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La más reciente iniciativa política del régimen cubano ha desatado una ola de indignación popular: trabajadores de la Unión Eléctrica (UNE), el ministerio de Energía y Minas (MINEM) y la empresa CUPET, encabezados por el ministro Vicente de la O Levy, participaron en un acto de recogida de firmas en respaldo al régimen del dictador Nicolás Maduro.
La actividad, presentada como un gesto de solidaridad frente a la “hostilidad del imperio”, fue compartida en redes sociales por la propia UNE, que publicó imágenes del evento en un salón iluminado, con funcionarios del Partido Comunista como testigos.
El post, acompañado de consignas como “abrazamos a nuestro hermano pueblo venezolano” y “dejaremos constancia, con nuestras firmas, del respaldo total a la nación bolivariana”, generó una avalancha de comentarios de rechazo.
La mayoría de los usuarios criticó la desconexión entre la campaña política y la crítica realidad nacional marcada por apagones interminables, escasez de alimentos y un creciente malestar social.
“¿Y las firmas contra los apagones?”
“¿Pa’ cuándo la recogida de firmas para quejarnos de los apagones, la miseria y la desesperanza?”, escribió un internauta, resumiendo el sentir de cientos de cubanos que denunciaron la hipocresía de las autoridades.
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Otros usuarios ironizaron con que, mientras en un hospital se piden medidas de ahorro extremo, la UNE derrocha electricidad para iluminar un acto político que nada tiene que ver con su objeto social: garantizar energía al país.
Comentarios como “gastan más electricidad en ese acto que un circuito completo de una provincia” o “firmen también para arreglar la situación electroenergética del país que está pésima” evidenciaron la indignación de un pueblo que sufre diariamente los apagones.
Obligación, coacción y desinterés
Entre los mensajes, varios cubanos insinuaron que la asistencia a estos actos no es voluntaria, sino parte de la coacción ejercida por el sistema en centros laborales estatales. “Ahí va el rebaño”, escribió un usuario, mientras otro comentó: “mañana pasarán la lista por los centros de trabajo y nadie podrá negarse”.
También hubo quienes denunciaron que la recogida de firmas no es más que un “sondeo” para medir la lealtad de los trabajadores, disfrazado de solidaridad internacionalista. Según un comentarista, el verdadero objetivo del régimen es “saber cuántos lo apoyan por convicción, cuántos por miedo y cuántos están en contra”.
Entre el sarcasmo y la indignación
La publicación de la UNE se convirtió en un espacio donde abundaron la burla y el sarcasmo. Algunos internautas preguntaron si esas firmas serían capaces de “detener destructores y submarinos” o si servirían como “papel sanitario”.
Otros ironizaron: “Así se hace, demostremos que somos capaces de todo menos de generar la energía que demanda el país”.
En medio de la frustración, no faltaron los insultos y expresiones de rabia. “Dan vergüenza”, “asco de gobierno” o “qué payasada tan grande” fueron algunos de los calificativos dirigidos al MINEM y a la UNE.
Prioridades invertidas
El malestar ciudadano tiene un trasfondo claro: la crisis energética que atraviesa Cuba desde hace años. Los apagones prolongados afectan no solo la vida diaria de los cubanos, sino también sectores clave como la producción de alimentos, la educación y la salud.
En ese contexto, que la institución responsable de la electricidad destine tiempo, recursos y personal a un acto político en apoyo a otro país, fue visto por muchos como un insulto.
“Perdiendo el tiempo en esa basura en vez de estar viendo cómo arreglan el desastre del sistema eléctrico”, escribió una usuaria. Otro lo resumió con una pregunta directa: “¿Con esas firmas qué van a lograr?”.
Solidaridad cuestionada
El evento también reavivó las críticas sobre la política exterior del régimen cubano, que prioriza la defensa de aliados como Venezuela o Nicaragua, mientras descuida los problemas internos. “Atiendan a su país y a su pueblo primero”, insistieron varios comentaristas.
La comparación con otras campañas políticas no tardó en aparecer. Muchos recordaron cómo las escuelas, centros de trabajo y barrios han sido utilizados durante décadas para recoger firmas, siempre en respaldo a causas oficiales y nunca para permitir que los ciudadanos expresen libremente su descontento.
“Recojan firmas para ver si el pueblo los apoya o los desprecia y quiere lejos de este país”, sugirió un usuario, convencido de que el resultado sería abrumador en contra del gobierno.
Una grieta en la propaganda oficial
Aunque la publicación de la UNE buscaba mostrar unidad y compromiso político, el resultado fue opuesto: miles de cubanos expresaron públicamente su rechazo, exponiendo el creciente divorcio entre el discurso oficial y las preocupaciones reales de la población.
El acto de firmas liderado por De la O Levy pasará como una más de las numerosas campañas de propaganda política organizadas por el régimen, pero dejó al descubierto un elemento significativo: cada vez más cubanos utilizan las propias plataformas oficiales para cuestionar abiertamente las prioridades del gobierno y denunciar el deterioro de la vida en la isla.
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