
Miguel Díaz-Canel volvió a generar polémica tras felicitar públicamente en sus redes sociales a su equipo de seguridad personal, el mismo que lo rodea en cada visita dentro de Cuba y en cada viaje al extranjero con un despliegue que muchos consideran desproporcionado y propio de dictadores temerosos.
"Felicidades a mis compañeros de cada día, de la Seguridad Personal, hombres leales y valientes, que a prueba de las más duras batallas salvaguardaron a nuestros líderes históricos de tantos peligros, y hoy siguen en la primera trinchera, con la misma entrega. Fuerte abrazo", escribió.
Sin embargo, el mensaje no provocó admiración, sino indignación.
En los comentarios de la publicación, los cubanos recordaron la dramática diferencia entre la vida de lujo y blindaje del mandatario y la realidad de un pueblo empobrecido.
"Felicidades a todas esas madres que tienen que hacer magia para llevarle un plato de comida a sus hijos”, escribió un cubano desde EEUU..
Otros fueron más directos: "Felicidades a todos esos asesinos, que viven con el dinero del pueblo, y a la Lis que anda con zapatos de 2,500 dólares, cuando el pueblo muere de hambre", dijo otro emigrado.
"Es normal que veas eso, todos te quieren tres metros bajo tierra mínimo", dijo un usuario en X.
Un despliegue digno de dictaduras
Díaz-Canel viaja constantemente rodeado de guardaespaldas, tanto dentro como fuera del país.
Según imágenes difundidas en Internet, en Cuba lo escoltan al menos ocho agentes, tres camionetas BMW de alta gama y un vehículo de mayor volumen.
Se trata de un despliegue que incluso supera en ostentación al que utilizaba Fidel Castro en sus recorridos.
Los videos que circulan muestran siempre el mismo guion: el gobernante llega a un municipio, se rodea de oficiales que impiden a los ciudadanos acercarse libremente, saluda apresuradamente, se toma una foto o conversa con dirigentes locales, y en pocos minutos se refugia de nuevo en su caravana de lujo.
No hay espacio para la espontaneidad ni para escuchar a un pueblo que sufre apagones diarios, hambre y enfermedades sin atención médica adecuada.
Los operativos oficiales incluyen el traslado de decenas de "clarias" -simpatizantes del gobierno- desde otros municipios hacia el lugar donde se encuentra el dirigente, para simular apoyo popular.
A pesar de todo esa exhibición de poder, los guardaespaldas del dictador no están exentos de fallos.
En abril del año pasado, en una visita a un hospital de Matanzas, ocurrió una confusión cuando Díaz-Canel tomó la salida equivocada y a los "segurosos" les entró el pánico.
Ello derivó en una caótica escena en la que a los escoltas, visiblemente nerviosos, comenzaron a frenar el paso a las personas que caminaban por el lugar hasta que la comitiva presidencial cogió el camino hacia la salida.
Críticas desde dentro y fuera de la isla
Las reacciones al reciente mensaje de Díaz-Canel reflejan el descontento generalizado.
"No hay comida en Cuba, la gente come de la basura, los niños pidiendo dinero y tu gorda con un móvil de 1,500 dólares. Eres una maldita vergüenza", le espetó un joven.
Otra usuaria escribió: "El presidente de Chile puede irse desde el palacio de gobierno hasta su casa en bicicleta y sin escoltas. Eso es posible solo en democracia".
Mientras el país bate récords de miseria, con un salario paupérrimo y una crisis de transporte que impide a la gente llegar a sus trabajos, Díaz-Canel se desplaza con más guardaespaldas que muchos jefes de Estado.
Su prioridad es su seguridad personal, no la seguridad alimentaria, sanitaria ni económica de los cubanos.
El contraste entre la Cuba real y el teatro que el régimen intenta montar en cada visita queda una vez más en evidencia: un gobernante blindado que felicita a sus escoltas, mientras la población sobrevive entre apagones, colas interminables, hambre y represión.
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