
La tragedia golpeó a una familia cubana el jueves: Anabel Rodríguez Martínez, una adolescente de apenas 15 años, falleció en Santiago de Cuba tras una larga batalla contra la insuficiencia renal crónica en medio de la crisis sanitaria actual.
La noticia fue confirmada en redes sociales por familiares, allegados y activistas que habían seguido de cerca su caso.
"Tantos se movilizaron, compartieron, donaron y creyeron que todavía es posible cambiar un destino con un gesto humano. Anabel no perdió la batalla. Simplemente se cansó de tanto dolor", escribió el activista Yasser Sosa Tamayo.
"Una vida tan joven no debería apagarse así. En un país donde tantas cosas faltan, no debería faltar la oportunidad de seguir viviendo", apuntó.
El "Proyecto Esperanza" de los Joven Club de Computación también expresó el dolor por la partida de la adolescente, quien estaba ingresada en la sala de hemodiálisis del Hospital Infantil La Ondi.
"A pesar de los desafíos, Anabel encontró alegría y consuelo en el mundo de la tecnología. Se graduó con orgullo como operadora de micro computadora (...) Le encantaban las películas de Barbie, los juegos en la tablet", recordó en Facebook.
El caso, que había conmovido a cientos de personas dentro y fuera del país, expone crudamente las carencias del sistema de salud cubano.
En septiembre pasado, se multiplicaron los llamados desesperados en Internet para conseguir un catéter 6,5 que le permitiera continuar con el tratamiento de hemodiálisis, después de que perdiera la fístula durante una cirugía.
Varias personas respondieron con envíos y donaciones que llegaron directamente a su madre, pero la ayuda no alcanzó a revertir el deterioro de su salud.
Ya entonces, tras tres años sometida a tratamientos de hemodiálisis, su situación era crítica: no orinaba y estaba sin acceso vascular.
Su muerte se convierte en un reflejo doloroso de la crisis del sistema de salud en Cuba.
Otros padres de niños en condiciones similares denuncian que los pacientes con insuficiencia renal crónica son relegados y no reciben la misma atención que otros enfermos graves.
"La impotencia de saber que se pudo evitar, que recibieran una mejor atención. Pido un poquito más de atención a estos niños que sufren tanto o más que los de cáncer", exigió Mirneyis Socarrás, madre de una niña ingresada en la misma sala que Anabel.
Anabel murió rodeada del afecto de quienes, sin conocerla, la hicieron suya. Un pueblo que se movilizó, donó, rezó y acompañó a su familia en medio de la desesperanza.
Pero su fallecimiento vuelve a evidenciar la precariedad del sistema de salud cubano, se suma a la lista de otras vidas truncadas en medio las carencias estructurales del sistema de salud en un país que presume de potencia médica.
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