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Mientras el diario oficialista Granma dedica titulares y recursos a denunciar la destrucción del sistema eléctrico en la Franja de Gaza, los cubanos continúan padeciendo un colapso crónico en su propio sistema energético, sin guerra de por medio, y víctima de décadas de desidia, corrupción y mala gestión estatal.
En una nota publicada este domingo, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba replicó un despacho de Prensa Latina que responsabilizó a Israel por daños de unos 728 millones de dólares en el sistema eléctrico de Gaza, tras dos años de ataques.
El medio estatal detalló que más del 80 % de las redes de distribución fueron destruidas, junto con el 90 % de los almacenes de la compañía local, según un portavoz palestino.
Sin embargo, Granma y el resto de la prensa oficialista guardan silencio ante una catástrofe similar —aunque autoinfligida— que se desarrolla en la Isla: el colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
Desde hace años, los cubanos sufren apagones de hasta 20 horas diarias, averías constantes en las termoeléctricas y un déficit energético que mantiene al país sumido en la penumbra.
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Según datos del propio Ministerio de Energía y Minas, más del 60 % de las plantas generadoras cubanas sobrepasan los 35 años de explotación, con mantenimiento deficiente y sin piezas de repuesto.
A ello se suma la ineficiencia de la Unión Eléctrica (UNE), la falta de inversión en energías renovables y el desvío de recursos hacia el sector militar y turístico, controlado por GAESA, el conglomerado económico del Ejército.
Mientras el régimen cubano exige solidaridad internacional para la causa palestina, no reconoce la crisis energética que ha convertido la vida cotidiana en una lucha por la supervivencia: cocinas que no funcionan, alimentos que se pudren, hospitales sin electricidad y estudiantes que hacen tareas a la luz de una vela.
Resulta irónico que Granma denuncie la “destrucción del sistema eléctrico” en otro país cuando el suyo propio se derrumba sin bombas ni bloqueos. Lo que Israel ha destruido en Gaza en dos años, el castrismo lo ha hecho en Cuba durante seis décadas de incompetencia y control absoluto.
El pueblo cubano no necesita discursos sobre la reconstrucción de redes ajenas, sino luz en sus hogares, transparencia en la gestión y libertad para exigir un gobierno que no oculte sus apagones detrás del ruido propagandístico de otros conflictos.
En Cuba, la oscuridad no viene del cielo: la impone el régimen.
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