
El exiliado cubano Eduardo Arocena, fundador del grupo clandestino anticastrista Omega 7 y considerado una de las figuras más polémicas de la lucha contra el régimen de Fidel Castro, falleció en Estados Unidos, confirmaron este miércoles fuentes familiares.
Su hijo, Frank Arocena, declaró que “mi padre hizo todo lo que pudo por Cuba”, en medio del dolor familiar.
La noticia marca el final de la vida de un hombre venerado en parte del exilio como patriota y cuestionado por sus métodos violentos.
Nacido en Cuba y emigrado a Estados Unidos en la década de 1960, Arocena se integró en círculos de exiliados que rechazaban cualquier negociación con La Habana.
En los años setenta emergió como líder de Omega 7, una organización que declaró como objetivo combatir al comunismo cubano mediante la acción armada.
Bajo su liderazgo, Omega 7 fue responsabilizada de atentados con explosivos y el asesinato en 1980 del diplomático cubano Félix García en Nueva York. Estos hechos lo colocaron en la mira de las autoridades estadounidenses.
En 1983 fue arrestado y, un año más tarde, condenado en una corte federal de Nueva York por terrorismo, asesinato y otros cargos. Recibió cadena perpetua más 35 años adicionales de prisión.
Durante 39 años cumplió condena en cárceles estadounidenses y era considerado el único preso político cubano en Estados Unidos.
Su figura, sin embargo, fue reivindicada por sectores del exilio cubano en Miami, que lo consideraban un preso político y símbolo de resistencia frente al castrismo.
En 2017, su defensa solicitó sin éxito un indulto al entonces presidente Donald Trump, tras la negativa de Barack Obama a concederle perdón.
En 2021, Arocena fue excarcelado por razones médicas, debido al deterioro de su salud tras sufrir un accidente cerebrovascular. Pasó sus últimos años en libertad, rodeado de su familia, hasta su fallecimiento esta semana.
La trayectoria de Eduardo Arocena refleja la complejidad de la lucha contra el régimen cubano en el exilio: desde la acción política hasta la violencia clandestina.
Para unos, fue un patriota que nunca claudicó frente al castrismo; para otros, un hombre marcado por la vía armada que lo condujo a la cárcel.
Su muerte cierra un capítulo en la historia del exilio cubano en Estados Unidos, que hoy lo recuerda con emotivas publicaciones en redes sociales.
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