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Moscú ha pasado de la diplomacia a la acción. Un alto cargo del parlamento ruso confirmó que Rusia ya está suministrando armamento al régimen de Nicolás Maduro y advirtió que Estados Unidos “podría encontrarse con sorpresas” si intensifica su presencia militar en el Caribe.
El diputado Aleksei Zhuravlev, vicepresidente del Comité de Defensa de la Duma Estatal, declaró al medio Gazeta.ru que Rusia mantiene envíos activos de armas a Venezuela y que no descarta reforzar ese apoyo con sistemas antiaéreos y misiles de nueva generación.
“Rusia es uno de los socios técnico-militares clave de Venezuela. Suministramos prácticamente todo el espectro de armamento, desde armas ligeras hasta aviación”, dijo Zhuravlev.
“Los cazas Su-30MK2 son la base de su Fuerza Aérea, y recientemente se entregaron los sistemas Pantsir-S1 y Buk-M2E mediante aviones de transporte Il-76”, agregó.
El legislador subrayó que no existen obstáculos internacionales que impidan al Kremlin continuar equipando a Caracas.
“Los estadounidenses podrían llevarse algunas sorpresas. No hay ninguna obligación que nos prohíba suministrar a un país amigo nuevos desarrollos como el Oreshnik o los misiles Kalibr”, afirmó.
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Las declaraciones confirman lo que reveló The Washington Post: Maduro pidió ayuda militar urgente a Rusia, China e Irán, solicitando misiles, radares, drones y repuestos para su flota aérea.
Según el periódico, el gobernante venezolano envió una carta personal a Vladimir Putin en la que pedía un “plan de financiación a tres años” con la corporación estatal Rostec y alertaba de una “amenaza directa a la soberanía venezolana” por la presencia naval estadounidense en el Caribe.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, admitió que Moscú mantiene “contactos regulares con sus amigos venezolanos”, mientras el Ministerio de Exteriores prometió “responder adecuadamente ante amenazas emergentes”.
El arsenal de Maduro: Entre la propaganda y la realidad
Según fuentes rusas y occidentales, el material militar entregado o solicitado incluye tres sistemas principales:
- Pantsir-S1: batería móvil de defensa antiaérea de corto alcance, con cañones automáticos y misiles superficie-aire capaces de interceptar drones, helicópteros o misiles de crucero a una distancia máxima de 20 kilómetros. Aunque efectivo en conflictos de baja intensidad, el sistema ha mostrado vulnerabilidades frente a ataques coordinados con misiles guiados y drones kamikaze, como se evidenció en Siria y Libia.
- Buk-M2E: sistema antiaéreo de medio alcance (hasta 45 km) diseñado para proteger instalaciones estratégicas. Su tecnología, desarrollada en los años 90, ha sido superada por las defensas electrónicas y misiles de precisión de la OTAN. Aun así, en manos experimentadas, puede representar un obstáculo para incursiones aéreas a baja altura.
- S-300VM (Antei-2500): el más avanzado de los tres, capaz de interceptar misiles balísticos a más de 200 km de distancia. Sin embargo, las unidades venezolanas datan de 2013 y su mantenimiento ha sido irregular por la falta de técnicos rusos y repuestos.
Rusia también mencionó el posible envío de misiles Oreshnik —una versión táctica experimental de corto alcance— y de misiles Kalibr, utilizados por Moscú en la guerra de Ucrania con alcances de hasta 2,000 km.
Expertos consideran improbable que estos sean transferidos, ya que Venezuela carece de la infraestructura y los radares avanzados necesarios para operarlos eficazmente.
En comparación, Estados Unidos ha desplegado en el Caribe cazas F-35B, drones Reaper, sistemas de guerra electrónica y misiles Tomahawk con alcance de 1,600 km, además del portaaviones USS Gerald Ford, el más moderno del mundo.
Frente a esa capacidad, los sistemas rusos en Venezuela son más un gesto político que una amenaza real.
Un tablero de Guerra Fría en el Caribe
Pese a las limitaciones, el apoyo ruso cumple un objetivo estratégico: obligar a Washington a dividir su atención entre Europa y América Latina, en plena guerra de Ucrania.
Mientras Trump promete que “los días de Maduro están contados” y el congresista Carlos Giménez asegura que “no llegará a Navidad”, Putin reaviva la tensión hemisférica con un movimiento de alto riesgo.
La jugada recuerda al respaldo ruso al sirio Bashar al-Assad, que acabó dejando devastación y caos en el país y terminó con el dictador y su familia huyendo a Moscú.
Ahora, Maduro se aferra a Putin como última tabla de salvación, aunque su supervivencia —como la de Assad— podría depender menos del apoyo ruso y más de cuánto esté dispuesto Estados Unidos a tolerar.
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