inaugurado en agosto de este año, tiene capacidad para 50 personas, y según el informe oficial, se destina a la atención de aquellos que se encuentran en situación de vulnerabilidad, con especial énfasis en las personas sin hogar.

Durante la visita, Marrero aseguró que "hay un grupo de conceptos que tenemos que puntualizarlos" para "darle el tratamiento adecuado" a cada caso, y destacó la importancia de localizar a las familias de los afectados y poner a estas personas "en el lugar adecuado". Toda una retórica que vuelve a sonar vacía para quienes enfrentan el abandono social desde hace años.

Los comentarios en redes sociales no tardaron en surgir, señalando que, como en otras ocasiones, la visita coincidió con la aparición "milagrosa" de electricidad en zonas de Matanzas que padecen apagones de hasta 24 horas, lo que alimenta la desconfianza sobre las verdaderas intenciones detrás de este tipo de gestos oficiales.

Los matanceros criticaron lo que consideraron una "escenografía" que buscaba maquillar la realidad del país mientras la pobreza y la indigencia continúan creciendo.

El gobierno cubano ha intentado en varias ocasiones demostrar que está tomando cartas en el asunto, pero las soluciones siguen siendo superficiales.

En Ciego de Ávila, el primer ministro había recorrido previamente un centro similar, el cual, al igual que el de Matanzas, se presentó como un ejemplo del "carácter humanista" de la revolución.

Pero lo que se percibe en las calles es muy distinto: una creciente ola de mendigos, ancianos y personas marginadas que sobreviven entre la basura, sin acceso a servicios médicos ni a una asistencia real que los reintegre a la sociedad.

El gobierno sigue denominando a estas personas como "vulnerables" o "deambulantes", mientras niega la existencia de mendigos en Cuba.

Esta negación fue ejemplificada por la exministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó Cabrera, quien en julio generó un escándalo al afirmar que en Cuba "no existen mendigos" y que aquellos que lo parecían eran "simuladores" o "borrachos".

Sus declaraciones desataron una ola de indignación, lo que obligó a su renuncia apenas dos días después. En su intervención en la Asamblea Nacional, Marrero intentó desvincular al gobierno de las palabras de la dirigente, pero el daño ya estaba hecho.

En paralelo, un reciente informe oficial reconoció que más de 310,000 personas viven actualmente en situación de pobreza o vulnerabilidad social, un reflejo palpable de las condiciones extremas que sufren muchos cubanos.

La población, cansada de promesas vacías, no ha dejado de señalar que el gobierno prefiere manejar la visibilidad de la pobreza a afrontar sus causas reales.

En lugar de atacar la raíz del problema, se ha dedicado a maquillar la indigencia con eufemismos, pero los testimonios de los ciudadanos y los reportajes de la prensa oficialista evidencian la creciente marginalidad que afecta a miles de personas.

Un artículo reciente en el periódico provincial Girón describió la situación de los "deambulantes" en Jagüey Grande, revelando las deplorables condiciones de vida en estos centros, que más que ofrecer soluciones, se asemejan a "cementerios de hombres vivos".

La misma prensa que antes negaba la realidad de la pobreza ahora muestra la cruda verdad: miles de cubanos sobreviven entre desechos y miseria, sin el apoyo necesario del Estado.

La cuestión de los mendigos y las personas sin hogar es solo un reflejo de un sistema que ha fallado en proporcionar una atención adecuada a los sectores más vulnerables.

Mientras el gobierno se ocupa de escenificar una Cuba sin mendigos en sus visitas oficiales, la pobreza crece, y la indigencia se convierte en una epidemia que nadie quiere ver. Las promesas de atención y bienestar social se quedan en palabras vacías, y los ciudadanos siguen viviendo en condiciones inhumanas.

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