
El abandono social y la indiferencia hacia las personas en situación de vulnerabilidad fue denunciado por el activista santiaguero Yasser Sosa Tamayo, quien compartió una conmovedora reflexión sobre la vida de los mendigos y marginados en su ciudad.
Sosa, conocido por su labor solidaria en favor de ancianos, personas sin hogar y ciudadanos olvidados por el régimen, relató en Facebook un encuentro con seis hombres en la calle Enramadas de Santiago de Cuba, a quienes suele llamar “hermanos” y no “locos” como comúnmente los etiqueta la sociedad.
En su testimonio, el activista describió con detalle las cicatrices de abandono y soledad que cargaban esos hombres, y cómo, a pesar de sus ropas rotas y miradas cansadas, guardaban corazones “más radiantes que cualquier joya”.
Acompañados de una simple pizza, compartieron risas, silencios y conversaciones profundas que transformaron el momento en lo que él definió como un “banquete sagrado”.
“La verdad es esta: yo llevé alimento, pero ellos me alimentaron a mí. Me recordaron que ser humano no es tener, sino compartir”, expresó, resaltando que el gesto de ayudar a quienes duermen bajo las estrellas también desnuda las carencias espirituales de quienes se creen cuerdos y pasan de largo sin mirar.
La publicación subraya una idea central: que la verdadera locura no está en quienes sufren en la calle, sino en quienes ignoran el dolor de otros, convencidos de que no es su problema.
“Los verdaderos locos no son ellos… los verdaderos locos somos nosotros”, escribió, invitando a la reflexión personal y colectiva.
El mensaje de Sosa se ha hecho eco en redes sociales, donde muchos usuarios lo reconocen como una voz necesaria en una Cuba marcada por la crisis económica y la indiferencia oficial hacia los sectores más vulnerables.
Su labor, casi siempre silenciosa, ha consistido en acompañar a ancianos solos, repartir alimentos a indigentes y visibilizar una realidad que rara vez aparece en los medios estatales.
En contraste con la narrativa oficial de “justicia social” repetida por el régimen, las palabras del activista ponen sobre la mesa una verdad incómoda: el creciente número de mendigos, enfermos mentales y personas en abandono total en ciudades cubanas, sin acceso a cuidados básicos, y cuya existencia es negada por la propaganda estatal.
“Tal vez también a ti te ayude a limpiar un rincón del alma”, concluyó Sosa, convencido de que solo la empatía y la solidaridad pueden frenar el deterioro humano que atraviesa la sociedad cubana.
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