
En medio del creciente número de cubanos que no poseen viviendas y terminan en las calles, el gobierno de Guantánamo anunció que trabaja contrarreloj en la construcción de un centro para personas sin hogar.
La presidenta de la Asamblea Municipal del Poder Popular, Idaliena Díaz Casamayor, aseguró en Facebook que “tener el Centro para proteger a las personas que deambulan lo más pronto posible, es el imperativo en #MiGuantánamo”.
La medida llega en un contexto crítico: cada día son más los ciudadanos que se quedan sin techo debido al colapso de edificios, los efectos de fenómenos naturales y la incapacidad del Estado para responder con soluciones habitacionales.
Mientras tanto, proyectos como este intentan dar una respuesta parcial, aunque insuficiente, frente a una crisis que golpea con fuerza a las familias cubanas.
La crisis habitacional en Cuba
La realidad, sin embargo, es mucho más compleja. En Cuba se calcula que cientos de miles de familias no cuentan con una vivienda propia y sobreviven hacinadas en albergues, casas de familiares o locales adaptados de manera precaria.
A esto se suma el colapso progresivo de edificaciones, sobre todo en provincias orientales y en La Habana, donde cada derrumbe multiplica el drama de quienes quedan en la calle sin alternativas inmediatas.
Las viviendas existentes tampoco escapan a la crisis: la mayoría presenta filtraciones, grietas estructurales, techos en mal estado y una falta crónica de materiales para repararlas.
El régimen anuncia constantemente planes de construcción, pero la mayoría de los recursos se destinan a hoteles y megaproyectos turísticos, mientras los hogares de los cubanos se deterioran a un ritmo alarmante.
Un paliativo, no una solución
La creación de un centro para personas sin hogar en Guantánamo puede representar un alivio temporal para algunos, pero no responde al problema de fondo. El incremento de personas sin techo refleja un fracaso estructural en la política habitacional del país, donde el derecho a una vivienda digna —prometido en la Constitución— se aleja cada vez más de la realidad cotidiana.
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